«Cuando no hay motivos para seguir luchando, tenemos derecho a no sufrir más»

TVR

Cinco años después de ver morir a su marido a consecuencia de la ELA, esta calagurritana defiende la legalización de la eutanasia en casos sin esperanza y de dolor para el enfermo

SANDRA CARMONA

«¿Podía haber cometido yo un delito?» Es la escalofriante pregunta a la que Ana responde de forma aún más estremecedora: «Sí, lo podía haber cometido». Cinco años después de ver morir a su marido con un deterioro y sufrimiento extremos a consecuencia de la ELA, esta calagurritana defiende que «la eutanasia tenía que estar legalizada hace mucho tiempo en aquellos casos en los que no hay lugar para la esperanza y el enfermo está sufriendo un dolor insoportable».

Cuando a Javi le explicaron que padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica, le advirtieron de que su diagnóstico era, además, uno de los más crueles posibles. Él mismo contaba entonces en una entrevista a TVR que «viajaba en Ferrari, a la máxima velocidad en cuanto a deterioro físico». En el 80% de los pacientes, la esperanza de vida después del diagnóstico es de 5 años. Ni siquiera en esto iba a tener algo de 'suerte'. La enfermedad le venció en apenas 2 años. Él, eso sí, dio por buena la batalla casi hasta el final.

Él mismo contaba para TVR que «viajaba en Ferrari, a la máxima velocidad en cuanto al deterioro físico»

Era junio de 2014 y, coincidiendo con el día mundial de la ELA, Javi contaba a las cámaras de la televisión autonómica que quería que su lucha sirviera de esperanza para otros enfermos. «Vivo cada día como un regalo», decía. Así lo pensaba y, sobretodo, así lo demostró. Acudía a diario a rehabilitación, rechazando una ambulancia y viajando siempre en autobús. No faltaba tampoco a su café de cada tarde con sus amigos, fuera verano o invierno. Fue así hasta que ya no pudo más. Hasta que ya nada dependía de su voluntad. Hasta que la crueldad de la enfermedad le mantuvo con la consciencia plena mientras rabiaba de dolor y padecía una parálisis casi total. Javi sólo era ya capaz de mover las pestañas. Y no es una expresión. Literalmente, era su realidad. El resto de su cuerpo ya no le obedecía.

En ese momento, cuando su voluntad tuvo que plegarse ante la realidad a la que le había abocado su enfermedad, fue cuando apareció aquello en lo que ni él ni su mujer habían pensado hasta entonces.

Ana explica que fue Javi el primero en admitir que era el final, que no había contra qué luchar

Ana reconoce 5 años después que pensaron en la eutanasia. Sostiene que cuando no hay motivos para seguir luchando, «tenemos derecho a no sufrir más». Explica que Javi fue el primero en admitir que era el final, que no había contra qué luchar, que el Ferrari había alcanzado la meta. Hablaron de ello, pero no lo consumaron. «Estoy segura de que hubiera aceptado la eutanasia y los demás también».