Octavos I Ida

Rodrigo acelera pero el Valencia se frena en seco

Rodrigo acelera pero el Valencia se frena en seco

El equipo de Marcelino pudo sentenciar en la primera parte, pero viajará a Rusia con un 2-1 incierto y sensación de fragilidad

MIGUEL OLMEDAMadrid

Dicen los nostálgicos que cualquier tiempo pasado fue mejor, y a veces tienen razón. El Valencia cumplirá su centenario el próximo 18 de marzo añorando a los Mundo, Waldo, Kempes, Villa, pero se consuela con los goles de Rodrigo Moreno, que no es poco consuelo, sobre todo porque acercan al club a sus primeros títulos en más de una década. Vive el delantero en un momento dulce este 2019, sumando nueve goles desde el comienzo del año: los dos últimos, en la visita del Krasnodar a Mestalla, encarrilaban el pase a cuartos de la Liga Europa... Hasta que aparecieron Gameiro, Gazinskiy y Piccini.

El francés fue el primero en presentar su concurso sobre el verde. Dominaba el Valencia desde el inicio y con claridad, maniatando a un Krasnodar que no daba señales de vida. Dominaba y ganaba bien, antes 1-0, luego 2-0, merecieron ser más. Rodrigo había deshecho el empate con un latigazo desde la frontal, guinda a un contragolpe perfecto. Rodrigo, otra vez, había duplicado la ventaja empalando un envío de Lato desde la izquierda, ahora en un ataque posicional. Le sobraban registros al Valencia cuando apareció Gameiro, en fin, para cambiar el signo del partido.

2 Valencia

Neto, Piccini, Gabriel, Diakhaby, Lato, Soler, Parejo, Coquelin, Guedes (Cheryshev, min. 70), Rodrigo (Mina, min. 62) y Gameiro (Sobrino, min. 78).

1 Krasnodar

Safonov, Petrov, Martynovich, Spajic, Ramírez, Gazinskiy (Golubev, min. 89), Kaboré, Olsson, Wanderson (Suleymanov, min. 80), Claesson y Stotskiy (Ari, min. 55).

goles
1-0: min. 12, Rodrigo. 2-0: min. 24, Rodrigo. 2-1: min. 63, Claesson.
árbitro
Orel Grinfeld (Israel). Amonestó a Parejo y Coquelin, del Valencia, y a Kaboré, Claesson, Martynovich y Olsson, del Krasnodar.
incidencias
Partido de ida de los octavos de final de la Liga Europa disputado en el estadio de Mestalla, en Valencia.

Corrió Gonçalo Guedes el enésimo contraataque a la espalda del mediocampo ruso, descoordinado en la presión. Corrió el portugués y habilitó a Rodrigo, desmarcado en el carril zurdo y con tiempo y espacio para decidir qué pasaría en el área del Krasnodar. Esperó a Gameiro, puntual a su cita con el remate en el área pequeña, y le puso el balón en su bota derecha. La buena. Con toda la portería para sí, el francés disparó al único sitio donde no marcaría: sobre un ya vencido Safonov, que se estiró a la desesperada por cubrir algo más que el primer palo. Le salió bien.

El Valencia pagaría carísimo el no rematar a un rival que tenía sobre la lona. Apareció ya antes del descanso Gazinskiy, de ingrato recuerdo para la selección española en el último Mundial, y se metió en el bolsillo el centro del campo de Mestalla. Ay, esa amarilla forzada de Kondogbia ante el Celtic... En todo caso, y como ya viene siendo por costumbre, el Valencia sobrevivió buenamente empaquetado frente a Neto. Aunque el brasileño tuvo que intervenir para atajar un chut de Stostskiy que se envenenaba, poco antes de contemplar aliviado cómo el cabezazo de Spajic, incomprensiblemente solo en el segundo palo, se marchaba alto.

Tras el entreacto, el Krasnodar continuó a lo suyo, léase al ritmo de Gazinskiy, y el Valencia mientras contemplativo, sin saber por qué había pasado de titiritero a marioneta en menos de lo que estalla una mascletà. En esas apareció Piccini, hasta el momento correcto en el lateral derecho, de menos a más a lo largo de la temporada después de un inicio repleto de críticas, y recordó al personal el porqué de esas críticas. Gazinskiy -y quién si no- puso el balón a la espalda del italiano y éste, desnortado, directamente colocó una alfombra en el camino de Claesson hacia la portería: 2-1 y a sufrir.

En la media hora final, el Valencia bastante tuvo con dar por buena una victoria pírrica que antes había pintado a sentencia. El próximo jueves viajará a la siempre complicada ciudad de Krasnodar con todo por decidir y, lo que es peor, la sensación de haber perdido un encuentro que en realidad había ganado. Peligro, peligro.