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Que perros y gatos son enemigos irreconciliables lo sabemos todos, especialmente quienes hemos vivido en algún pueblo. Cuando un perro se tropieza con un gato, ... lo persigue como si la vida le fuera en ello. El perro es, en general, un animal amistoso, que toma rápidamente cariño a su dueño, mientras que el gato, también en general, es muy esquivo y no demuestra cariño por nadie, solamente tolera a quien le da de comer. Sí, el gato suele ser un animal esquivo, pero no tanto como el teléfono provincial riojano de Muface, que es un teléfono imposible. He intentado llamar, durante dos horas, y siempre el mismo protocolo e idéntico resultado: llamada en espera. Una voz en off coloca la llamada en quinto o sexto lugar en la espera, luego va avanzando, cuarto..., tercero..., segundo..., primero...y, cuando piensas que te va a tocar, finaliza la llamada. Incluso, la última vez que tuve moral para llamar, me tocó ser atendido, pero nadie cogió la llamada. Sí, una tomadura de pelo, pero España y yo somos así, señora. Todo hay que decirlo, en el teléfono nacional de la Administración General, tras mucha máquina parlante y tres intentos de dar con el lugar apropiado, conseguí que me atendieran. Con lo fácil que era todo antes, cuando, sin pedir cita, ibas al pasaje de Portales y, en un minuto, te solucionaban el problema. Ahora, que estamos en la era digital, con unas apps que te vuelven loco para encontrar lo que quieres, no hay manera de hacer una gestión –y que conste que he sido treinta años profesor de informática, tampoco soy un negado en nuevas tecnologías–.
Volviendo a perros y gatos, yo siempre he sido más de perros. En casa, desde niño, siempre ha habido uno, aunque no vivía en ella, hasta que mi hijo decidió meter un cachorro en su habitación, le dio todos los caprichos y le hizo envidioso, enemigo del mundo, canino y humano, e infeliz. Hay muchas personas que creen hacer un gran favor a los perros tratándolos como personas, y no es así porque nuestros gustos y necesidades no coinciden con los suyos. Los gatos son otro cantar, no se quedan en casa y se reproducen rápidamente, salvo que sean esterilizados. Por cierto, parece que los encargados de controlar y esterilizar a las colonias de gatos son los ayuntamientos, pero tengo entendido que muchos no lo hacen por falta de presupuesto. Hace cincuenta años, tenía un tío que era especialista en castrar gatos; eran otros tiempos y lo hacía sin miramientos, luego se subían por las paredes. Uno de los grandes avances del animalismo, para mejorar la vida de perros y gatos, ha sido prohibir el maltrato. Ahora no se puede cortar la punta de rabos y orejas; otra cosa sí se puede.
Muface no maltrata a perros y gatos, pero sí a quien intenta llamar a su teléfono riojano.
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