Logroño acoge mañana una jornada para la prevención del suicidio

Oficina del Teléfono de la Esperanza en la Rioja. :: díaz uriel/
Oficina del Teléfono de la Esperanza en la Rioja. :: díaz uriel

Un terrible sufrimiento emocional condujo a 25 personas a quitarse la vida en región durante el 2017

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

Ha sido tema tabú, incluso un pecado grave para los creyentes. El suicidio y el terrible sufrimiento emocional que lo provoca debían permanecer ocultos. «Existe la idea errónea de que hablar de ello con una persona que está atravesando por una situación crítica le empuja a quitarse la vida, pero si no lo abordamos le estamos privando de la posibilidad de desahogarse, de expresar sus miedos y buscar ayuda», rebate la presidenta del Teléfono de la Esperanza en La Rioja, Magdalena Pérez.

La entidad desarrollará mañana en Logroño una jornada de sensibilización bajo el lema 'JUNTOS en la Prevención del Suicidio', coincidiendo con el Día Mundial para la prevención de esta conducta.

Según el INE, un total de 25 personas (20 hombres y 5 mujeres) fallecieron por esta causa en nuestra región en el 2017 (último dato disponible). «En los últimos años estas cifras están disminuyendo (llegaron a registrarse 31 muertes en el 2014); pero no deja de tratarse de un número importante», subraya Pérez. Y es que la máxima responsable del Teléfono de la Esperanza en la comunidad reseña que «por cada persona que consuma un suicidio, hay otros 20 intentos y por cada persona que lo intenta o que consuma un suicidio, contabilizamos un mínimo de seis personas (entre familiares y allegados) que se ven afectadas». Por tanto, el acto de quitarse la vida infringe un inmenso dolor a «miles de personas en La Rioja».

Doble abordaje

Para hacer frente a esto, el pasado enero se activó en la región el I Plan de Prevención del Suicidio, un programa específico que solo se ha puesto en marcha por ahora en ocho comunidades autónomas (entre ellas, La Rioja) a falta de un plan nacional. El documento riojano nació con un doble objetivo: reducir la tasa de suicidios en La Rioja (7,60 casos por cada 100.000 habitantes en el 2017, frente a los 7,91 del conjunto del país) mejorando la identificación y el seguimiento de estas conductas y establecer medidas para aminorar el sufrimiento de las personas que realizan intentos y de su entorno familiar y social.

«La principal fortaleza de este plan es que no solo se centra en la prevención a nivel de recursos y del sistema sanitario; sino que contempla un abordaje comunitario, del que participan todos los profesionales que están cerca de las personas con riesgo de suicidio y sus familias (entidades y colectivos del ámbito de la salud, del social, educativo, fuerzas y cuerpos de seguridad, medios de comunicación, asociaciones y la implicación de los propios afectados y sus familias», detalla Pérez. «En otros países se ha demostrado que son este tipo de programas comunitarios los que están haciendo que las tasas de suicidio disminuyan», asegura.

Si bien considera que un paso fundamental pasaría por cambiar la mentalidad de la sociedad. «Ante una situación crítica vital, todos podemos sentirnos vulnerables», remarca. Por contra, «el mensaje que damos y recibimos es que hay que ser fuerte, no estar triste ni tener miedo». «En momentos de sufrimiento psicológico no se nos permite recogernos y dolernos para curarnos, transformarnos y salir adelante, en muchas ocasiones, más fortalecidos», apunta. «La sociedad rechaza la vulnerabilidad porque la asocia a debilidad, cuando se trata de algo consustancial al ser humano», reflexiona Pérez.

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