Algo más que la bisnieta del fundador

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CEO de Martínez Somalo

José Antonio Del Río
JOSÉ ANTONIO DEL RÍOLogroño

Entre un «yo a la empresa, ni loca» a pasar a ocupar el primer despacho de la zona noble de esa misma empresa media sólo una frase: «Si tu vienes, yo cuelgo la bata». Una condicional de siete palabras con la que Lino Martínez Uruñuela terminó a cambiar la vida de su hija Elena, hace siete años una abogada con bufete y hoy conductora del presente y futuro de 'Martínez Somalo', una firma histórica de embutidos de Baños de Río Tobía. «Lo pensaba y lo decía convencida: yo a la empresa, ni loca. Pero fue entonces, cuando monté mi despacho, cuando empecé, desde fuera, a involucrarme».

Elena Martínez Somalo es la mayor de los hermanos Martínez Garnica. Cuatro, entre los que es la única mujer. «Me crié entre chicos y nunca me planteé ni me plantearon si era más o menos que mis hermanos», reflexiona ahora que capitanea la nutrida tripulación de un bajel lleno de salas de producción y cámaras frigoríficas donde se almacenan algunas decenas de miles de jamones, chorizos y lomos. El proyecto familiar que hace 118 años puso en marcha su bisabuelo José y que lo dejó a su hijo Pepito que, a su vez, lo legó a su hijo Lino para que éste lo pusieses en manos de su ¡hija! Elena. «¿Mis hermanos? Increíbles, en realidad fueron los que me animaron, quizás porque siempre me habían tenido por la responsable, la estudiosa de la casa», se ríe. «Empecé colaborando; con mi despacho en ciernes colaboré para obtener la ISO 9001 de calidad en seis meses, entonces muy importante; esto me permitió conocer mejor la empresa y darme cuenta de que yo concebía la dirección de otro modo», evoca una década después. Llegó entonces el «si vienes tú, cuelgo la bata, me jubilo». Y fue. Lino, el padre, la tercera generación, daba paso a la revolución en la organización de la mano de la bisnieta del fundador, mujer y sobradamente preparada. «Pasamos, de un día a otro, de depender de las decisiones de una persona que compra, vende, regatea, a funcionar con cuadros de mando, planificación, procesos, planes operativos anuales... Conseguimos poner los cimientos para lo que venía y todo eso nos facilitó mucho la evolución posterior».

Y todo ello de la mano de una mujer. De dos. La CEO y la gerente. Elena Martínez y Merce Rubio. Algo casi increíble en una empresa de gran tradición, una empresa familiar, en un entorno rural... Casi todos los ingredientes para que no saliera bien. «Y en un sector que era 'de hombres'», abunda. «Aquello era...». Y ¿aún es? Un ejemplo: en el sector cárnico, relata Elena Martínez, «las mujeres que estamos lo hacemos porque somos 'hijas de', no nos olvidemos. Y, exceptuándome a mí, si en las familias las chicas coinciden con chicos, ellos siguen siendo los jefes». Nihil novum sub sole.

¿Cómo se maneja la CEO? «Nunca me he planteado si alguien es hombre o mujer, nunca... ¿La maternidad? Sigue siendo el gran hándicap. Yo no fui ejemplo de nada. Di a luz en enero y en febrero estaba trabajando. Eso no lo quiero para nadie. Damos todas las facilidades a quien las necesita. Y evolucionamos con naturalidad. Aunque hay cosas que nos chirrían, nos molestan. Como esos puestos en los que es necesario el factor fuerza... Por eso, cuando ocurre lo contrario, nos gusta elegir mujeres, porque nuestra experiencia con ellas como trabajadoras es muy positiva».