«Es necesario que existan referentes que inspiren»

:: Sonia Tercero :: Sonia Tercero/
:: Sonia Tercero :: Sonia Tercero

Profesora de la UR

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Cuando Alpha Verónica Pernía habla del primer colegio que pisó en aquella Venezuela que ella sí disfrutó, su voz se tiñe de ternura. Quizá fue allí donde, sin saberlo, comenzó a fraguarse el proyecto que ha impulsado en la UR y que ha merecido el premio del Consejo Social a la mejor innovación docente del curso. Lo resume en dos palabras: «Aprender haciendo». Consiste, básicamente, en trasladar a la universidad lo que con ella hacían en aquel colegio venezolano que rompía moldes y en el que, si hacía bueno, les sacaban de las aulas para, por ejemplo, enseñarles a hacer esquejes. Ahora es ella la que enseña haciendo hacer y los resultados, dice, son fabulosos. «Lo más cómodo es dar clases magistrales basándote en un libro de texto, pero...».

Pero Pernía se confiesa y ausme que es «cabezona». Por eso se lio la manta a la cabeza y alumbró el proyecto premiado. Esa misma cabezonería es la que le llevó a las aulas de ingeniería de la Universidad de Los Andes. «Me decían que era muy duro, que quizá era mejor elegir otra carrera». Pero tenía la decisión tomada de antemano y nadie pudo hacerle cambiar de idea. Siendo sus padres ingenieros forestales, quizá los argumentos se les acabaron demasiado pronto.

EMPRESA

Universidad de La Rioja
Profesores
240 mujeres y 241 hombres.
Estudiantes de grado
2.020 alumnas y
1
570 alumnos.

Sea como fuere, lo cierto es que aterrizó en una de esas carreras en las que, aunque la cosa se va puliendo, el peso específico de los hombres es notablemente superior: Ingeniería Eléctrica superior. Pernía rechaza estereotipos y convenciones sociales. No son ellas de letras y ellos de ciencias. No es una cuestión de sexo sino de capacidad. «En mi caso, mis referentes más próximos eran mis padres, pero es necesario que los niños y las niñas tengan algún referente para despertar esa vocación». Por eso, dice, son importantes jornadas como las que se desarrollan el 1 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. «Deben ver que hay mujeres científicas y se debe incidir en los niveles más bajos de la educación para animar esa vocación. Que vean que es posible, que tengan un referente y se inspiren».

En ese mundo, al menos conceptualmente, más masculino, no ha vivido en primera persona situaciones de machismo. «Aquí no hay ninguna diferencia entre hombres y mujeres. Nunca he tenido ningún problema por el hecho de ser mujer. No sé qué sucederá en el campo empresarial, pero en el académico no se hace distinción alguna», asegura. «Lo más importante es que exista una igualdad de oportunidades desde la base para, desde ese punto de partida, conseguir una igualdad real y que todos tengamos las mismas posibilidades de llegar a un puesto de responsabilidad u otro». Una cuestión de meritocracia, defiende, siempre y cuando se den esas premisas. Y esas premisas se alcanzan con un trabajo de largo recorrido en el que, junto a la creación de referentes «que inspiren», juega un papel importante la motivación: «Hay que orientar a las niñas desde pequeñas, y esa creo que es la clave, para que tengan la seguridad de que pueden lograr todo lo que se propongan. Deben saberlo»

La saga de los 'Pernía' científicos parece asegurada. «La pequeña dice que quiere ser científica». La mayor «es más de ciencias», pero no lo tiene tan claro. «De momento quiere ser actriz», dice entre risas.