«Me gustan los vinos con 'Patorra', y creo que a muchas mujeres»

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Enóloga y bodeguera

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Si es usted aficionado al vino estoy convencido de que conocerá el 'Chulato'. Es un vino de maceración carbónica, la elaboración tradicional de la Sonsierra, con cuerpo, estructura y una extraordinaria frescura. Detrás de su elaboración está una mujer, Isabel Fernández, de Bodegas Abeica (Ábalos): «Me gustan los vinos con 'patorra'; no hago vinos de 'chicas'», asegura. Isabel, además de la elaboración de vino y del trabajo en bodega, se encarga del enoturismo y del papeleo, que «es lo que nos trae de cabeza porque es lo que más tiempo ocupa», aunque en una bodega familiar las cosas son diferentes: «Aquí todos hacemos de todo. Si mis hermanos necesitan ayuda yo se la doy y, si yo la necesito, ellos me la dan».

Cuatro hermanos gestionan Bodegas Abeica, tres hombres e Isabel, a la que en 1987 su padre confío la elaboración de vinos: «Supongo que la mentalidad de mi padre no era como la de cualquiera por aquel entonces, pero me gustaba estar en bodega, elaborar los vinos con él..., y mi padre tenía claro que podía confiar en mí». Isabel estudio enología y viticultura en Laguardia y ya en las propias aulas se dio cuenta de que era 'rara avis': «Sólo estábamos dos chicas; mi compañera estudiaba para analizar muestras en un laboratorio, que era entonces casi el único papel que había para la mujer en una bodega, pero yo quería ser bodeguera y elaborar los vinos». «Cuando hice las prácticas, no encontraba ninguna empresa; no me querían por ser mujer, pero finalmente fue Marcos Eguren, vecino de San Vicente de la Sonsierra, me acogió».

LA BODEGA

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Abeica
Ábalos
Bodega familiar de la localidad de la Sonsierra, en la que trabajan cuatro hermanos (tres varones) e Isabel, que elabora los vinos.

- ¿Cómo fueron aquellas prácticas?

- Fantásticas. Aprendí con uno de los 'grandes' de Rioja, pero hubo un pequeño periodo de adaptación. Recuerdo que el jefe de bodega me dijo nada más llegar: «Tu mira lo que quieras, pero no toques». A los tres días llegó un camión para cargar las cajas de vino y entonces se trabajaba a mano, en cadena, porque no había maquinaria. Me puse como una más, como los hombres, y cargamos. Al terminar, el jefe bodeguero me dijo: «Ya puedes tocar lo que quieras».

- ¿Es un impedimento el trabajo físico en bodega, como cargar o mover barricas, para una mujer?

- Ni lo era ni lo es ahora, que hay más maquinaria y las cosas son mucho más sencillas desde ese punto de vista. En Abeica elaboramos desde siempre vinos de maceración carbónica y recuerdo que mis hermanos pisaban la uva y luego llevaba yo los hollejos en carros a la prensa: podían pesar el equivalente a 800 litros de líquido.

- ¿Han cambiado mucho las cosas desde aquellos primeros años?

- Sí, por supuesto. De hecho, yo creo que ahora ser mujer y bodeguera es un plus, incluso es políticamente 'correcto'. A mí no me gusta ni lo uno ni lo otro. Lo que sí me gusta es que cuando yo me apunté a la asociación de enólogos la presenciade mujeres era testimonial. Ahora, creo que habrá al menos las mismas que hombres o incluso más. Para mí, eso es lo más importante.

- ¿Hacen las mujeres vinos de 'chicas' y/o para 'chicas'?

- Eso es una tontería. Yo hago vinos con 'patorra' como a mí me gustan... y creo que a muchas mujeres. Lo que aprendí de mi abuelo y de mi padre es que tenía que poner todo el cariño en la elaboración. Un buen vino debe tener entidad y llenar la boca. No creo que haya que hacer un vino más ligero para mujeres y, por la experiencia que tengo, no es precisamente el gusto femenino de vinos más ligeros o más suaves necesariamente.

- Habrá estado en muchas ferias y supongo que, al menos al principio, no había demasiados mujeres.

- Así es. Ya me he hecho un poco 'mayor' y no voy a demasiadas ferias, pero al principio asistía a muchas y apenas había mujeres. Éramos como bichos raros. Me gustaba mucho ir a Vinexpo, en Burdeos, y aprovechaba para catar en varios días vinos de todo el mundo. Solía ir con dos compañeros, hombres, y entonces era muy 'exótico' una mujer enóloga. Mis compañeros estaban encantados.