En libertad con cargos el celador acusado de vejar a varias pacientes en una clínica de Bilbao

En libertad con cargos el celador acusado de vejar a varias pacientes en una clínica de Bilbao

Otra mujer denunció ayer que sufrió abusos en el mismo centro en 2011 en una situación muy similar a la vivida por la vecina de Orozko que destapó el caso

JULIO ARRIETA

El celador acusado de abusos sexuales a varias pacientes en una clínica privada de Bilbao fue detenido el viernes por la tarde después de acudir a la comisaría donde había sido citado. El hombre quedó arrestado y después pasó a disposición judicial.

Una vez ante el juez, este decidió ponerlo en libertad con cargos, pero sin fianza. El profesional, que ya había sido apartado de sus funciones en cuanto se tuvo conocimiento de las denuncias, tiene la obligación de presentarse ante los agentes dos veces al mes.

Esta detención llegaba el mismo día que otra mujer denunció haber sido víctima de «abusos deshonestos» en la misma clínica en 2011. La denunciante, A. B. R., explicó que ha decidido sacar a la luz su supuesto caso «porque lo que me pasó a mí es idéntico a lo que le sucedió a la mujer de Orozko, el mismo tipo de agresión, en el mismo lugar y en el mismo momento, mientras se recuperaba de la anestesia». El centro sanitario asegura que el celador denunciado ahora «se incorporó recientemente y que no había generado incidente alguno». A. B. R. quiere que esto «se aclare, porque no entiendo cómo puede haber sucedido lo mismo con estos años de diferencia sin que pueda tratarse de la misma persona».

«Llevo tres días llorando, desde que vi la noticia de los tres casos en el periódico», asegura la mujer, mientras muestra la denuncia que cursó en su día en la comisaría de la Ertzaintza en Bilbao. La ha guardado durante estos ocho años, «aunque más de una vez he estado a punto de romperla. Nunca terminé de hacerlo porque siempre pensé que quizás algún día podría hacerse algo». Ahora está satisfecha de su decisión. «He visto el caso de esta mujer de Orozko y es exactamente lo que me sucedió a mí». Ahora está intentando ponerse en contacto con ella.

El centro alega que no tiene constancia del caso ni de que se presentara la demanda hace ocho años

La denuncia de A. B. R. fue cursada el 15 de junio de 2011. «El día después de que sucediera todo. La presenté cuando pude», recuerda. Los presuntos abusos sucedieron la tarde del 14. «Como a la mujer de Orozko, me hicieron una gastroscopia en la clínica Virgen Blanca». Según consta en el expediente, «recibió anestesia general y tras la operación tardó algo más de lo normal en reponerse de la misma, por lo que fue retirada a una sala contigua». Según recordaba ayer, «empecé a oír y sentir, pero no veía. No podía abrir los ojos ni podía hablar». Entró una mujer, «no sé muy bien si una doctora. Hizo el comentario de que 'esta chica no se despierta, habrá que llamar a alguien'». Una voz de hombre «respondió: 'No, vamos a esperar un poco'». Acto seguido «pasó lo que pasó».

«Llegué a casa destrozada»

Aunque la denuncia señala a «dos enfermeros», A. B. R. cree que en el momento en que ocurrió estaba sola. «Yo no podía ver nada, ni hablar», insiste. El testimonio recogido en la denuncia dice que «tras pasar unos minutos», la mujer «sintió como uno de estos dos enfermeros, desconociendo si el otro estaba presente, le subía la falda y, sin quitarle la ropa interior, le tocaba toda su zona vaginal». Después, «le tocó el pecho». El viernes explicaba que recordaba «perfectamente todo porque si hay algo que estoy llevando mal es que ahora lo estoy reviviendo» tras leer los detalles del caso de la mujer de Orozko. «Como si fuera hoy. Recuerdo cómo iba vestida, con una falda y una camiseta. En la clínica no me pusieron bata».

«Hice borrón y cuenta nueva, pero con lo que he leído ahora he vuelto a revivir todo aquello»

«Llegué a casa destrozada», recuerda. «Mis hermanos y el que ahora es mi marido se presentaron en la clínica para pedir explicaciones. No les dijeron nada y a la mañana siguiente fui a la Ertzaintza». La denuncia no tuvo recorrido. «Legalmente me vi atada de pies y manos porque yo no vi a nadie. No hubo juicio porque no podía decir 'ha sido esta persona'». Una jueza «me llamó y hablé con ella. Me explicó que la Ertzaintza había ido a la clínica, pero que no se podía hacer más porque, como mucho, yo podría reconocer una voz». «Hice borrón y cuenta nueva hasta ahora», resume. «Leí la noticia de la vecina de Orozko y leía lo que me pasó a mí hace ocho.Estoy indignada».

Por su parte, el centro sanitario recordó que el celador apartado ahora del servicio es un trabajador «de unos 30 años que se incorporó como eventual el pasado verano». En cuanto a la denuncia de A. B. R., señaló que la clínica no tiene constancia del caso ni de que la demanda se presentara, ni tampoco de que se desarrollaran diligencias o que alguien del centro fuera llamado a declarar.