Sergio del Molino: «Lo de 'la España vaciada' me parece, además de espantoso, innecesario»

Sergio del Molino. /Virginia Carrasco.
Sergio del Molino. / Virginia Carrasco.

Del Molino, que presenta hoy el nuevo número de la revista Fábula, advierte del «difícil futuro» de las ciudades medianas como Logroño Sergio del Molino Escritor

Pío García
PÍO GARCÍALogroño

A Sergio del Molino (Madrid, 1979), autor de La España vacía, le pasa como a las bandas de rock que un día sacan un temazo que rápidamente se convierte en un clásico: por más discos buenos que publiquen después, el público siempre les pide la misma canción. El escritor, residente en Zaragoza, apadrina hoy en Logroño el nuevo número de la revista literaria Fábula. A las 19.30 horas, en el Espacio Santos Ochoa (Calvo Sotelo 19), Del Molino hablará de «las aldeas Potemkin: la España vacía como un decorado».

- ¿Se siente atrapado por el éxito de 'La España vacía'?

- Creo que no han pasado los suficientes años como para que me canse, aunque a veces sí noto que me repito un poco. Pero lo llevo agradecidísimo. Es bueno que el tema esté candente, que despierte interés y que se debata. Y ya no soy la única voz en ese debate, ni mucho menos. Ha generado una discusión que supera con mucho los límites de lo que me propuse al escribir el ensayo.

«Sin darnos cuenta, y sin apreciarlo, hemos construido una sociedad muy compleja y muy libre» LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

- Usted tuvo el acierto de nombrar una realidad que quizá estaba pasando desapercibida. ¿Le sorprendió la respuesta? Fue como si, de repente, todos nos hubiésemos caído de un guindo.

- Me sorprendió mucho. Cuando uno escribe un libro, lo normal es que no pase absolutamente nada; una indiferencia completa más allá de tu entorno más cercano. Sí, me sorprendió. Quizá faltaba un nombre con el que se sintieran identificados la mayoría de los afectados y cuando eso sucedió se produjo una especie de catarsis. La literatura recoge lo obvio, lo que está delante de nuestras narices, y al nombrarlo hace que muchas conciencias se alboroten.

- De la 'España vacía' hemos pasado a la 'España vaciada'. ¿Qué adjetivo prefiere?

- Lo de la 'España vaciada' me parece, aparte de espantoso, completamente innecesario. El poder que tiene la expresión 'España vacía' es muy superior al matiz que introduce lo de 'España vaciada', que además remite a un victimismo que creía superado; un relato ideologizado que pretende subrayar la existencia de una conspiración o de una mano negra detrás. Claro que ha habido una desidia política que ha contribuido al despoblamiento, eso es indudable, pero no es esa la única causa. Es una dinámica mucho más compleja, no diré inevitable, pero sí difícilmente soslayable en el contexto económico mundial. Va mucho más allá de las omisiones o las decisiones equivocadas de algunos políticos. Es mucho más complicado, mucho más profundo. Lo de 'vaciada' me parece una corrección un poco ridícula e innecesaria, pero allá cada cual.

-¿Corremos el peligro de idealizar la vida en los pueblos? También había miseria, odios heredados de padres a hijos, trabajo ingrato...

- En el libro trato de huir de ambos tópicos: el de la Arcadia feliz y el de la España negra de los odios ancestrales. Son dos reducciones que no se sostienen: ni es una Arcadia ni un lugar siniestro. Yo quería un acercamiento desprejuiciado; un ensayo escrito por alguien que no tenía deudas autobiográficas con ese mundo, que escribía desde fuera.

- Los pueblos están más cuidados que nunca, pero la gente se sigue yendo. ¿Vivimos un cambio cultural irremediable?

- La dinámica mundial es esa. Lo estamos viendo en Occidente, también en China: vamos hacia las megaconcentraciones urbanas. Y eso no solo afecta a los pueblos pequeños, también a las capitales de provincia, de las que apenas se habla. Las ciudades medianas van a tener una viabilidad muy difícil en Europa. Sitios como Logroño, que hoy gozan de una altísima calidad de vida, tienen un futuro muy comprometido con las dinámicas actuales. Ese es un elefante en la habitación que nadie quiere ver. Mientras no haya un giro radical y brutal, copernicano, en nuestro modo de vida, en nuestro modo de producir y de consumir, el vaciamiento va a proseguir; y todo lo que hagamos desde la política serán parches.

- De la 'España vacía' ha pasado a los 'Lugares fuera de sitio', su último ensayo (Premio Espasa 2018). Da la impresión de que, como autor, le interesa mucho el efecto de la geografía sobre las personas.

- Muchísimo. Crecí fascinado por los mapas y por los viajes. Me encantan las rarezas de los mapas. Son curiosidades que nacen de una pulsión muy infantil, pero que me permiten, a través de un paseo (físico, literario, histórico) por esos lugares, intentar entender qué diablos es este país en el que vivimos, cómo se obró el milagro de la convivencia entre gente tan distinta y cómo podemos mantenerla.

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- No parece fácil, si tenemos en cuenta la gresca continua en la que vivimos. ¿Estas polémicas sucesivas son más aparentes que reales o acabarán por afectarnos?

- Están afectando, pero menos de lo que parece. La sociedad española, como hemos visto en estas elecciones, es mucho más sensata que otras europeas que presumen de ser más civilizadas. Aquí no hay un Salvini en el Gobierno ni un Orban, y los discursos xenófobos y ultraderechistas están muy acotados y no calan en la sociedad. Sin darnos cuenta, y sin apreciarlo, hemos construido una sociedad muy compleja y muy libre, con una calidad democrática muy sólida que ha demostrado aguantar muy bien las sucesivas crisis, tanto económicas como sociales y territoriales. El edificio ha sufrido daños, pero los cimientos aguantan. Y eso es muy bueno.

- Por lo que veo, la irrupción de Vox no le preocupa demasiado.

- Es muy arriesgado hacer predicciones, pero mi sensación es que han tocado techo. Ahora vamos a ver que no tienen un discurso que pueda sostenerse en el tiempo y que pueda hacer crecer su base. No hay espacio en la sociedad española para un discurso ultraderechista. Se van a quedar ahí. No creo que vayamos a ver un Frente Nacional.

- ¿Tiene entonces la sociedad española un problema de autoestima?

- Pero eso es bueno porque está relacionado con la construcción de una sociedad democrática fuerte. La ausencia de chovinismo, de un nacionalismo español potente (que existe y ha rebrotado, pero es marginal) y esa desidia por las cuestiones relacionadas con el orgullo patriótico es lo que ha desembocado en una sociedad con gran calidad democrática.

- Regresando a la literatura, usted se atrevió a narrar la enfermedad y muerte de su hijo en un libro impactante, 'La hora violeta' (2013). ¿Cómo afrontó esa narración? Umbral, en 'Mortal y rosa', lo hizo de una manera más lírica y usted escogió una prosa descarnada.

- 'La hora violeta' fue escrito un poco en estado de trance, aunque plenamente consciente. Pero fue un libro profundamente poético. Para mí la poesía está en la expresión directa, en encontrar las palabras, sin eufemismos, que de la manera más ajustada posible puedan reflejar el sentimiento que hay detrás.

- ¿Y cómo se escriben otras cosas después de vaciarse de ese modo en un libro?

- Porque no sé hacer otra cosa. Yo todo lo filtro a través de la escritura. Para mí 'La hora violeta' no fue un final, sino un principio. Escribir ese libro me cambió la voz, la visión del mundo... todo. En realidad todos mis libros, incluso los ensayos, hablan de la ausencia y del vacío y no se comprenderían sin 'La hora violeta'.