El homicida de Zaragoza mató a su esposa de 11 tiros

Puerta del domicilio donde apareció muerta la abogada de Zaragoza /E.P.
Puerta del domicilio donde apareció muerta la abogada de Zaragoza / E.P.

«La devuelvo en dos minutos», fue lo último que dijo José Javier Salvador a los compañeros de partido de Patricia Maurel Conte, candidata independiente por el PP en un pueblo de Teruel, antes de matarla en 2003

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

«La devuelvo en dos minutos». Estas fueron las últimas palabras que le dijo el 22 de mayo de 2003 José Javier Salvador Calvo a los compañeros de partido de su mujer, Patricia Maurel Conte, candidata independiente por el PP en la Puebla de Híjar (Teruel). Lo hizo tras parar en una bar del pueblo, El Brillante, y tocar el claxon para captar su atención. Ésta subió a la furgoneta familiar, una Citröen C-15, y fueron a un paraje agrícola a 900 metros de la población del Bajo Aragón donde no había nadie. Allí, tras mantener una «fuerte discusión», José Javier sacó la escopeta y le descerrajó a sangre fría 11 disparos a Patricia, nueve de los cuales impactaron en su cuerpo, cuatro de ellos en la cabeza.

Salvador Calvo, de 34 años entonces y padre de los tres hijos menores de Patricia, llevaba dos meses perpetrando el crimen. Había comprado el 7 de abril una carabina semiautomática calibre 22 en una armería de Quinto de Ebro (Zaragoza), para la que le dieron la licencia el 13 de mayo siguiente en la Guardia Civil. Nueve días después, la mañana del brutal asesinato, se acercó a casa de sus suegros y en el portal comentó a una prima de su esposa y a la novia de su cuñado que estaba recibiendo mensajes de voz y escritos en su móvil sobre la presunta infidelidad de Patricia.

Esa misma tarde, según la sentencia que le condenó a 18 años de prisión en 2005, el mensaje que le llegó de una tercera persona desconocida decía que era un «cornudo» y que se lo estaba haciendo con su mujer y que se lo hará «cuantas veces quiera«.

Relación virtual

Patricia mantenía desde hacía unos ocho meses relaciones virtuales con un joven sudamericano con el que tenía una gran confianza, llegándose a decir intimidades entre ellos, incluso de tipo sexual. No pudo ser identificado por los investigadores, pero sí se dio por sentado que ésta le había prestado dinero.

Tras ello, sobre las 20:30 horas del 22 de mayo el condenado asesinó a su mujer. Un crimen que dos años después se tradujo en una condena de 18 años de prisión e indemnizaciones de 120.000 euros para sus tres hijos de tres, seis y ocho años, respectivamente. Un proceso judicial que fue visto por un jurado popular, que declaró culpable a Salvador Calvo, y cuya sentencia fue confirmada en el Tribunal Superior de Justicia de Aragón. Su abogada fue Rebeca Santamalia, cuyo cadáver ha sido encontrado este viernes en un piso propiedad de Salvador en Teruel.

Ésta recurrió la sentencia alegando que se había vulnerado su presunción de inocencia, que en todo caso tenía que ser condenado por homicidio y no asesinato, que se había aplicado de forma indebida el agravante de parentesco, que tendría que haberse tenido en cuenta positivamente la confesión del crimen y, por último, que los jueces tendrían que haber valorado en cuenta como atenuante la «obcecación o arrebato». Durante el juicio, el acusado defendió que tiroteó a su esposa porque había descubierto que mantenía contacto íntimo a través de internet con otro hombre.

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