Rivera rechaza las presiones de la banca y la CEOE para que ceda y pacte con Sánchez

Reunión de la ejecutiva de Ciudadanos, tras las elecciones del 28-A. / Jaime García

El líder de los liberales promete una oposición distinta a la del PP y tiende la mano al PSOE para llegar a acuerdos en cuestiones de Estado

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Albert Rivera se revuelve contra las presiones de los sectores económicos y empresariales para que explore un posible acuerdo de gobierno con Pedro Sánchez. Una alianza que Ciudadanos y el PSOE ni desean, ni se plantean en estos momentos. «Quienes votaron el domingo han sido los españoles, no la CEOE ni los bancos», aseveró este martes el líder de los liberales.

Aunque Sánchez ha decidido esconder sus cartas hasta después de las elecciones del 26 de mayo, Rivera no tiene duda de que Unidas Podemos será su socio prioritario. Una posibilidad que ha hecho sonar las alarmas en el mundo financiero y las organizaciones empresariales, que presionan desde el domingo a Ciudadanos para que levante su cordón sanitario y posibilite un Ejecutivo «moderado y estable». El acuerdo entre ambas formaciones, que suman 180 diputados (cuatro por encima de la mayoría absoluta), evitaría la tentación de Sánchez de mirar a Podemos y al independentismo para garantizar la gobernabilidad.

Pero el partido naranja se mantiene firme en su compromiso. Nada más anunciarse el adelanto electoral, la dirección de Ciudadanos descartó cualquier posibilidad de pacto con el PSOE, acuerdo que ya ensayaron ambas formaciones tras las elecciones de 2015. Un veto que ha marcado el relato de los liberales toda la campaña y que en Ciudadanos consideran que ha sido «avalado por las urnas».

Con el partido de Casado «en descomposición», los liberales se creen avalados para liderar la oposición

En una entrevista en Telecinco, Rivera recordó que su compromiso con los electores antes de empezar la contienda era el de intentar formar una mayoría alternativa a la de Sánchez y que, tras el fracaso de esta operación -pese a incrementar sus escaños en un 80%-, no puede hacer lo contrario. «En campaña he dicho, y vamos a cumplir, que si no podemos gobernar iremos a la oposición», remachó.

La formación liberal trata ahora de empujar a Sánchez hacia los brazos de Podemos y el independentismo, convencidos de que a la larga el desgaste de tener estos socios en el Ejecutivo acabará pasando factura a los socialistas. Insisten en que el pacto entre Sánchez e Iglesias «ya está cerrado» pero no lo quieren desvelar antes de las autonómicas y municipales. «Es legítimo -remarcó Rivera-, pero no me gusta».

En Ciudadanos siguen convencidos de que los pésimos resultados electorales de Pablo Casado como líder de un PP «en descomposición», le invalidan para erigirse como portavoz de la oposición. Aunque no superaron a los conservadores -a pesar del batacazo aún lograron nueve escaños más- los liberales entienden que la diferencia en votos, apenas ocho décimas, les legitiman para liderar de facto el bloque opositor y ser la alternativa a Sánchez.

«Ahora toca que Ciudadanos desde una posición liberal, constitucionalista y que desde el centro político lidere una alternativa», aseveró Rivera, con la vista puesta en el definitivo 'sorpasso' al PP que en las filas naranjas auguran para mayo .

Acuerdos puntuales

Aunque obvia las presiones y desecha un Gobierno con Sánchez, Rivera dejó la puerta abierta a llegar a acuerdos puntuales con el PSOE en el ámbito autonómico y municipal. Según argumentó, su planteamiento es desarrollar una oposición distinta a la del PP en la próxima legislatura. Prueba de ello, es que Rivera está dispuesto a tender la mano a Sánchez en asuntos de Estado «en los que estemos mínimamente de acuerdo», como es la lucha antiterrorista, la política internacional, o el cambio climático. Cuestiones en las que se compromete «a jugar con España y no con Ciudadanos».

Con mayor peso en la Cámara baja, la formación naranja presume de que jugará un papel fundamental y alerta de que vigilará de cerca al Gobierno socialista. Por lo pronto, ahora tendrán capacidad para recurrir leyes y decisiones gubernamentales ante el Tribunal Constitucional en solitario -antes no podían hacerlo al carecer de los 50 diputados para hacerlo. Lo harán, añadió, frente a «quienes quieran saltarse la Constitución», en alusión a los partidos soberanistas.

Vox engulle a toda la ultraderecha

A la derecha de Vox, un erial. El partido de Santiago Abascal fagocitó los votos de las dos únicas formaciones de extrema derecha que se presentaron a las elecciones del domingo: Falange Española de las JONS y La Falange. Losprimeros apenas reunieron 641 papeletas mientras que en junio de 2016 llegaron a las 9.909. Los segundos solo sumaron 254 sufragios. Los seguidores de ambas organizaciones formaron parte de los 2,6 millones de electores que respaldaron a Vox.

Otras formaciones de ultraderecha que participaron en anteriores convocatorias optaron por no presentarse en esta ocasión o disolverse e integrarse en el partido de Abascal. Plataforma per Catalunya se autoliquidó en febrero pasado y sus dirigentes y militantes se pasaron a Vox.

Pero Democracia Nacional, el partido más conocido de la extrema derecha hasta la aparición de Vox, evitó medirse en las urnas y prefirió coaligarse con Alternativa Española y Falange para las elecciones europeas con la candidatura ADÑ.

El partido de Abascal no goza de la simpatía de estas formaciones, lo ven como un advenedizo oportunista. Antes de las elecciones, el líder de Falange Española de las JONS, Norberto Pico, afirmó que Vox «no es más que el PP vestido de verde».