La Rioja

Javier Fernández, un hombre de respeto para un partido en ruinas

El presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández.
El presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández. / Efe
  • El presidente de la gestora del PSOE mantuvo la equidistancia entre Sánchez y Susana Díaz, pero acabó al lado de la presidenta andaluza

Javier Fernández era el hombre predestinado a dirigir la gestora que conducirá el PSOE hasta el próximo congreso del partido. Su nombre estaba en el candelero antes de que renunciara Pedro Sánchez porque pese a estar alineado con el sector crítico es un líder bien visto por todos los socialistas. Todo un mérito.

El también presidente de Asturias no es un íntimo de Susana Díaz, pero acabó en la misma acera más por distanciamiento de Sánchez que por acercamiento a la gobernante andaluza. Tras la debacle socialista en las elecciones autonómicas de 2011, recuperó el Ejecutivo del Principado un año después. Se convirtió, junto a Susana Díaz que heredó la Junta de Andalucía de José Antonio Griñán, en el referente de un partido que vagaba por el desierto institucional. Aquella situación, sin embargo, no provocó que ambos gobernantes tejieran una complicidad que fuera más allá de sus responsabilidades gubernamentales. Su estilo no casaba con la explosividad de la andaluza.

Fernández no es amigo de la grandilocuencia ni de los titulares explosivos. Da una imagen de hombre calmado y tranquilo, salvo cuando ve un partido del Real Madrid, ahí pierde la compostura y le sale el forofo que lleva dentro. Lo suyo es el trabajo callado, y de ello da fe su breve paso por el Congreso de los Diputados de 1996 a 1999 y como consejero en el Gobierno asturiano con Vicente Álvarez Areces. Dirige, sin embargo, con mano firme -de hierro según sus críticos, que también los tiene en su tierra- la Federación Socialista Asturiana, la única organización territorial del PSOE que mantiene la denominación republicana. Fue elegido líder del partido en 2000 y ahí sigue tras sucesivas reelecciones.

De quien sí es amigo es de Alfredo Pérez Rubalcaba, con el que, aparte de compartir fervor merengue, tuvo una estrecha relación política y personal mientras fue secretario general del PSOE. Tras su dimisión, no mostró entusiasmo ni por Eduardo Madina ni por Pedro Sánchez, aunque en las primarias de julio de 2014 los socialistas asturianos se decantaron por el diputado vasco. Fue la única federación con Extremadura en las que ganó Madina, derrotado por Sánchez merced a los buenos oficios orgánicos de Susana Díaz.

Campo de concentración

Pero aquello no le distanció del nuevo secretario general ni de la presidenta de la Junta de Andalucía, aunque tuvieron sus más y sus menos. Fue el paulatino aislamiento en que cayó Sánchez tras las elecciones del 20 de diciembre pasado, cuando restringió los contactos con muchos barones, lo que poco a poco hizo que estrechara lazos con Susana Díaz, que siempre habló en términos muy elogiosos de su colega del norte. La última vez, el pasado jueves, cuando recordó ante la plana mayor del socialismo andaluz que Fernández, ingeniero de Minas, era "hijo de unos padres que se conocieron en un campo de concentración".

Antes, sin embargo, habían tenido roces, como cuando tras el congreso que entronizó a Sánchez hace dos años, la dirigente andaluza se hizo con la Presidencia del Consejo Federal del PSOE, el cónclave de los líderes territoriales, cargo al que él aspiraba. Sánchez, para compensar, le puso al frente de un Consejo para la Transición Industrial y Energética de demostrada irrelevancia posterior.

El tiempo, la política y el buen hacer de Susana Díaz, siempre presta a cultivar la amistad con otros barones, borraron diferencias pasadas. A lo que ayudó Sánchez con sus malos resultados electorales. Fernández es un hombre de partido, de los que cuando las urnas te dan la espalda hay que dimitir, y no lo que hizo el ahora dimitido secretario general, empeñado además en buscar un imposible gobierno alternativo con Podemos, su rival más encarnizado en Asturias. La combinación de factores hizo que se enrolara en el sector crítico, pero con su estilo, sin cajas destempladas y sin significarse demasiado. Ahora él si será durante unos meses la máxima autoridad del PSOE.