«Somos unos afortunados y tenemos que cuidarnos»

Trotamundos. Caneda con las camisetas del Athletic, Cádiz, Mirandés y Racing de Santander. :: J.J.ayugües/ó. chamorro/a. gómez/a. fernández/
Trotamundos. Caneda con las camisetas del Athletic, Cádiz, Mirandés y Racing de Santander. :: J.J.ayugües/ó. chamorro/a. gómez/a. fernández

El celo extremo en la alimentación y la preparación física son claves para que César Caneda siga rindiendo a pesar de su edad

E.M. LOGROÑO.

César Caneda es famoso entre sus compañeros de vestuario por cuidarse con mucho celo.

- ¿Cuánto hay de cierto y cuánto de leyenda urbana en aquellos que describen a César Caneda como una persona obsesionada por la comida y que vive casi como un monje?

- (Risas). Hay mucha leyenda urbana (más risas). Cuando tienes cuarenta años parece que todo se magnifica. Intento cuidarme para alargar esto que tanto me apasiona y para ello pongo mis medios. A lo largo de estos años vas coincidiendo con médicos, preparadores físicos, entrenadores... Intento ser esponja y aprender de todos. Además me apasiona el mundo del deporte y siempre estoy leyendo, estudiando, acudiendo a charlas... Pero si un día tengo que salir de cañas con los amigos no dejo de hacerlo. Pero intento mantener unas rutinas. Al final somos unos afortunados por poder vivir del fútbol y tenemos que cuidarnos.

- ¿Se puede conocer alguna de esas rutinas de las que habla?

-El tema de la comida sí que lo llevo bastante controlado. De hecho suelo basar mi dieta en productos naturales, intento evitar los alimentos procesados. Y no quita para ir un día a cenar una hamburguesa con los amigos.

- ¿Es usted de los que llevan al extremo la máxima que asegura que somos lo que comemos?

- Sin duda. Es fundamental. El problema grave que tenemos en la sociedad en cuanto a obesidad infantil está cimentado en cómo comemos y en el estilo de vida que estamos llevando. Son valores que si no los inculcas de pequeños, es muy difícil hacerlo luego.

- ¿Y en casa impone su forma de comer a su mujer y a sus hijos?

- Hay momentos en los que mi mujer me tiene que tirar de las orejas y decirme 'deja a los niños tranquilos' (risas). Es un tema social. El que lleva un donuts al colegio es el normal y el que lleva unos frutos secos es el raro. Eso tiene que cambiar. Los malos datos están ahí. Y esto hay que unirlo al sedentarismo. Antes quedábamos para jugar en el parque, ahora quedan para jugar online, cada uno en el sillón de su casa.

 

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