Cuando el amor no entiende de barreras

Ángel Gil y Pili González se dan un beso. /Antonio Díaz Uriel
Ángel Gil y Pili González se dan un beso. / Antonio Díaz Uriel

Diario LA RIOJA charla con tres parejas riojanas, en las que uno o ambos miembros cuentan con alguna discapacidad, acerca de los retos que han encarado hasta conseguir vivir juntos | La sobreproteccion familiar y la falta de solvencia económica son los princiales obstáculos para inciar un proyecto en común

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOLogroño

Hay miradas que no engañan y gestos que lo dicen todo. Se quieren, se entienden y se complementan. Poco importa que en ellos el factor de la discapacidad esté presente. Ellos reivindican su derecho a tener una relación plena y una vida independiente, al igual que cualquier otra persona. Diario LA RIOJA ha charlado con tres parejas riojanas para las que no existen barreras que pongan coto a su amor y que constituyen todo un ejemplo de normalización.

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Sin embargo, el camino hasta aquí no ha resultado sencillo para las personas con capacidades diferentes. Ha costado derribar prejuicios, temores y tabús y acostumbrar a quienes por las calles los observaban con miradas curiosas.

No obstante, quedan aún ámbitos por explorar. Pero la naturalidad con que muchos llevan sus relaciones resulta además un buen testigo de la propia evolución de la sociedad. En pocas décadas, las personas con discapacidad han pasado de vivir en un entorno de sobreprotección a que puedan desarrollar vidas autónomas y en pareja.

Pablo y Pilar aparcan sus sillas eléctrónicas en el salón de su casa.
Pablo y Pilar aparcan sus sillas eléctrónicas en el salón de su casa. / Justo Rodriguez

Para los que las han logrado, ha sido fundamental contar con la comprensión y el espaldarazo de su entorno más cercano (familia y amigos). También con el respaldo de entidades como Aspace Rioja o Plena Inclusión La Rioja. Éstas imparten además formación y asesoramiento en cuestiones de educación sexual, afectividad e intimidad. Sin embargo, todavía resta revestir de esa misma normalidad el espinoso tema de la posibilidad de un embarazo.

Pili González y Ángel Gil «La convivencia nos ha unido aún más»

Ángel le debe mucho a aquella jornada de lluvia. Conoció a Pili (con discapacidad visual y auditiva) hace 18 años, cuando la ONCE la envió a trabajar al Centro Especial de Empleo para personas con parálisis cerebral de Aspace Rioja, donde estaba ocupado él. «Fue verla y dije 'ésta para mí'», recuerda Ángel con sus ojos vivarachos bien abiertos al evocar este pasaje de su memoria. Aquel día, este arrubaleño sintió lo que no duda en calificar de «un flechazo».

La sobreprotección familiar y la falta de solvencia económica son los principales obstáculos para iniciar un proyecto común

No obstante, Pili no estaba dispuesta a ponérselo fácil. «Se hizo la dura y me costó un año salir con ella», continúa con su gracia intrínseca el de Arrúbal. Pero Ángel no tenía intención de arrojar la toalla. No le amilanaban ni los once años de edad de diferencia en favor de Pili, ni la oposición del padre de ella a que entre ellos se gestara algo más que una amistad. Le decía para quedar con los amigos de Aspace una y otra vez. Hasta que un día de lluvia, Pili accedió a que la llevara en coche hasta su casa (Ángel es uno de los primeros usuarios de Aspace Rioja con carné de conducir y un excelente conductor) y se rindió al amor. «Había mariposillas», afirma él.

«Es tanto el cariño que sientes por la otra persona que te apetece compartir más tiempo con ella» ÁNGEL GIL / PARÁLISIS CEREBRAL

Desde entonces son inseparables, pese a que en sus inicios tuvieron que lidiar con alguna contrariedad. «Mi padre era reacio a nuestro noviazgo, por lo que Ángel evitaba dejarme o recogerme en mi portal y se quedaba dando vueltas», cuenta Pili. Pese a todo, él no dejó de ir todos los miércoles, sábados y domingos a Logroño para ver a su «cariño». La madre y hermanas de ella les echaban un capote.

Mucho ha llovido desde entonces y otros obstáculos asomaron a su camino en común. «Desde el primer momento quisimos vivir juntos porque es tanto el cariño y el amor que sientes por la otra persona que te apetece compartir más tiempo con ella», razona él.

«Mi padre era reacio a nuestro noviazgo, por lo que Ángel evitaba dejarme o recogerme en mi portal» pili gonzález / discapacidad auditiva y visual

Tuvieron que tener paciencia porque ambos debieron enfrentar la enfermedad de sus respectivas madres cuando estaban ya preparados para dar el paso. Hace un año y medio hicieron realidad su deseo.

«La experiencia ha resultado muy buena, ya que nos ha unido aún más», asegura Pili, quien destaca que su vida es «igual a la de cualquier otra pareja». «Nos ayudamos y nos complementamos. Lo que ella no puede hacer, lo hago yo y viceversa», abunda el novio.

«Además, nos ha venido bien estar juntos porque, si no, ella viviría sola en su casa y yo en la mía», expone práctico Ángel. Él admite que Pili le aporta «seguridad». A ella se le ocurren «tantas cosas» que prefiere resumirlo en «lo bueno y lo malo»; aunque, por encima de todo, en «ganas de vivir».

Mariví Doncel y Eduardo Carrillo «Funcionamos mejor así, sin necesidad de casarnos»

Entre Eduardo y Mariví todo nació como una amistad entre dos alumnos con discapacidad intelectual del colegio Marqués de Vallejo. De ahí pasaron al centro de Asprodema «y comenzamos a conocernos más y, poco después, a salir», rememora él. De eso, han pasado 18 años, de los cuales 7 llevan conviviendo.

«Queríamos iniciar otra etapa y las dos familias lo acogieron bien y están contentas por nosotros» EDUARDO CARRILLO / DISCAPACIDAD INTELECTUAL

«Las dos familias lo acogieron bien cuando dijimos de irnos a vivir juntos porque todos nos conocemos y están contentos por nosotros», señala él. En su caso, formar un hogar fue la evolución natural de una pareja que anhela «iniciar otra etapa». «Somos felices así», admite Mariví.

Mariví Doncel y Eduardo Carrillo decoran el árbol de Navidad en casa.
Mariví Doncel y Eduardo Carrillo decoran el árbol de Navidad en casa. / Justo Rodriguez

Aunque sus jornadas laborales opuestas (Mariví trabaja por las mañanas en el centro Asprem y Eduardo, de tardes en Standard Profil) no les permiten compartir demasiado tiempo entre semana. «Sólo nos vemos por la noche para cenar y ver un poco la tele», dice apenado el novio. De todos modos, saben que son unos afortunados. «En mi trabajo hay parejas que no pueden irse a vivir juntas porque no les alcanza el dinero», reconoce ella. Y es que en demasiadas ocasiones las personas con discapacidad reciben sueldos bajos, lo que les impide disponer de la solvencia económica para emprender un proyecto de vida en común.

«Hay parejas que no pueden irse a vivir juntas porque no les alcanza el dinero» mariví doncel / discapacidad intelectual

La suerte también les ha acompañado porque cuentan con el respaldo de los suyos. «Tener el apoyo de las familias es lo más difícil porque algunas siguen tratando a sus hijos como si tuvieran ocho años, pese haber cumplido los 40», expone Mariví. Ellos han podido abordar su relación ante sus seres queridos «con naturalidad», algo aún no al alcance de todos. En cuanto a una posible boda o la idea de tener hijos, desestiman ambas opciones. «Creo que funcionamos mejor así», resuelve sin titubeos ella.

Pilar Jiménez y Pablo Terrazas «Teníamos que intentarlo y ver si fluía o no»

La historia de Pilar y Pablo también hunde sus raíces en la juventud y cristalizó en «un flechazo». Se conocieron en un lugar tan poco romántico como un hospital (el San Millán, para más señas) cuando ella rondaba los 12 y él había soplado ya las 15 velas. Ella padecía de la espalda y él, con parálisis cerebral, debía de acudir al centro sanitario para mejorar su movilidad. De su primer encuentro fue testigo la unidad de rehabilitación. Allí empezó una relación de amistad entre sus respectivas familias que, con los años, fraguó en un noviazgo entre una mujer sin discapacidad y un hombre con un envidiable sentido del humor, aunque con algunas limitaciones motoras. «Nunca pensamos que acabaríamos así», coinciden los dos.

«No hay que poner muros de antemano porque quizá con una persona con discapacidad seas muy feliz» PABLO TERRAZAS / PARÁLISIS CEREBRAL

Mucho tuvo que ver en esta historia el destino e Inma, una amiga de ambos. Una noche quedaron a cenar los tres, pero Inma no pudo acudir y se canceló. Tiempo después decidieron retomar ese triple encuentro. Inma les volvió a fallar. Aunque, en esta ocasión, se podría afirmar que hubiera sobrado. «Siempre digo que debió de hacerme algún truco o echarme algo en la cena», bromea Pilar. El caso es que algo cambió en sus miradas aquella noche del 2000 y desde entonces son uno.

Pablo Terrazas y Pilar Jiménez.
Pablo Terrazas y Pilar Jiménez. / Justo Rodriguez

«Parece que tienes el destino marcado», reflexiona la mujer; quien comenta que salió de esa velada «sin miedo» y decidida a escribir las primeras líneas de una historia de amor con una persona con discapacidad.

«Cuando empezamos a salir había gente quenos miraba con curiosidad o con ternura» PILAR JIMÉNEZ / SIN DISCAPACIDAD

«Fue una sorpresa incluso para mí, pero pensé que nadie podía rechazar a nadie por tener una discapacidad. Teníamos que intentarlo y ver si fluía o no», continúa. Quizá lo más complicado fue comunicarlo a su familia. «Para mis padres supuso un impacto porque no sabían cómo saldría esto; pero ahora están encantados. Quieren muchísimo a Pablo, como si él fuera también su hijo», apunta.

En el 2002, a los dos años de noviazgo, rubricaron su amor pasando por el altar. Pilar no oculta que tener una pareja con discapacidad conlleva algunas cesiones. «Por las mañanas me levanto antes para ayudarle a vestirse, pero no porque no pueda; sino por una cuestión de rapidez. Y cuando viajamos o salimos, escojo sitios accesibles. Al final se trata de una rutina de vida», sostiene.

Ellos se sienten «una pareja más»; si bien es cierto que admiten que «cuando empezamos a salir había gente que nos miraba con curiosidad o con ternura». «Hoy en día esas miradas han desaparecido», agradecen. Su historia quieren que sirva para lanzar un mensaje. «La gente no debe tener miedo a iniciar una relación con una persona con discapacidad. Puede que ésta salga adelante o no, pero no hay que poner barreras de antemano porque quizá esa persona es con quien más feliz vayas a ser», concluye Pablo.

 

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