Con Navarra y País Vasco

Félix Cariñanos
FÉLIX CARIÑANOS

Ya se habrán enterado ustedes de que, de aquí en adelante, vamos a tener manifestaciones todos los fines de semana; incluyo en el concepto de fin de semana los viernes. Me han contado que allá en tiempos de los dinosaurios el hoy denominado finde estaba representado únicamente por el domingo, jornada tan recreativa y sagrada que, si te pillaban trabajando las autoridades religiosas -fraternalmente asistidas por las civiles-, te cascaban una multa que no se la saltaba ni el pívot más ágil de la NBA. ¿De verdad ocurrieron esas cosas?

Pues eso, que también aquí en La Rioja hay numerosas personas que se han confabulado para concentrarse ese día concreto de la semana a fin de concienciar al personal de que ya está aquí el muy peligroso cambio climático: Viernes por el Futuro los llaman. No han elegido esa jornada porque el viernes es precisamente el día de Venus, diosa de la Madre Naturaleza y del amor, sino por venirles más a mano dentro de nuestros hábitos actuales. Narran las crónicas periodísticas -y lo confirman sus fotografías- que la mayoría de los manifestantes son jóvenes, mas se espera atraer a personas de más años.

El interés por el cambio climático ha surgido modernamente en las naciones más avanzadas industrial y socialmente, precisamente las que más se han enriquecido enguarrando el planeta. Ha ocurrido algo semejante con el pacifismo; la nación que más guerras ha ganado y perdido -Estados Unidos- parió el movimiento jipi. Ahí por los años ochenta eminentes mentes españolas -entre ellas célebres líderes políticos- se cachondeaban de estos temas de medio ambiente y los juzgaban propios de milenaristas; ahora se muestran como los máximos adalides -en teoría- de estos temas climáticos.

Uno de los rasgos más interesantes de esta preocupación por el futuro del planeta para convencer a la persona de la calle es la base de los estudios presentados por científicos de todos los rincones del mundo que demuestran el comportamiento salvaje del ser humano para con el entorno natural. Me comentaba ayer una amiga mientras tomábamos sendas infusiones mañaneras que le daban asquito casi todos los asuntos y habladurías de los políticos en esta campaña preelectoral; añadía que no había escuchado una sola alusión a lo del cambio climático. Expresó que, como riojana, no sabía a quién votar; preveía que los próximos cuatro años iban a ser en su tierra de otra monotonía exasperante: iguales que los cuatro anteriores.

En esto que llega mi chica la vitoriana: «Los riojanos lo tenéis muy fácil: uníos a Navarra y al País Vasco». Yo aprovecho para captar una servilletita de papel, pasarla por la comisura de los labios y mirar desde la terraza del bar El Piedra de mi pueblo el hermoso valle del Ebro, mi tierra.