Muguruza ejerce de campeona y remonta a Kontaveit

Mugururza celebra la victoria/
Mugururza celebra la victoria

La actual campeona protege su corona al remontar un set adverso a la estonia Kontaveit

MANUEL SÁNCHEZMadrid

Había mostrado una mala imagen todo el año. Solo los cuartos de final en el Abierto de Australia incitaban a pensar que el rumbo de una mala temporada cambiaría con la llega de otro grande. Y en París llegó su mejor partido del año. Garbiñe Muguruza sigue adelante en Roland Garros al remontar a la estonia Annet Kontaveit por 6-7 (4), 6-4 y 6-2.

Es cierto que esta vez el cuadro del torneo no fue benévolo con ella, y que sus condiciones físicas (se retiró en Roma por problemas en el cuello) podían no ser las más adecuadas, pero una vez más Muguruza volvió a vivir al borde del abismo, transmitiendo inseguridad y nervios.

más información

Como si tuviese la sensación de poder perder en cualquier momento, pero con la firmeza de que esta vez no ocurriría. El choque, además, no era cómodo. Enfrente estuvo una jugadora como Kontaveit, que ya ganó a Muguruza esta temporada (en la segunda ronda de Stuttgart) y que sobre tierra batida acumula unos cuartos de final en Roma y Stuttgart y una primera ronda en Madrid. Un hueso duro de roer a la que su ranking no le hace justicia. La número 53 del mundo se aprovechó de la fragilidad de la hispano venezolana para castigar su punto más débil, el aspecto mental. Necesitaba que Muguruza entrase en jugo lo justo para que no tuviese mucho ritmo y no se metiese en el partido. Y lo consiguió durante muchos puntos. Juegos al saque rápidos y una rotura en blanco en el cuarto le dieron a Kontaveit un peligroso 1-4 en el marcador. Peligroso porque la distancia no se extendía en el marcador, sino también en la cabeza de Muguruza, a la que ir por detrás siempre le lastra el doble. Continuaron los juegos rápidos. Muguruza cerraba a 30, Kontaveit a 15, Muguruza en blanco. Se respondían ambas con fiereza al servicio, hasta que le entró el vértigo a la estonia y al sacar para el set le tembló la mano.

La caraqueña igualó el partido a cinco juegos y posteriormente mandó el primer set al "tie break". Pese a que, a priori, debía tener la ventaja mental por haber remontado, esa lógica no va con la pupila de Sam Sumyk. Empezó 0-4 abajo el desempate y para cuando se quiso dar cuenta había perdido la primera manga por 4-7. Le tocaba remontar a Muguruza, como en la primera ronda de 2016, cuando se levantó para no volver a perder un set en todo el torneo. Pero ahora es campeona, y la presión mucho mayor.

El segundo set lo comenzó con un parcial de nueve puntos a uno abajo, lo que se tradujo en ir "break" abajo ya desde el principio. Lo más difícil aún. Este año, por ejemplo, ha remontado con set abajo en cuatro ocasiones de nueve posibles. El balance en su carrera es de 30 victorias y 65 derrotas después de ceder la primera manga. En la Philippe Chatrier, sumó la 31. Recuperó la rotura y se llevó el set, en lo que parecía ser la previa de una remontada épica. A la segunda oportunidad que tuvo, sobre el servicio de Kontaveit, Muguruza cerró el puño y miró a la grada. La misma que le vio ganar el año pasado y que no quería que se fuese ya.

El tercer set fue el reflejo de lo que debería ser el día a día de Muguruza. Firmeza al saque y control al resto. Había que esperar la oportunidad que le brindase Kontaveit y no cometer errores al servicio. Y lo hizo a la perfección. Respetó los tempos hasta el 3-2 a su favor y ahí apretó para conseguir el "break". Era necesario mantener el saque y la calma. La victoria estaba cerca, pero cerrar es lo más difícil, y si es Muguruza, aún más. Aguantó y evitó la complicación de cerrar al saque. Volvió a romper y consiguió un 6-2 que supo a gloria y a rabia. La misma que mostró Muguruza al animar a la central de Roland Garros. Muguruza ha superado su prueba de fuego, ahora queda probar que todo esto no ha sido combustión de un solo día.