«Esta señora no tiene perdón de Dios», asegura una presunta víctima de la exdecana de los psicólogos riojanos

María José Rubio Pérez afirma, en la primera sesión del juicio que se sigue contra ella, que fue «víctima de una campaña de acoso y derribo» y tuvo que «huir» de Logroño

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

De acusada a víctima. Así ha afirmado esta mañana sentirse la exdecana del Colegio de Psicólogos de La Rioja, María José Rubio Pérez, en laprimera sesión del juicio que se sigue contra ella y su expareja V.B.C. este lunes y martes en la Audiencia Provincial de Logroño por un presunto delito de estafa continuada.

En su declaración, que se ha prolongado durante más de una hora, ha relatado que las gestiones que efectuaba en la inmobiliaria eran a petición del gerente. Era él quien le decía los pagarés que tenía que firmar y con qué cantidades. Cheques que en la teoría, según ha detallado, debían servir de garantía a los clientes de que obtendrían 'pingües' beneficios en el negocio inmobiliario acudiendo a las subastas de pisos.

De hecho, la propia acusada animó a gente de su confianza, la mayoría psicólogas a las que conocía porque Rubio Pérez era en ese momento la decana de la entidad colegial, a que invirtieran en el negocio. Con este fin, tal como ha detallado, les entregaba el dinero en metálico y a cambio ella les libraba un pagaré con los supuestos beneficios.

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En noviembre del 2011 todo saltó por los aires cuando empezaron a llamar a la acusada diciendo que los cheques no tenían fondos. Aquello, según la versión de la exdecana, supuso un punto de inflexión y a partir de ahí «comenzó una campaña de acoso», una época «horrible», ha lamentado.

En ese momento se puso en contacto con el gerente, con quien «tenía una relación fantástica, familiar» y en quien había depositado su confianza pero, en aquel encuentro, el gerente le dijo que ella era la responsable. En los pagarés aparecía su firma y ella debía hacer frente. Además, «se iba a dedicar a difamarme -alegó Rubio Pérez-, y sus contactos dirían lo que él quería». Ahí arrancó la campaña de «desprestigio y difamación» que le «obligó» a dejar Logroño, ha reiterado.

El acusado, V.B.C., expareja de Rubio Pérez, ha corroborado la versión de la exdecana y reiteró la confianza que habían depositado en el gerente de la empresa, así como la «campaña de acoso» a la que, ha dicho, fueron sometidos.

Tras los acusados ha llegado el turno de algunas de las presuntas víctimas de Rubio Pérez. Uno de los hermanos supuestamente estafados, que adelantó cerca de 800.000 euros a la acusada para la compra de pisos mediante subasta, ha lamentado que «esta señora no tiene perdón de Dios». Ha asegurado, como el resto de testigos, que sólo tenían contacto con la acusada y el que entonces era su pareja. A ellos les daban el dinero, la mayoría de veces en metálico, y no al gerente de la inmobiliaria, con quien, según afirmó, no tenían ningún tipo de contacto.

En concreto, mantuvo en su relato, a tres hermanos les ofreció la compra de un piso en la calle Capitán Gaona de Logroño, una vivienda que no era propiedad de María José Rubio. De hecho, los dueños de la propiedad, que también han declarado esta mañana, han afirmado que nunca la han puesto a la venta.

El fiscal pide para cada uno de los procesados seis años de cárcel por un delito de estafa continuada, un multa de 7.200 euros y al pago de una indemnización millonaria (1,3 millones) a los afectados por una trama inmobiliaria que, según detalla la Fiscalía, urdieron ambos «para obtener un ilícito beneficio económico a costa del patrimonio ajeno».

Rubio Pérez, una antigua conocida de la justicia que ya fue condenada por la Audiencia Provincial de Navarra a seis años de cárcel por un delito similar al que ahora le imputan, empleaba siempre el mismo 'modus operandi'. De acuerdo con el relato del fiscal, «aprovechó» su condición de decana del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja y la «credibilidad» que generaba este cargo para establecer un círculo de amistad con los profesionales del colegio. Ante ellos se labró una reputación ficticia y llegó incluso a afirmar que llevaba más de 20 años trabajando como psicóloga jefa de recursos humanos en Arsys, directora de un consultorio de psicología y propietaria de una red inmobiliaria.

Con estas 'credenciales' y «aparentando una solvencia económica que no era tal», señala la Fiscalía, proponía a sus víctimas la adquisición de diferentes inmuebles a través de la inmobiliaria de la que decía ser propietaria y de las sociedades mercantil Rubiobat y Rubiomar, constituidas por el otro acusado. En algunos casos -hasta diez se acumulan en este proceso- les convencía de que se trataba de un negocio seguro y de que a cambio de inversiones inmobiliarias podían obtener unos intereses del 50% del capital aportado.

La trama se destapó a raíz de la huída de la exdecana en noviembre del 2011, cuando dejó de acudir al Colegio de Psicólogos. Su ausencia desató las sospechas en la entidad colegial y destapó un pasado hasta ese momento desconocido entre sus compañeros.

En diciembre de ese año y tras salir a la luz el pasado delictivo de la entonces máxima representante de los psicólogos de La Rioja, el colegio recurrió al fiscal para que investigara la posible comisión de un delito de quebrantamiento de condena ya que Rubio Pérez había sido inhabilitada por diez años por la Audiencia Provincial de Navarra en 1999, una inhabilitación que el Tribunal Supremo confirmó en el 2001, de ahí que cuando esta donostiarra de 61 años fue designada para pilotar a los psicólogos de la región todavía podía estar vigente el fallo judicial.

Al tiempo que llamaba a las puertas del Ministerio Fiscal, la junta de gobierno del colegio renunciaba en bloque a continuar el mandato y en un comunicado de prensa pedía disculpas por el temor a que la exdecana hubiera utilizado el nombre de la institución que pilotaba o su cargo en actuaciones que hubieran perjudicado a terceras personas o instituciones.

Por aquel entonces, aunque empezaron a gotear las dos primeras denuncias por supuesta estafa, se desconocían las dimensiones de la trama inmobiliaria que tanto María José Rubio como su pareja habían tejido en La Rioja y que había sido una réplica de la que ella, años antes, había llevado a cabo en Navarra.