La estatua que iba a ser de Franco y acabó en labrador

Multitudinario acto de inauguración el 21 de septiembre de 1967. :: Foto Teo (casa de la imagen)/
Multitudinario acto de inauguración el 21 de septiembre de 1967. :: Foto Teo (casa de la imagen)

Se cumplen 50 años del popular monumento logroñés que Dalmati se negó a hacer al dictador y dedicó a la gente del campo

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

Mirando hacia la Gran Vía, en la bifurcación de las calles Jorge Vigón y Villamediana, la Estatua del Labrador deja bien sentado que La Rioja es tierra de azada, boina y morral y no de prebostes.

El 21 de septiembre de 1967, hace medio siglo, el monumento cincelado por Alejandro Rubio Dalmati era inaugurado en presencia de las más altas autoridades -entre ellas el exministro Eduardo González Gallarza y el cónsul de Chile en España-, así como de cientos de ciudadanos, que por aquellas fechas disfrutaban de los sanmateos.

Ante los representantes de la Delegación de Agricultura, la Hermandad de Labradores y Ganaderos y la Cámara Oficial Sindical Agraria, Víctor de Lerma y Gurtubay -desde hacía pocos meses nuevo alcalde de la ciudad- tuvo palabras de alabanza y felicitación por la iniciativa impulsada tiempo atrás por su predecesor en el cargo, Julio Pernas Heredia. Lo que quizás ignoraba el nuevo regidor era el trasfondo del proyecto, que había nacido sin vocación labriega alguna.

Alejandro Rubio Dalmati recibirá el próximo día 20 un homenaje por parte del Ayuntamiento logroñés

Un año antes, propuso Pernas Heredia al escultor erigir un monumento en honor al general Franco, puesto que el Caudillo carecía de tal símbolo en la ciudad, a diferencia de otras muchas capitales de provincias. Ni corto ni perezoso, Rubio Dalmati se negó en rotundo:

-Yo no hago esculturas a políticos- se excusó, evitando pronunciar la palabra dictador.

-Entonces -replicó el primer edil algo envarado-, ¿a quién se lo harías?

-A un trabajador, a un obrero, a un labrador...

Medio millón de pesetas

Y así fue como Dalmati, tras desafiar al Régimen, se ofreció a diseñar y cincelar la Estatua del Labrador , ayudado por su inseparable sobrino Alejandro Narvaiza. El Ayuntamiento sólo contribuyó con las 500.000 pesetas que costaron los materiales.

¿Por qué el escultor riojano nacido en Chile se había negado a hacerle un monumento al Generalísimo, en plena dictadura y dejando de ingresar un cuantioso estipendio?

Alejandro Rubio Dalmati había nacido en la ciudad chilena de en Chillán (1913), hijo de un tallista de Fuenmayor, si bien llegó a Logroño con apenas cinco años. Destacó desde niño por su talento artístico, estudió Bellas Artes en la Academia de San Fernando de Madrid y tres cursos de Anatomía. Fue en la capital de España donde Dalmati conoció a Picasso y donde la escritora Gabriela Mistral, cónsul de Chile, tramitó su doble nacionalidad chilena y española, que le eximió del servicio militar.

El estallido de la Guerra Civil le trajo de nuevo a Logroño, donde fue denunciado por su inclinación republicana y encarcelado en la Prisión Provincial. Sólo el pasaporte chileno libró a Rubio Dalmati de ser fusilado en los paseíllos diarios que llevaban a los presos políticos ante el paredón, -como refleja Patricio P. Escobal en 'Las sacas'-. «A mí me mataron una noche, a los 23 años -recordaba-, cuando de los catorce presos que ocupábamos la celda, los otros trece murieron fusilados horas después».

La condición de extranjero y las gestiones de un pintor jesuita amigo suyo lograron embarcarlo en un vapor y enviarlo rumbo a América. En Chile partió de cero en el mundo de las artes, se ganó una enorme reputación que siguió creciendo cuando regresó a España en los albores de los 60. Dalmati murió en Logroño el 16 de mayo del 2009 como uno de los mejores escultores riojanos de todos los tiempos.

El próximo día 20, en plenas fiestas mateas, la ciudad rendirá homenaje a este gran escultor y pintor.

 

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