Marihuana y alcohol, los grandes enemigos de Proyecto Hombre

Luis Lleyda, David García y José Andrés Pérez, tras la presentación de la memoria de Proyecto Hombre. / Justo Rodríguez

El número de usuarios atendidos por la organización en el 2018 repuntó hasta los 421, la mayor parte de ellos en el programa ambulatorio que evita que el consumidor pueda mantener su vida social y laboral mientras rompe con su adicción

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Cuando en Proyecto Hombre echan la mirada atrás y contrastan los duros años en los que comenzaron a trabajar con la realidad actual, se dan cuenta de que todo ha cambiado. Desde las sustancias (cuando las hay, que ahora ya no es siempre) hasta el perfil de sus usuarios pasando, obviamente, por los programas que ponen en marcha (cada vez más individualizados). Esta mañana los responsables del centro han presentado la memoria de actividades del último ejercicio cerrado para corroborar esas sensaciones y tratar de trazar el perfil actual de la labor de la entidad. Así, en términos generales, el 2018 no fue un buen año. Y no lo fue porque el número de atenciones, un curso más, volvió a repuntar. En total, explicaron Luis Lleyda y David García, presidente y director de Proyecto Hombre en La Rioja, respectivamente, fueron 421 los usuarios que pasaron por sus programas de tratamiento para combatir, principalmente, sus adicciones al THC (marihuana), los estimulantes y el alcohol.

Pese a que el impacto que estas adicciones tiene en los consumidores y en su círculo social más próximo se mantiene inalterable a lo largo de los años, «el problema de las adicciones ya no es el mismo que en los años 80 o en los años 90», concretaba Lleyda, que esbozaba un primer perfil de quien acude hasta Proyecto Hombre: «Antes eran miembros de familias desestructuradas, en riesgo de exclusión, marginadas por la sociedad. Ahora son personas normalizadas, con sus familias, con un trabajo reconocido pero que en un momento se ven superados por sus diferentes adicciones».

David García ha concretado aún más ese perfil para explicar que, mayoritariamente, es un hombre (el 86% de los atendidos) de entre 21 y 40 años (el 54%) que llega con un problema con el cannabis (28%), los estimulantes (27%) y el alcohol (26%). Además, el 40% de ellos sufre algún tipo de patología psiquiátrica, ocasiones en los que el trabajo de Proyecto Hombres se coordina con el del Servicio Riojano de Salud.

Y esa evolución a la que se referían los responsables de Proyecto Hombre es más patente, insistió García, cuando se analizan los datos del programa ambulatorio. «Durante el 2018 fueron 191 personas las que atendimos. Es un programa dirigido a personas normalizadas y, de hecho, más del 70% de ellos viven con sus familias, tiene un trabajo, tienen hijos y un círculo social normal», ha definido. Usuarios que no tienen que romper con su rutina para hacerlo con su adicción. «Vienen a un programa nocturno para compatibilizar trabajo y atención y se someten a terapias tanto individuales como grupales», ha explicado el director de Proyecto Hombre. «Además hay grupos específicos para mujeres que nos permiten trabajar mejor sus circunstancias y que en determinados casos sacan a la luz problemas de violencia o microviolencia».

Durante el 2018 Proyecto Hombre atendió a 191 personas en su programa ambulatorio.
Durante el 2018 Proyecto Hombre atendió a 191 personas en su programa ambulatorio. / J.R.

Una segunda derivada en la que ha incidido el director de Proyecto Hombre es el trabajo realizado con menores. «Hay 78 menores que han acudido a un programa que no es de intervención, sino de prevención». Son casos, relató, en los que los padres observan problemas de conducta de sus hijos, abandono escolar, que consumen marihuana o cannabis y «empiezan a preocuparse. En estos programas no acude el menor sino que el éxito llegará a través de la actuación con los padres. En todo caso, cuando es necesario, sí que acuden». Además, García ha destacado el trabajo hecho en casos de adicción sin sustancia (fundamentalmente el juego a través de las nuevas tecnologías). «Han sido 20 personas, lo que representa un 5% de los atendidos. Eso implica que ya superan a los casos en los que la sustancia es la heroína», destacó al tiempo que abogó por «un cambio normativo que limite la proliferación de establecimientos de casas de apuestas deportivas» además de un mayor control de entrada para evitar el acceso de los menores.

Todo ese trabajo realizado, en ocasiones, se encuentra con mensajes contradictorios, argumentó García, que ha hecho un llamamiento «a la reflexión a todas las personas que vanalizan el consumo de alcohol y del cannabis».

«Es una batalla importante la que tenemos todas las instituciones que trabajamos en esta materia porque estamos viendo las consecuencias que tiene. Tenemos que tener presente que debajo de todos esos mensajes que banalizar estos consumos pueden llevar a conclusiones incorrectas. No digo que, en ocasiones, no sean ciertos, digo que las consecuencias que vemos son mucho más dramáticas que los beneficios que puedan llegar a producir». Por eso García ha abogado por «regulación, estudio e investigación» para maximizar los beneficios que puedan derivarse de ellos, pero sin que se pueda llegar a interpretar que el consumo de cannabis es inocuo. «El cannabis no es bueno y hay que tener en cuenta que cada vez es más potente y genera más adicción».

José Andrés Pérez, delegado diocesano de Acción Caritativa y Social ha sido el encargado de poner sobre la mesa los otros números de Proyecto Hombre. «La actividad es siempre creciente y, por eso, también lo son los recursos. Contamos con apoyos de instituciones y de empresas, pero siempre es conveniente la aportación de cuantas más personas mejor», ha reconocido. «Sin el apoyo social, nuestra labor sería mucho más difícil», ha explicado antes de recordar que este domingo «se celebrará la jornada diocesana de ayuda a Proyecto Hombre que el año pasado logró recaudar 21.367 euros».

Durante el 2018, el presupuesto de Proyecto Hombre para atender todos sus programas ascendió a 611.727,67 euros, cantidad que llegó a la entidad a través de las cuotas de sus socios, Cáritas y programas de formación y sensibilización (261.220 euros); desde las instituciones públicas (312.812,71 euros); y desde las privadas (43.482,81 euros).