Análisis

Al Real Madrid se le desinfla la ilusión del triplete

Benzema, tras fallar una ocasión ante el Girona. /Gabriel Bouys (Afp)
Benzema, tras fallar una ocasión ante el Girona. / Gabriel Bouys (Afp)

Pese al mensaje de Solari y sus futbolistas de que no dan la Liga por perdida, la derrota contra el Girona ratificó que las opciones de pelear por el título eran una utopía

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Apenas le duró una semana al Real Madrid la ilusión de pelear por la Liga. La victoria ante el Atlético y la irregular marcha del Barça dispararon el optimismo, pero el Girona deshinchó el globo asaltando el Santiago Bernabéu. Los blancos dilapidaron cualquier opción cabal de luchar por el título, pese a que Santiago Solari y sus pupilos se niegan a darse por vencidos. «La Liga no está perdida, en absoluto. Seguiremos peleando por los tres frentes que tenemos abiertos», dijo el técnico. «Hay que seguir peleando, la Liga es larga», indicó Courtois, que estuvo a punto de rescatar un punto sobre la bocina sumándose al ataque cuando los blancos apelaban ya a la heroica. «Por supuesto que hay Liga. No nos pueden dar por muertos porque vamos a levantarnos, a seguir trabajando y a luchar hasta el final», sumó Lucas Vázquez. «Estamos vivos en las tres competiciones. La Liga se pone más complicada pero otros años se han recortado muchos puntos», abundó Odriozola.

El discurso del plantel y su técnico no puede opacar la realidad. Tercero de nuevo, a nueve puntos del líder y a dos del Atlético, que volvió a tomarle la delantera en la persecución del Barcelona, el Real Madrid precisaría de tres meses impolutos y un descalabro de azulgranas y rojiblancos que, pese a la dubitativa andadura de unos y otros, es difícilmente concebible. Tendrían que alinearse demasiados astros para que un equipo con siete derrotas en 24 jornadas llegase vivo a mayo por mucho que esta sea la Liga de la irregularidad.

El Madrid sólo ha ganado el 58,3% de sus duelos y ha perdido el 29,1%. Unos porcentajes que evidencian la utopía a la que se abonó el conjunto de Chamartín en plena euforia por los resultados que cosechó en la semana más endemoniada del calendario que, curiosamente, fue la que generó una sensación ilusoria de que la remontada era factible y el triplete posible.

Perspectiva

La derrota frente al Girona no debe desvirtuar sin embargo la valoración sobre la rehabilitación de una escuadra que tiene razones para mirar el futuro con convicción en la validez del trabajo realizado, aunque siga arrastrando carencias. La mejoría es palmaria. Pesó frente al conjunto catalán la ausencia de Modric, imprescindible a la hora de generar juego, y se resintió también el bloque de una bajada de tensión comprensible dado que venía de tres citas de alto voltaje ante Barcelona, Atlético y Ajax. «Llevamos un mes y medio cargado de partidos de máxima exigencia. El equipo quizá hoy lo pagó», reconoció Lucas Vázquez. El desplome de la segunda parte, cuando creía tener controlado el choque con el tanto de Casemiro, debería ser puntual toda vez que la plantilla ha lucido un notorio avance en el plano físico gracias a la labor de Antonio Pintus. No funcionaron las rotaciones pero era preciso dosificar esfuerzos. Lo necesitarán los blancos para afrontar de nuevo las curvas del doble clásico y la vuelta de octavos de la Champions.

Más información

Esta última competición era, es y sigue siendo el auténtico objetivo y no parece que el traspié liguero haya mermado la moral de los pupilos de Solari. «No creo que tengamos que hacer grandes cosas para levantarnos», manifestó Lucas Vázquez. «Lo que viene es muy bonito y al Real Madrid no se le puede dar por muerto jamás», incidía el domingo Odriozola. Lo sucedido ante el Girona fue «una decepción», resaltaba este lunes Courtois, que lanzó un mensaje de firmeza en el rumbo trazado. «Estoy convencido de que vamos en la dirección correcta. Nuestro juego ha mejorado enormemente desde el inicio de la temporada», agregó el belga. La determinación para seguir por la senda de las últimas semanas es el sentimiento dominante en el vestuario, pese a que el triplete es una quimera.