«Somos mujeres, tenemos capacidad y eso es indiscutible»

De izquierda a derecha y con un círculo blanco Judit Mínguez, Beatriz Robredo y Belén Ayestarán junto al resto de mujeres científicas que trabajan en la Universidad de La Rioja, / SONIA TERCERO
De izquierda a derecha y con un círculo blanco Judit Mínguez, Beatriz Robredo y Belén Ayestarán junto al resto de mujeres científicas que trabajan en la Universidad de La Rioja, / SONIA TERCERO

Investigadoras y profesoras de la Universidad de La Rioja

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

La ciencia, la tecnología, la investigación son campos en los que la brecha de género persiste. Las mujeres se han abierto camino poco a poco, pero la puerta continúa entreabierta. Hace unos años, pero no tantos, el camino de acceso para este tipo de puestos tradicionalmente reservados a hombres se limpió de maleza, pero no ha sido suficiente para que la sociedad se sacuda ciertos clichés que siguen haciendo de embudo en la entrada de las mujeres a todo un mundo aún por explorar.

La Universidad de La Rioja es un botón de muestra. La participación de las mujeres en la investigación y la ciencia es cada vez mayor. Son féminas y se mueven como pez en el agua en el mal llamado mundo de hombres y aunque siguen estando en minoría, lo cierto es que se están dando pasos firmes hacia una igualdad efectividad. El principal caballo de batalla sigue siendo la conciliación.

Judit Mínguezes investigadora y profesora del departamento de Matemáticas y Computación de la facultad de Ciencia y Tecnología de la UR. A sus 41 años confiesa que no ha sido víctima de machismo ni de ningún tipo de discriminación por ser mujer. «Ni en la universidad, ni haciendo la tesis ni ahora trabajando», cuenta. Y al contrario de lo que se piensa, asegura que «este mundo -el de la ciencia y la investigación- es bastante igualitario». Eso sí, no en proporciones, porque ellos juegan en mayoría en un terreno todavía masculino.

En ocasiones son las propias mujeres las que se ponen freno a la hora de decidirse por la ciencia o la investigación porque son carreras muy largas y a veces muy duras y «piensas, ¿cómo voy a seguir estudiando?». El acceso a otros puestos más altos es más sinuoso «por la falta de ayuda y de conciliación familiar y laboral», explica Mínguez, y es aquí donde la maternidad suele jugar en contra porque penaliza. De ahí que considera que «habría que tomar medidas para que ese tiempo no se cuente, al menos no negativamente». La existencia de una serie de modelos y referentes también ralentizan el proceso de igualdad porque «al final nos guiamos por lo que tenemos alrededor por lo que vemos todo el día y las niñas quieren ser modelos y los niños futbolistas, entonces, de alguna manera, desde niños nos marcan el camino».

Beatriz Robredo, investigadora en el departamento de Agricultura y Alimentación de la Universidad La Rioja, tampoco ha sentido discriminación por cuestión de sexo ni más trabas en el camino para llegar donde está, pero sí reconoce que «las mujeres tenemos que trabajar muchísimo más que los hombres, pero en todas las culturas no sólo en la nuestra». Ella no es una excepción: «Me ha costado más trabajo que a un hombre en la misma situación». Tiene tres hijos y maridar su vida de investigadora y profesora de la UR con los cuidados de su 'prole' «es complicado» porque el peso de las familias «lo llevamos más las mujeres, la organización doméstica, las tareas de los hijos»... y además hay que escuchar la palabra «te ayudo» cuando «no es eso, debería ser otra cosa, una colaboración», exclama.

En su caso, se levanta todos los días «prontísimo» y se pone a trabajar en el ordenador cuando hay un silencio total. Sólo así le da tiempo a hacer todo, aunque lo consigue arañando horas al sueño.

Sobre las razones por las que no hay muchas mujeres que se dediquen a esta disciplina cree que es porque profesiones como la de ser científico están ocultas a la sociedad y, sin embargo, otras «se visualizan bien, ya sea por la fama o por los medios de comunicación, y muchos niños quieren ser cantantes, bailarines, médicos, maestros... Todos hemos sido niños y queremos eso, pero no tiene nada que ver con ser mujer».

Tampoco ha sufrido situaciones de discriminación Belén Ayestarán, vicerrectora de Investigación de la UR. «En mi experiencia académica no he tenido ningún problema ni a nivel de trabajo ni de cargos académicos», pero también es verdad que en el consejo de dirección «sólo somos dos mujeres». Otra cuestión es que para hacer compatibles ambas vidas, tanto la laboral como la personal, tiene que robar hora al sueño «levantándome muy pronto, pero pronto, pronto» y cuenta que ha tenido que esforzarse más, aunque tampoco le importa. «Eres investigadora, profesora y madre y para llegar a un poco de todo las jornadas han sido un poco más largas, pero como me gusta, no lo veo como sacrificio. Soy una enamorada de mi trabajo pero luego llega el fin de semana y estoy bastante cansada».

En su opinión, la igualdad llegará cuando las mujeres se mentalicen de que «podemos acceder a puestos importantes porque tenemos capacidad y eso es indiscutible», aunque puede que pese que «como somos más cosas, aparte de investigadoras, el sacrificio es grande y puede que no compense». Por eso, «entre todos tendríamos que mejorar y conseguir que la conciliación sea una realidad», anima.