«Se querían y eran un bloque»

Los miembros de la familia Flores fallecidos, muy conocidos entre la comunidad boliviana, habían unido a su familia en La Rioja y la habían convertido en su eje vital

V. SOTO| LOGROÑO

La muerte de José, Zenón y Ramber deja un vacío incurable en la familia Flores. Aunque el dolor se pudiera cuantificar sería imposible medir lo que significan tres viudas, trece huérfanos y una familia inmigrante muy unida y que se encuentra rota desde ayer.

«Mi padre era muy bueno, el mejor», asegura Erwin Flores, de 23 años, hijo de Ramber. «Además, los hermanos se querían mucho y estaban muy unidos. Eran un auténtico bloque», prosigue.

A lo largo de los años, los Flores habían ido creando una tupida red de relaciones en Logroño, donde la comunidad boliviana supera las 2.500 personas, aunque la familia seguía siendo el núcleo fundamental de sus vidas. «Nos juntábamos para todo: bautizos, celebraciones, cumpleaños...», explica otro de los hijos de Ramber con una exquisita educación y una templanza admirable.

El aterrizaje de Zenón en La Rioja, hace ocho años, propició que la familia viese en La Rioja una forma de salir de la pobreza. En palabras de Roberto, primo carnal, «se esforzó para que fuésemos viniendo todos». «José se iba a marchar y en esas ocasiones nos solemos unir y venimos a compartir unas cositas de comida entre hombres. Además, dicen que no estaban tomando, sino hablando, riendo y contando cosas», asegura Dino, también primo de las víctimas.

Además de las celebraciones en la caseta agrícola de Varea, que eran habituales en fechas señaladas, todos compartían aficiones. «Les gustaba mucho la pala, el frontenis», indica Erwin, y los hermanos eran habituales del Instituto Hermanos D'Elhuyar, donde acudían para medir sus habilidades con sus compatriotas.

También el juego del 'sapo' (idéntico al de la rana español) les entretenía. «Les gustaba tanto que construyeron una mesa. Ayer, durante la barbacoa y antes de que pasase todo, estuvieron jugando al 'sapo'», incide el hijo mayor de Zenón.

«Eran muy buena gente, muy trabajadores. También les gustaba la juerga y reír, pero realmente eran muy cumplidores», asegura Julio, ex compañero y empleador de Ramber y Zenón durante casi dos años, antes de que estos se pusieran por su cuenta como autónomos.

Todos se encontraban muy integrados en la vida logroñesa. «En La Rioja siempre nos han tratado muy bien, nos han ayudado en todo lo que hemos necesitados», en palabras de Rosemary, la única hermana de esta familia de seis varones, dos de los cuales, Lucio y Roberto, viven en Bolivia, en la provincia de Santa Cruz, una zona agrícola y ganadera. «Hemos hablado con mis tíos y están muy dolidos, destrozados, como nosotros aquí», asegura Erwin. Todos vivían en Logroño en diversos pisos. Algunos, como Ramber, habían optado por el alquiler, pero Zenón había adquirido una vivienda sobre la que pesa una hipoteca que ahora parece ahogar a la familia.

«Eran muy sanos»

La desgracia ha caído en el peor momento. Primero, por el tamaño, con tres fallecimientos; y, en segundo lugar, por la situación económica. «Estábamos pasando un mal momento porque llevaban ya casi seis meses en el paro. Pero es que además eran tres personas sanas y con muy buena salud, por lo que no te lo puedes esperar jamás», trata de explicarse Carmen, mujer de Ramber.

Hasta la repatriación de los cadáveres del próximo lunes, para el que ya se han puesto en marcha el operativo del Ministerio de Exteriores y del Gobierno de Bolivia, la familia está aprovechando para reunirse al completo en Logroño. Hoy está previsto que lleguen a la capital los otros tres hijos de Ramber, que vivían en Valencia.

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