Quince años en los que las truchas sustituyen a los barbos

Logroño le debe mucho al Ebro.

De no haber sido por el alimento que le brindó en el siglo XVI, la ciudad no hubiera podido resistir el asedio al que la sometió el general Asparrot. Hasta el 2004 se seguía pescando en el río para abastecer los canastos que se repartían todos los 11 de junio. Sin embargo, en el 2005, dada la escasez de existencias y el mal estado de las aguas del Ebro, la Cofradía del Pez se decidió a cambiar los barbos por los alevines de trucha, recordaba ayer el cocinero riojano Lorenzo Cañas. Las truchas de cultivo procedentes de las piscifactorías de Riverfresh en Bobadilla y Viguera (estuvieron dos días sin ser alimentadas para purgarlas) llegaron a las siete de la mañana al recinto de El Revellín «fresquísimas, inmejorables». Además se trata de una buena manera de promocionar a La Rioja como región de ríos trucheros. Y junto a las truchas, el millar de litros de vino donado por Dinastía Vivanco, casi 30.000 bollos de pan (cientos de ellos para celiacos) y 8.000 jarritos de El Torero, a un euro la unidad.