El ojo del universo se hace 3D

El planetario del Montsec, en la localidad ilerdense de Ager./
El planetario del Montsec, en la localidad ilerdense de Ager.

El planetario del Montsec es el único que une la proyección estereoscópica con una cúpula que se abre para el cielo real

BORJA ROBERTMadrid

El Centro de Observación del Universo del Montsec, en Ager (Lérida), ha estrenado un sistema de proyección 3D que, aseguran, lo hace único en el mundo. Ningún otro combina esta tecnología con la capacidad de retirar la cúpula y dejar al espectador frente al espectáculo del cielo real, la especialidad del lugar. Aunque la mayoría de planetarios está en entornos urbanos donde, con suerte, se distinguen unas pocas estrellas en una noche clara, éste se encuentra en uno de los mejores puntos de observación directa del espacio de toda la Península. Y esa es su apuesta turística.

El responsable de la compañía que ha instalado el nuevo sistema de proyección, el estadounidense Glenn Smith, asegura que el de Ager es un planetario 'boutique'. «Hay grandes hoteles de grandes cadenas y luego pequeñas joyas llenas de encanto. Este planetario es así», afirma. Está en un pueblo agrícola de menos de 600 habitantes, lejos de todo -a 45 minutos en coche de Lérida-, que se vende por su cielo. Las dos actividades turísticas de la comarca son volar en parapente o ala delta y mirar hacia arriba.

Salvador Ribas, el director científico del centro, se puso a los mandos antes de su inauguración en 2009. Con él trabajan otras ocho personas, la mayoría entusiastas de la astronomía. Regentan juntos un parque temático dedicado al espacio con su planetario, sus telescopios y sus aulas para explicar a los jóvenes que los visitan su lugar en el universo. «Vienen unas 25.000 personas al año, que para un sitio tan pequeño como este es muchísimo», afirma Ribas. La nueva instalación, cuenta, ha supuesto reemplazar ocho ordenadores y siete proyectores. Ha costado 800.000 euros. «Nos han llegado cacharros de Alemania, de Estados Unidos, y las gafas 3D son de una empresa esloveno-lituana», se ríe.

La han estrenado con la película 'Tospace and back' -'Al espacio y de vuelta', en inglés-. Un día antes del estreno, el propio director aún no la había visto en tres dimensiones proyectada sobre la cúpula. «He visto una versión plana», asegura. Así ven todas para elegir cuáles compran. La cinta sumerge al espectador -a la inmersión visual de la propia de la pantalla semiesférica del planetario se suma la de las imágenes en 3D- en un recorrido desde el cerebro humano hasta más allá de los confines de la Vía Láctea. Un viaje imposible -ir tan lejos tan rápido supone romper las leyes de la física- que concluye, como también hacen en 2D, con una proyección del cielo visible para los humanos desde Ager. Muestran la estrella polar, alineada con norte geográfico, Sirio, un sistema de dos soles que brillan más que ningún otro o Júpiter, el planeta gigante del Sistema Solar. Entonces retiran la cúpula y pasan de la ciencia ficción a la realidad, alineada al milímetro. El efecto es abrumador. La lección de astronomía convierte mirar al cielo en asomarse al universo.

«Yo creo que somos el único planetario del mundo que puede retirar la cúpula completa», afirma Ribas. Para lograrlo usan un sistema similar al que permite que piscinas o estadios protegerse de la lluvia o abrirse al sol según convenga. La sala, de 68 plazas, apunta directamente al sur, y así tienen ajustado el cielo artificial que se proyecta sobre la cúpula. Para el nuevo sistema 3D usan unas gafas activas que opacan un cristal u otro, de manera alterna, 60 veces por segundo. «Yo quise expresamente que fuesen blancas, que son diferentes, para que el espectador se diese cuenta de que no está en un planetario cualquiera», asegura Smith.

Además de la experiencia del planetario, en el Centro de Observación del Universo también cuentan con una pareja de telescopios que conectan la luz que emiten o reflejan algunos astros vecinos con el ojo del espectador. La noche antes del estreno del planetario 3D se podía ver Júpiter rodeado por sus cuatro lunas grandes. Esas que observó por primera vez Galileo, en 1610.

 

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