
Lo cuenta el hispanista británico Stanley G. Payne en su ensayo,
Franco le comunicó a Hitler -a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Serrano Suñer- que España no podía entrar «por gusto» en el conflicto. Exigía, como contraprestación, el control de Marruecos, el oranesado en Argelia y buena parte del territorio francés en África Occidental.
«Tras la invasión de Francia en junio de 1940, los alemanes no querían enfrentarse al régimen de Vichi, afecto a ellos», precisó el prestigioso hispanista. «Si Hitler cede a las pretensiones de Franco, los franceses colaboracionistas de los alemanes se hubieran sentido humillados, lo que hubiera resultado peligroso para los intereses de Alemania».
El dictador español exigía mucho, a sabiendas de que nunca lo obtendría. «Se negó a invadir Gibraltar a cambio de nada». Tampoco tenía claro que Hitler saldría triunfador, ni siquiera al principio, cuando todos los naipes pintaban a su favor. «Franco se salvó porque, a diferencia de Mussolini, no cometió el error fundamental de intervenir directamente en la guerra», subrayó este prestigioso hispanista.
Derrocar a Franco
Payne aventura que a Franco le vino bien que ganarán los aliados. «Uno de los planes de Hitler era derrocar a Franco a través de los falangistas y otros grupos descontentos con el régimen», afirma el historiador.
La victoria de las democracias originó la 'guerra fría' con la Unión Soviética. «Estados Unidos se dio cuenta de que España gozaba de una buena situación geoestratégica y no dudó en acercarse al régimen franquista; en política nadie hace favores de manera gratuita».
El ensayo también analiza la posición de la dictadura con respecto a los judíos. «Fue, como no podía ser menos tratándose de Franco, muy ambigua». Recibieron ayuda, pero ésta surgió -según el historiador británico- al final de la guerra. «No repatrió a España a más de dos mil sefardíes, pero permitió que todos los judíos con visados de tránsito pasaran a España antes de su traslado definitivo a otros países».
A partir de 1944, el apoyo de Franco a los judíos se fue haciendo cada vez más intenso. «Quería lavar la imagen, desmarcarse del estigma de los simpatizantes del Eje», concluyó Payne.





