El Gobierno endurece ahora el discurso contra Torra y le tilda de «iluminado»

Miembros de los CDR levantan ayer las barreras de un peaje en la autopista AP-7./EFE
Miembros de los CDR levantan ayer las barreras de un peaje en la autopista AP-7. / EFE

La escalada emprendida por el presidente de la Generalitat pone contra las cuerdas a los socialistas, aún necesitados de su apoyo

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El Gobierno aún cruza los dedos para que las fuerzas independentistas den un giro a su estrategia, antepongan las «cosas de comer» a la lucha secesionista y respalden los Presupuestos de 2019, pero, visto el resultado de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre y el nulo impacto que ha tenido el auge de Vox en la posición de PDeCAT y ERC, ha optado por empezar a recomponer la figura. El hombre fuerte de Pedro Sánchez en el PSOE, José Luis Ábalos, cargó ayer contra Quim Torra y le tildó de «iluminado» e «irresponsable». Incluso le acusó de tener una «concepción totalitarista» de la política.

Los reproches del secretario de Organización socialista no llegaron a los pronunciados por el propio Sánchez el pasado mes de mayo, cuando, aún en la oposición, dijo que el presidente de la Generalitat es «el Le Pen de la política española», pero se le acercan y podrían ir a más en los próximos días. Los socialistas empiezan a estar inquietos. La política de apaciguamiento iniciada tras la moción de censura no termina de dar frutos. El independentismo está dividido pero quienes apuestan por una vía pragmática no terminan de hacerse valer y ni la proximidad del juicio por el 'procés' ni la prisión preventiva de sus responsables ayudan.

Si tras su primer encuentro en la Moncloa, el 9 de julio, Sánchez y Torra acordaron en verse de nuevo en Barcelona, ahora todo apunta a que la cita propuesta por el Gobierno para el día 21 puede acabar en desastre. La Generalitat está poniendo todas las trabas posibles. Los CDR y la ANC preparan además cortes de carreteras, movilizaciones e incluso una huelga de país como la del 3-O.

El presidente catalán exhibe su perfil más radical, pues empieza a ser cuestionado precisamente por su falta de determinación para hacer efectiva la república y Puigdemont y la ANC tratan de imponer la tesis del 'cuanto peor, mejor': crisis institucional sin precedentes en España, ascenso de la extrema derecha, que abona su teoría de que el Estado es irreformable, que Madrid nunca hará una oferta convincente y que la única solución para Cataluña es seguir su propio camino, en este caso la 'vía eslovena'.

Ábalos censuró que el sector encabezado por el expresidente Carles Puigdemont, y del que forma parte Torra, lleve días apelando al ejemplo del país balcánico, que alcanzó su independencia seis meses después de un referéndum unilateral al que siguió una guerra de diez días con 18 muertos de la parte eslovena y 44 de la yugoslava. «Ya está bien de plantear caminos intransitables que juegan con la convivencia de la gente». dijo.

Alimentar a Vox

El también ministro de Fomento, sin embargo, dio muestras de querer mantener abierta una puerta al diálogo. «Todos somos diversos y todos tenemos identidades propias. No puede ser que todo eso, lejos de conseguir el proyecto que pretende, el cual yo puedo respetar como pensamiento -llegó a subrayar- esté consiguiendo la reacción contraria y poniendo en cuestión la convivencia en otros punto de España». Una clara alusión al crecimiento de Vox.

El PSOE se enfrenta ahora a sus propias contradicciones. Lleva días cargando contra el PP y Ciudadanos por estar dispuestos a pactar con la formación de la derecha extrema en Andalucía, pero no renuncia al apoyo de los secesionistas. Su argumento es que éstos respaldaron a Sánchez en la moción de censura «a cambio de nada» mientras que Vox, sostienen, exigirá cesiones para investir al popular Juanma Moreno. Pero Torra no se lo está poniendo nada fácil.

Los dirigentes secesionistas hablan ya de «batalla final», de que están «dispuestos a todo» y de que el tramo final para la secesión será «dramático». En esta escalada -en la que hay que encuadrar también la huelga de hambre de los cuatro dirigentes de JxCat (ninguno de ERC)- se entremezclan varios factores. La protesta busca presionar a la justicia española, por un lado, pero también a Esquerra. JxCat maniobra para evitar que el líder de ese partido, Oriol Junqueras, sea quien se convierta en el héroe del 'procés' si acaba siendo el que recibe una pena más severa en el juicio del 1-O.

Colau se suma a las críticas del resto de la oposición

La oposición en el Parlamento de Cataluña cargó ayer con dureza contra el presidente de la Generalitat por apostar por la vía eslovena, que provocó 60 muertos, según le recordaron a Quim Torra. Cs, PSC, el PP y hasta los comunes pidieron al jefe del Ejecutivo una rectificación por su «irresponsabilidad». «El presidente de la Generalitat y el Govern son un peligro para la convivencia y la democracia», afirmó la líder de la oposición, Inés Arrimadas, de Cs, la formación que más votos y escaños obtuvo hace un año en las elecciones catalanas. La dirigente de la formación naranja cree que Torra, al reivindicar la vía eslovena, lo que en realidad estaba haciendo es apelar a la «violencia y a un conflicto civil».

Los socialistas catalanes pusieron al mismo nivel «la reacción ultra de Vox» y la «vía eslovena de Torra». En medio «existe un gran espacio, el de la gente corriente que simplemente queremos hablar, amar, prosperar y convivir en paz», argumentó Jaume Collboni.

Incluso la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, siempre a caballo entre el soberanismo y las críticas al independentismo, exigió una «rectificación inmediata» al presidente de la Generalitat. «La cohesión social de Cataluña ha de estar por encima de ocurrencias y cortinas de humo para tapar los problemas del gobierno», señaló, refiriéndose a la crisis sobre los Mossos, que enfrenta a Torra con su consejero del Interior, Miquel Buch, además de la creciente contestación social (del sector sanitario, el educativo y los bomberos) que esta semana vivirá un nuevo capítulo con la huelga de funcionarios de la Generalitat el miércoles.

El PP de Cataluña, mientras, a través de su nuevo líder, Alejandro Fernández, acusó a Torra de querer «balcanizar» España.

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