36 millones de pesetas

Rachid Taha, en una edición anterior de Actual./A.A. /Efe
Rachid Taha, en una edición anterior de Actual. / A.A. /Efe

Con los cambios de Actual, su progresivo devenir hacia la nada, escuchar esta mañana una programación con Vetusta Morla y Malú como cabezas de cartel resulta patético

Víctor Soto
VÍCTOR SOTOLogroño

El de 1998 fue mi primer festival Actual de verdad. 17 años tenía, hace ya veinte, y en el instituto Mixto 3 (Escultor Daniel) se escuchaba música y se hablaba de música. De ese festival invernal recuerdo como si fuera hoy el concierto de El Club de los Poetas Violentos y Los Verdaderos Kreyentes. También tocaban Ska-P, Kepa Junquera, Mercromina, Dover, Dulce Pontes, Ismael Serrano, Sergio Makaroff, Andrés Calamaro… 36 millones de pesetas se gastaba la Administración en abrirnos los ojos y los oídos a toda una generación (antes, con Iberpop, lo habían hecho con otra). Logroño dejaba de ser una ciudad de provincias y se abría a un mundo no sé si mejor o peor, pero distinto.

Desde entonces, dos décadas, he visto y disfrutado (sin orden pero en concierto) del difunto Rachid Taha, Café Tacuba, Asian Dub Foundation y su versión impactante de 'La haine', Waterboys, Tricky, Emir Kusturika, Alpha Blondy, New York Dolls, DMC, The Gift, Los Planetas, Siete Notas, Method Man, Wolfstone, Manta Ray, Rosendo, Devotchka… Nombres de los que me acuerdo y otros que no ni quiero buscar, como ese grupo senegalés de espigados y vibrantes cantantes, unos argelinos raros, raros pero molones, una macrobanda alemana que puso al Palacio en pie, unos derviches que, con el ambiente cargado de marihuana hacían llegar al público a lo más alto, cantautores aburridos, DJ pasados…

El Adarraga, una carpa en varias ubicaciones, el Palacio de los Deportes, el Círculo, bares, teatros, Riojafórum… Muchos lugares pero esa sensación de querer abrir un espacio a grupos jóvenes, a algunos consagrados, a músicas del mundo o a veteranos (o directamente viejos) que tenían algo que decir y tocar (hablo sólo de música).

Supongo que veinte años nos hacen ser más cascarrabias, exigentes y prejuiciosos, que no nos lancemos a la aventura, a vernos sorprendidos (o defraudados) por un concierto, que no compremos a ciegas un abono y vayamos a todo lo que nos echen, aunque luego el resto del año nos encerremos sin mayor ansia cultural que pasar el día con la televisión encendida.

Con los cambios de Actual, su progresivo devenir hacia la nada, escuchar esta mañana una programación con Vetusta Morla y Malú como cabezas de cartel resulta patético. En el caso de la andaluza, que acaba de empezar una gira, la hemeroteca me recuerda que estuvo en el Ayuntamiento (gratis ) en el 2004, en la Gala de La Rioja (un avance de lo que sería Actual) 2005, en el 2012, 2014, 2016 y, ahora, 2019. Así que conoce los vestuarios del Palacio de los Deportes casi tan bien como Gurutz. Vetusta Morla también estuvo en el Actual 2009 y en el 2015, en la plaza de Toros, entre otras citas.

Me alegro de que Actual no cueste nada (o menos) a las instituciones, que haya apoyo privado, que se impliquen las empresas, que el festival haya pasado de una ventana al mundo para unos cuantos provincianos o de un punto de encuentro para aficionados a la música (y a las artes) a un templo de la moda, de la rentabilidad, de las cuentas que se escriben con tinta negra, a un combo turístico para gente que poco tiene que hacer en enero y que suma unos conciertillos a la calle Laurel para decir que ha estado en Logroño y que es muy moderno y muy guay. También me alegro, y esta vez en serio, de que se haga hincapié en pequeños formatos, en grupos locales y en recintos pequeños, con atractivo y donde se esconden las sorpresas que hace años se ofrecían en un gran recinto que se abría cuatro, cinco, seis o siete días para seguir aprendiendo de los demás, que de eso se trata.

Pero que Malú, una gran artista, seguro, sea la cabeza de cartel… 'Me quito el cráneo', que diría Don Latino. O para mear y no echar gota, que diría mi abuelo. Dos décadas después, tras un largo camino, Actual, que cogía el testigo de Iberpop, lo ha conseguido. Es un festival rentable económicamente. Benditos y heroicos 36 millones de pesetas de 1998, cuando éramos jóvenes y nos dejábamos sorprender porque aún había espacio para las sorpresas.

 

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