El milagro de los panes y los peces

La Cofradía de San Bernabé y los voluntarios se entregaron a tope para que la ciudad pudiera cumplir con el legendario voto a su patrón Miles de logroñeses retaron ayer al frío y la amenaza de lluvia para cumplir con el tradicional reparto en El Revellín

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ GALINDO

logroño. Dos inmensas y largas filas (una por Once de Junio y otra rodeando la Oficina de Turismo en la fuente de Murrieta) dieron ayer cuenta de la respuesta masiva de los logroñeses al tradicional reparto del pez en El Revellín. Como todos los años, los miembros de la Cofradía del Pez y los voluntarios (familiares y amigos) se entregaron a tope para que la ciudad cumpliera con esta arraigada tradición, el voto a su patrón, con la que se conmemora la resistencia hace 498 años de los logroñeses al asedio de las tropas francesas.

Animados por la música de las dulzainas, los cofrades (llevaban desde las siete de la mañana trabajando, aunque hicieron un parón, tras la bendición de los peces, para ir a misa y a desayunar migas) frieron a 400 grados los alevines de truchas en seis freidoras, labor dirigida por Lorenzo Cañas, el 'masterchef' bernabeo. Y todos mirando al cielo. El prestigioso cocinero riojano también. Buen susto el que se llevaron cuando poco antes de las nueve había comenzado a llover: «He tenido que volver a toda prisa; menos mal que he llegado a tiempo para tapar los aceites porque si les cae agua...»

El cielo permaneció nublado durante una mañana que fue fría, y la amenaza de precipitaciones amagó con cumplirse hacia la una y media, media hora antes de que finalizara el reparto. Nada desanimó a los logroñeses. Cada tres minutos llegaron a servirse 900 truchas, así hasta llegar a los 30.000 peces (1.200 kilos) que estaba previsto repartir.

Cada tres minutos, las seis freidoras a 400 grados llegaron a servir 900 alevines de trucha

El nuevo cofrade de mérito (33 años) se mostró orgulloso de participar en este acto «del que disfruto mucho» y destacó la renovación generacional porque «gracias a los hijos y a los nietos podemos atender a tantas miles de personas».

Cada ración totalmente gratuita (sólo se cobraba un euro por el jarrito conmemorativo si se deseaba adquirirlo como recuerdo) constaba de un pez, un bollo de pan y un vaso de vino tinto. Al frente de las cubas, en un lateral del recinto que daba a la calle Norte, se encontraba Bernabé. Colaborador en este acto desde hace 47 años, celebraba ayer su santo y su cumpleaños. Su encargo era sacar el vino a una tinaja desde la cual los voluntarios llenaban los jarros para servir a los logroñeses.

Y de un veterano a las más noveles. Las hermanas María y Anita, «animadas por nuestro tío que es cofrade», acudieron ayer por segundo año consecutivo a colaborar en el reparto, distribuyendo vasos de vino. Lo hicieron acompañados de su amiga Mara, para la que fue su primera vez. Las tres se mostraban encantadas, «sobre todo porque estamos repartiendo el vino, que es mejor que los peces porque su olor es un poco intenso».

De los peces se encargaba a su lado Milagros. Es la primera ocasión en la que participaba: «Llevaba muchos años con ganas de venir, pero normalmente trabajaba; este lo tengo libre y he venido. Me hace mucha ilusión». «Además, no se están formando tapones y el reparto está transcurriendo con mucha fluidez, llevamos buen ritmo», indicaba al filo del mediodía. Y tras atender a Diario LA RIOJA, Milagros volvía a la faena para repartir sus raciones a la familia formada por Jorge y Paula, con sus hijos India y Elio. «Venimos todos los años y ahora, con los niños, con más razón», enfatizaban.

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