La UE cambia las reglas de juego en la Red

El ponente de la nueva ley, el alemán Axel Voss, del PP Europeo, eufórico al conocer el resultado. /  REUTERS
El ponente de la nueva ley, el alemán Axel Voss, del PP Europeo, eufórico al conocer el resultado. / REUTERS

Apoya remunerar de forma «justa» a los autores de contenido en la web para evitar que plataformas lo publiquen sin pagar El Parlamento protege a los creadores frente a los gigantes digitales al aprobar una reforma del copyright

SALVADOR ARROYO BRUSELAS.

El diario belga Le Soir, referencia informativa en este país, se presentaba ayer a sus lectores con una imagen elocuente: abría la portada con un texto editorial y sobre él, un gran 'blanco' que ocupaba más de la mitad de la plancha manchado solo por una frase 'Informer a un côut' ('Informar tiene un coste').

A 440 kilómetros de distancia de Bruselas, en la ciudad francesa de Estrasburgo, el Parlamento Europeo dijo 'sí'. Que periodistas, cineastas, productores, escritores, todos los creadores en definitiva, tienen derecho a ser remunerados cuando sus obras sean compartidas en el ciberespacio. La Eurocámara abría así un paraguas legal, conocido como directiva del copyright, que va a proteger sus derechos ante gigantes tecnológicos como Google o Facebook. En resumen, la UE ha dado un paso esencial para cambiar las reglas de juego en la Red.

De los 703 eurodiputados que estuvieron presentes en la sesión de la Cámara de Estrasburgo, 438 votaron a favor, 226 lo hicieron en contra y 39 optaron por abstenerse. Populares y socialdemócratas europeos respaldaron mayoritariamente este enfoque proteccionista con los derechos de autor que rechazaron gran parte de los liberales europeos, ecologistas e Izquierda Unitaria. Dígitos que evidencian la profunda división con la que nace una medida que aún debe cobrar forma y que llevará su tiempo. No adquiriría rango normativo antes del año 2019 y tendría que adaptarse a cada uno de los 28 estados miembros.

Porque ahora comienza el 'trílogo' o la negociación a tres bandas (Parlamento-Comisión Europea y Consejo de la UE). Fractura en el legislativo europeo y muchas presiones. La actividad de los 'lobbys' «ha sido brutal», reconocía uno de los grupos. Un torrente de correos electrónicos, llamadas telefónicas y reuniones cruzadas, campañas en redes sociales... En un lado del ring, los creadores; en el otro, los gigantes de internet y «abanderados de la libertad de expresión» en la red de redes. Por haber, ha habido hasta amenazas de muerte denunciadas por varios eurodiputados partidarios de la ley del copyright y desveladas en julio por el ponente del informe, el alemán Axel Voss. Efecto directo del revuelo vivido en los últimos meses fueron las alrededor de 200 enmiendas que se tuvieron que someter a votación antes de que la propuesta fuera respaldada.

Un marco legal de 2001

Y su ponente, Axel Voss, del Partido Popular Europeo (PPE), saltó como un resorte de su asiento, eufórico. «Ésta es una excelente señal para la industria creativa en Europa», se felicitó. Se daba el paso para reformar un marco legal del 2001. Los artículos clave de la directiva, los focos principales de la polémica, salen adelante. El 11 permitirá a los editores de los medios de comunicación pedir compensaciones «justas y proporcionadas» a las plataformas y agregadores de noticias. Quedarían fuera las divulgaciones que tengan un carácter científico o educativo y la Wikipedia.

El artículo 13 cargaría directamente sobre Facebook, Google, especialmente en su plataforma de vídeo Youtube, o similar. Obligaría al coloso de Montain View a implicarse más llegando a acuerdos con los creadores. De no ser así, se activaría un seguimiento más incisivo de los contenidos e, incluso, filtrándolos antes de que pudieran compartirse si en la compleja red de rastreo mediante algoritmos salta la alarma de una posible infracción del copyright. Una derivada, esta última, que llevó a parlamentarios contrarios a la directiva a hablar de «golpe mortal para la libertad de expresión e innovación» porque podría derivar en «la cesión de un mayor poder a las grandes tecnológicas», a pesar de que se rechazó controlar de forma masiva las publicaciones en internet.

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