Mascaró reflexiona en el Würth sobre el paso del tiempo con el armazón de 26 barcos

EFE

«Departure» podrá verse del 2 de enero a abril de 2019 dentro de la programación de Actual 2019

LA RIOJA

El escultor Xavier Mascaró ha culminado hoy el montaje de «Departure» en el Museo Würth La Rioja, un conjunto de piezas que representan el armazón de 26 barcos en bronce, hierro y tela, con los que plantea una reflexión sobre el paso del tiempo.

Mascaró (París, 1965) exhibe por primera vez este conjunto escultórico en España, tras hacerlo en Londres y Abu Dhabi, en el marco de Actual 2019, previsto del 2 al 6 de enero en Logroño y que es el primer festival que inaugura el año cultural español.

«Departure», que podrá verse del 2 de enero a abril de 2019 en el Museo Würt ubicado en Agoncillo (La Rioja), está formado por 26 barcos de diferentes tamaños, los mayores de ellos en línea, todos ellos solo en un armazón metálico y varios tienen telas por encima, ha explicado hoy a Efe Mascaró.

Ha añadido que esta instalación se complementa con otra de cuarenta cabezas de cerámica y bronce y con dos barcos más, también hechos de cerámica, y con color.

Como concepto, Mascaró, quien estudió Bellas Artes en Barcelona y que reside en México, plantea con este montaje una reflexión sobre «el paso del tiempo, que lo deja todo atrás, como estas naves en hierro, bronce y tela, que aparentemente están abandonadas».

«Los barcos, en la iconografía y el imaginario colectivo, se asocian a muchas cosas, a la comunicación y el transporte, pero también al éxodo, como el que vivimos actualmente, el del Mediterráneo, que es un gran conflicto», ha relatado.

El artista, ha dicho, no plantea esta obra como una denuncia, sino que representa estos barcos como «un vehículo universal que significa comunicación o tránsito, el ir de un lugar a otro, o de una vida a otra«, porque estos barcos simbolizan »el estado permanente de cambio, algo atemporal, ya que siempre el hombre se está moviendo hacia otros lugares mejores«.

Además, busca una reflexión «individual» del «viaje» en el que «cada momento de la vida queda atrás y se enlaza con el siguiente» y «también se puede ver como el transporte del alma en barcas», algo que «estaba presente en la cultura egipcia».

Mascaró busca en muchas de sus piezas un toque de ambigüedad y esta también cumple esa premisa porque, «cuando se ve el armazón de estas barcas en metal, la primera impresión es que están en ruinas, pero lo cierto es que se encuentran apuntaladas« y »no se sabe si están abandonadas o en un astillero en construcción«, ha explicado.

Así, cree que también aporta «un toque de optimismo» porque, «aunque esta obra te puede remitir a un pasado lejano del que solo quedan estos armazones», además, «puede hablar del viaje al futuro porque puede ser una barca a punto de partir» y «hacernos reflexionar sobre los valores de nuestra vida, sobre qué es lo que queda cuando todo pasa».

Ha explicado que ha complementado este montaje con un grupo de «cabezas», que tampoco nunca había mostrado en España y que «plantea la imagen de una cabeza como la representación de diferentes épocas o civilizaciones, no de individuos concretos».