Al fin libre del francés, Logroño huele a paz y a pez

Una peregrina, con un libro sobre el Camino de Santiago en su mano, pudo disfrutar de la tradición logroñesa del pan, el vino y el pez . /  JUAN MARÍN
Una peregrina, con un libro sobre el Camino de Santiago en su mano, pudo disfrutar de la tradición logroñesa del pan, el vino y el pez . / JUAN MARÍN

Miles de logroñeses culminan las fiestas patronales con el tradicional reparto en el Revellín y el resto de devociones de la jornada La lluvia no pudo con el ambiente festivo del día de San Bernabé en torno al pez, la misa y la procesión

J. SAINZ

logroño. Cuatro gotas y temperaturas frescas para hacer honor a la tradición de San Berbabé meón. Es 11 de junio en Logroño y el aire huele de forma especial. Atrás quedó la noche de vísperas, con fuegos artificiales en La Ribera y luminarias en Portales. Llegado el día del patrón de la ciudad, la historia del asedio francés es ya un recuerdo y es hora de celebrar la liberación. Con chaqueta y paraguas, los más madrugadores van llegando al Revellín a eso de las diez de la mañana. Los miembros y voluntarios de la Cofradía del Pez están trabajando desde primera hora y comienzan a servir raciones de pez, pan y vino. El olor a fritura se extiende por todo el casco antiguo: aroma 1521. Aún es pronto; todavía no son muy largas las primeras colas para cumplimentar el voto de San Bernabé.

En ese lugar que recuerda la gesta del Sitio de Logroño hace casi quinientos años, flores, jotas y bailes engalanan la puerta de Carlos I. El público que va recogiendo sus raciones se despliega por las calles adyacentes para tomar el bocado y brindar con el vecino.

Llegado el momento, el grupo folclórico Contradanza baja por Portales al encuentro de la Corporación de la ciudad, que ha sido llamada a concejo minutos antes de las once. A lo lejos, la Banda Municipal y los niños de San Bernabé vienen abriendo el desfile oficial que ha partido del Ayuntamiento y accede a la catedral por la puerta del Ángel.

El reparto del pez comenzó tímido a las diez y terminó multitudinario al llegar la procesión del patrónEl pez, según el obispo, simboliza el esfuerzo de los logroñeses; el vino, la alegría; y el pan, la bondad

Porta la bandera de la orgullosa Logroño la alcaldesa Cuca Gamarra acompañada del presidente Ceniceros, ambos con cara de circunstancias y de despedida, y seguidos a su vez de concejales, diputados, consejeros, autoridades civiles y militares, cofrades varios y convecinos todos. Entre los que esperan dentro están sus sucesores; al año que viene los veremos en parecidas lides.

El mensajero de la paz

En el templo abarrotado, misa solemne con música de órgano y el Orfeón Logroñés cantando como los ángeles. Entre nubes de incienso, oficia el obispo Carlos con otros quince sacerdotes. A cada lado del altar mayor, una imagen de la virgen de la Esperanza y otras de San Bernabé (en el Revellín, al mismo tiempo, una réplica dentro de una vitrina sigue presidiendo el reparto).

Como corresponde a la jornada, las lecturas del día son de Isaías cantando a la victoria. Y del Evangelio según san Mateo: «Pues gratis habéis recibido, dad gratis. Bien merece el obrero su sustento», predica el apóstol que fue recaudador de impuestos y también es muy querido en Logroño por vendimias. Y de los hechos de Bernabé en Antioquía se recuerda que fue donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos y el espíritu Santo dijo a los apóstoles apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que les tengo reservada.

«Compañeros de fatigas», Pablo y Bernabé, como los describe el obispo en su homilía: «Son muy hermosos los pies del mensajero que nos anuncia la paz»; ese es el papel, según Carlos, que nuestros antepasados dieron a este santo tras de resistir al invasor en 1521. El prelado riojano, interpretando las recreaciones y tradiciones bernabeas, explica el pez como símbolo del esfuerzo de los logroñeses, el vino de la alegría y el pan de la bondad, y expresa el deseo de «que nos ayuden a hacer un Logroño mejor».

Procesión y pasacalles

Las notas del coro se mezclan con las de las gaitas que proceden de la calle; han llegado en pasacalles los gigantes y cabezudos a las puertas de la Redonda. Terminada la misa antes de las 12 del mediodía, con las campanas al vuelo desde las gemelas, comienza la procesión portando las imágenes patronales. La alcaldesa, emocionada en sus últimos sanbernabés al mando, se dispone a despejar a banderazos las puertas de la vieja ciudad.

Ahora sí, las calles abarrotadas celebran que Logroño vuelve a ser libre. Por Portales, Rodríguez Paterna y la Mayor, la comitiva recibe cánticos, aplausos y pétalos de rosas. En el Revellín el pez es ya todo un gentío festejando. Llueve a ratos y a ratos sopla el frío, pero los logroñeses, renacentistas o contemporáneos, no se arredran fácilmente. Bien lo saben los franceses. Y hasta que vuelvan al próximo año, gritan: ¡Viva San Bernabé y viva Logroño!

Y aquí paz y después gloria.