Un 'súper' cae como una bomba

Un 'súper' cae como una bomba

Cada apertura de un supermercado en una ciudad de 10.000 habitantes condena a una de cada tres tiendas

PABLO ÁLVAREZ

El comercio es una guerra. Los bandos son dos: pequeños y grandes. O hasta tres, pequeños, grandes y muy grandes. Y lo que suele pasar es que en esto, como en casi todos los órdenes de la vida, el grande se come al chico.

Sin embargo, es curioso observar cómo funciona esa victoria, y hasta qué punto es importante el daño que las grandes superficies hacen a los pequeños comerciantes, sobre todo cuando se estudia el impacto no en las grandes ciudades, sino en las pequeñas.

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Por eso resulta más que interesante un estudio realizado por el Instituto de Economía de Barcelona (IEB) que se dio a conocer la semana pasada. Sobre todo, porque el estudio viene a analizar una realidad muy parecida a la riojana: qué pasa en una ciudad de alrededor de 10.000 habitantes cuando abre un supermercado. Según el estudio, una apertura de ese tipo es una bomba para el pequeño comercio local. Así, en los cuatro años siguientes a que el 'súper' abra sus puertas se irá a pique el 30 por ciento de los pequeños establecimientos del centro.

Esto, según el estudio, supone que ente 15 y 20 pequeños comercios locales de alimentación cerrarán sus puertas en el siguiente cuatrienio. La mayoría de esos locales, cita el estudio (del que se ha hecho eco Europa Press) volverá a abrir con negocios de otros sectores (entre 10 y 15) pero un porcentaje significativo de las lonjas quedará vacío.

El estudio analizaba casos entre 2003 y 2011, y arroja otra conclusión desesperanzadora para el comercio tradicional: la actividad se va a la periferia. De las 317 aperturas estudiadas, 229 se situaron en la periferia, y sólo 88 en el centro del municipio.

Peor que los híper

Los locales, como queda dicho, suelen recuperarse Pero el negocio de alimentación no. Así, el 60% de esos locales pasan a vender menaje del hogar (muebles, electrodomésticos y textil), mientras que el 40% restante queda muy diversificado entre negocios como estancos, quioscos, perfumerías, joyerías y floristerías, entre otros.

El estudio viene, curiosamente, a relativizar el impacto de las marcas blancas , cuyo auge es uno de los lugares comunes de las tendencias del comercio en los últimos años.

Así, resulta que los supermercados «convencionales» (es decir, los que no hacen un gran esfuerzo en su propia marca blanca, como sí hacen cadenas del estilo Mercadona) hacen más daño a las tienda locales. O sea, que las marcas blancas no dañan tanto a los comercios locales: tienen un efecto «nulo» en el cese de actividad, explica María Sánchez-Vidal, investigadora responsable del IEB. Para ella, la explicación es que sigue habiendo un gran porcentaje de consumidores pegados a unas determinadas marcas, por lo que no son tan proclives a cambiar hacia la marca blanca (y el establecimiento especializado en ellas).

 

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