'Los señores del bosque'

«Al final del verano hay un nuevo y asombroso proceso en la vida del ciervo. La piel, delicado terciopelo que cubría la cornamenta, 'el correal', como dicen los monteros, cae. Se ha terminado la irrigación, se ha terminado el proceso de crecimiento que no está ligado a la edad sino al vigor y a la salud del venado. Y entonces, como consciente de que necesita la cuerna para luchar y para defenderse, el venado va a frotar su cornamenta contra los arbustos, contra los matorrales, contra el tronco de los árboles, preparándose para la brama por la berrea.

Los grandes campeones, los poderosos ciervos están limpiando las armas mientras algunos ya corretean presa de la fiebre del celo por el bosque, que empieza a cambiar las hojas verdes por las doradas y las amarillas. Las armas de los ciervos parece que están concebidas para que puedan luchar sin hacerse daño, para que se traben, para que se enzarcen, para que se empujen y para que no se maten.

El otoño se anuncia ya con las hojas de oro en las hondonadas del bosque. Los reyes del bosque empiezan a proclamar que están dispuestos para el combate y para la cubrición de las hembras. De todas partes van saliendo los venados. Los machos y las hembras, que estaban separados durante el resto del año formando rebaños independientes, se reúnen ahora. Se llaman, se citan, se desafían en la arena para dirimir sus duelos nupciales. Van a conquistar territorios nuevos, pequeños territorios móviles en los que guardan al grupo de las hembras [...]

Las hembras, dócilmente movidas también por el celo salen al atardecer conducidas por sus señores a la arena de los combates. Se sabe que todo este esfuerzo, que todo este drama en la conducta del venado, está al servicio de la selección de la especie. Los más aptos son los que cubren a las hembras. Se sabe también que raramente un venado permanece más de una semana como dueño de un harén. Estos enfrentamientos tienen por objeto sustituir a los galanes cansados de no comer, de luchar y de copular por otros fuertes y recién llegados.

Se excitan mutuamente los venados, se desafían. Parece que la naturaleza toda, que la estrategia reproductora de la especie les empuja a la lucha y a la selección natural. Podemos comprobar cómo la cuerna del venado es un aparato perfectamente ideado para que los machos empujen sin hacerse daño. Se trata sobre todo de expulsar a los más débiles, de que los jóvenes no puedan acceder al harén mientras los mejor dotados no estén prácticamente agotados. Se puede expulsar a un competidor sin inflingirle ningún daño. Ciertamente se han encontrado venados muertos a raíz de los duelos nupciales, pero normalmente los machos luchan sin hacerse un daño aparente.

Después vienen las cubriciones, la cata, la selección de las hembras receptivas. Etapas cortas pero verdaderamente críticas en el mundo de los ciervos.

Así continuarán los encuentros, las batallas febriles, la selección natural de esta especie tan perfectamente adaptada al medio, que ha prosperado en toda Europa, Asia y Norteamérica, y con presencia también en Sudamérica [...]

Terminada la etapa reproductora, los venados se retiran a sus cuarteles de otoño. Aún dejarán oír su voz de tarde en tarde. Pero se acerca para ellos la etapa más dura de su vida, la montería [...]

Pasado el otoño y el invierno. La corona del ciervo, nuestro protagonista junto con el bosque, está en tierra. Nuevamente habrá de fabricar otra cornamenta. Por primavera, ya están los machos con aspecto de mochas ciervas corriendo con la cuerna incipiente. Este es el fin y el principio de la historia. Un animal adornado con la más soberbia de las coronas que vive en el más rico de nuestros hábitats».

[Narración del episodio 'Los señores del bosque', perteneciente a la serie de TVE 'El hombre y la tierra', de Félix Rodríguez de la Fuente, rodado durante la berrea en la Sierra de Cazorla y Segura (Jaén)]

 

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