Desayuno con Sánchez

Pedro Sánchez acompañado por la comitiva socialista pasea por Portales / Justo Rodriguez

El candidato socialista visita Logroño y se pronuncia sobre la doble tanda de debates televisados: «Bueno, qué remedio»

Jorge Alacid
JORGE ALACIDLogroño

Así como Audrey Hepburn pegaba la nariz al escaparate de Tiffany´s en la celebrada película de Blake Edwards mientras se zampaba un cruasán, el cortejo de periodistas que seguía esta lluviosa mañana de Viernes Santo a Pedro Sánchez en su paseo por Portales tuvo que conformarse con interpretar una escena semejante: observar desde los cristales de una cafetería cómo desayuna un presidente.

Con una diferencia, además de la obvia distancia que separaba a este grupito de reporteros de la diosa de 'Desayuno con diamantes': que puesto que observar a otros semejantes en el trance de comer es cosa de mala educación, había que mirar hacia otro lado. Y presenciar la escena cumbre de estas breves horas del candidato socialista de paseo por La Rioja un poco de reojo, luego de arrancar de Sánchez una escueta reflexión mañanera. Porque preguntado si dos (debates) son mejor que uno, encogiéndose de hombros y con media sonrisa, ha confesado, interrogado por este periodista cuando entraba en el bar donde iba a desayunar: «Bueno, qué remedio».

Pedro Sánchez desayuna en una cafetería logroñesa.
Pedro Sánchez desayuna en una cafetería logroñesa. / Justo Rodriguez

El recorrido ha sido tristón. A tono con la mañana. Y con retraso. Sus anfitriones del PSOE riojano aguardaban muy formalitos a las nueve en punto a la puerta del hotel de Murrieta donde habían sido convocados, igual que la tropa de periodistas combatía la espera unos metros más allá, mirando sin disimulo el reloj. Sánchez se hacía rogar. Se maliciaba la prensa que el presidente andaba rematando los detalles de la doble tanda de debates que también figuran en su propia lista de espera, a la vuelta de la Cuaresma. O tal vez sólo ocurría que el candidato había contemplado desde la ventana de su habitación el feo astro con que amanecía Logroño y prefería esperar a que escampara. Milagro que finalmente ha sucedido.

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Así que a cuerpo gentil, abrigado con una liviana chaqueta azul marino y acompañado por la cúpula de los socialistas riojanos, ha paseado por fin por Murrieta, confundido por los turistas con los miembros de las cofradías de Semana Santa desperdigadas por el centro de Logroño. A ellos no les da respetado la lluvia. Ventajas del carisma monclovita, cuyo titular, luego de detenerse con el quiosquero de guardia ante la vieja sede del PP, aceptar fotos y algún piropo, ha ingresado en Portales, de cháchara con Andreu y Hermoso de Mendoza, como un turista más. Que se asombraba ante alguno de los edificios que salían a su paso, apuntaba hacia la antigua Tabacalera («Ahí está el Parlamento, ¿no?) y compartía caminata, aunque en direcciones opuestas, con los peregrinos menos madrugadores. Cada cual buscando su destino. Unos, camino de Santiago; Sanchez, procurando encontrar en Logroño la pista que le conduzca hacia el banco azul.

Que de momento pasaba por una cafetería llamada El Palmeral, alojada en el ombligo de la capital. Donde el presidente se ha regalado un desayuno convencional, de nuevo como cualquier otro turista. Café con leche, fruta y pan con aceite, y embutido. Ibérico y de bellota. Que se ha zampado, se supone, como Audrey su cruasán, tal vez igual de ensimismado, mientras los candidatos del PSOE de La Rioja le explicaban sus cuitas y recibían como recompensa un improvisado mitin entre cucharillas de moka y vasos con restos de zumo de naranja, que la prensa observaba como se menciona arriba: pegando la nariz a la cristalera.

Menos de una hora después, mientras en el exterior se arremolinaban los curiosos y los fans, como una cría de Torrevieja con síndrome de down que ha protagonizado el momento más emocionante del recorrido mientras le confesaba su predilección por el modo de gobernar que encarna, Sánchez ha abandonado Logroño por donde ha venido. Recorrido inverso por la calle Portales. Selfies con los camareros de la cafetería, docenas de manos estrechadas, unos segundos con el equipo de emergencias sanitarias que le escoltaban en modo preventivo, y abrazos y besos de despedida para sus anfitriones, esos instantes de camaradería dedicados a apretar las filas y reponer las enegrías maltrechas. Nada que no cure una sonrisa del líder. Pie en el estribo del coche que le conduciría a la vecina localidad navarra de Viana para otro paseo electoral, con un menú semejante, ha recogido en el aire algún otro piropo y se ha ido sin otra concesión a la polémica del día que esa frase con que ingresaba en la cafetería donde acababa de desayunar: qué remedio.