Análisis

Las dos caras de Benzema

Karim Benzema, con rostro serio en La Rosaleda. /Javier Soriano (Afp)
Karim Benzema, con rostro serio en La Rosaleda. / Javier Soriano (Afp)

El ariete, entonado en el pase, salió de La Rosaleda con los mismos tantos en Liga que Casemiro, el mediocentro defensivo de un equipo que demanda otro goleador al margen de Cristiano

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Un delantero que parece tenerle alergia a la portería pero que luce a las mil maravillas jugando de espaldas a puerta, asociándose con sus compañeros y dando el último o, en este caso, el penúltimo pase. Benzema, en Málaga, fue más Benzema que nunca, para lo bueno y lo malo. Dividiendo como casi siempre los análisis entre aquellos que asumen su argumentación cuando renovó hasta 2021 de que «un delantero moderno es más que gol» y quienes le reprochan unos registros anotadores impropios para un punta de máximo nivel, el francés se movió como un león en el vértice del área y como un gatito cuando enfocó el marco de Roberto.

Salió Benzema de La Rosaleda respaldado nuevamente por Zinedine Zidane, que aseguró que su compatriota «no va a tirar la toalla» pese a ser un curso «complicado» para él «a nivel de goles», pero con sangrante dato comparativo, ya que tras firmar el segundo tanto del Real Madrid ante el Málaga, Casemiro suma cinco dianas en la presente Liga, las mismas que el '9' en el campeonato. Paradójico que el mediocentro de contención, el ancla de la medular, tenga tanto olfato como el ariete, al que se le presuponen muchísimas más virtudes para pulverizar la meta contraria.

Una situación que no tiene parangón dentro del fútbol español, donde los grandes se caracterizan por contar con un delantero centro con mucha pólvora. Luis Suárez ha sellado 23 de los 81 tantos que lleva el Barça en Liga, el 28,4%; Antoine Griezmann ha certificado 19 de los 54 goles del Atlético, el 35,1%; y Rodrigo Moreno ha rubricado 15 de los 60 del Valencia, una cuarta parte del total. Ninguno de esos equipos cuenta, por el contrario, con un 'stopper' con tanta llegada como Casemiro. El azulgrana Sergio Busquets sólo ha anotado una diana en el torneo, el valencianista Geoffrey Kondogbia ha hecho cuatro y el rojiblanco Gabi, ninguno.

Vértigo ante la portería

Benzema está firmando su campaña más anémica desde que aterrizó en Chamartín en 2009, siendo el cuarto máximo artillero de los blancos entre todas las competiciones con nueve tantos, por detrás de Cristiano Ronaldo (41), Gareth Bale (14) y Marco Asensio (10). Lleva las mismas dianas que en su primer curso como madridista, aunque entonces las repartió en 33 encuentros y en este ha participado ya en 38. Si en aquella temporada marcaba cada 190 minutos, ahora lo hace cada 294. Una frecuencia sensiblemente inferior a la de la pasada campaña (una diana cada 170 minutos) y notablemente más pobre que la de la 15-16 (una cada 92).

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Nunca ha sido el galo de aquellos delanteros que salivan cuando ven la portería. Para eso ya está Cristiano Ronaldo. Pero esta temporada parece aquejado de vértigo cuando atisba al guardameta rival. Ante el Málaga no efectuó ni un solo remate con peligro y sus gestos cada vez que la bola se marchaba fuera o era repelida por un adversario atestiguaban que pese a su proverbial sangre fría, lo suyo empieza a ser de diván.

Completamente diferente fue su rostro cuando no le tocó finalizar la jugada. Su calidad y altruismo resultó providencial para el tanto de Casemiro, metiéndole una pelota a Isco que el malagueño aprovechó para dar el pase de la muerte al brasileño. Estuvo a punto de servir también un gol a Sergio Ramos tras una cabalgada culminada con un recorte a Rosales que dejó al camero a los pies de Roberto, aunque al central apenas le dio tiempo a acariciar el cuero. Para entonces ya estaba sobre el césped Borja Mayoral y el galo, liberado de su condición de único referente arriba, se movía a sus anchas.

En sus nueve temporadas en el Real Madrid, Benzema ha gozado de la condición de intocable. Sólo la pugna con Gonzalo Higuaín, al que José Mourinho prefería antes que salir a cazar con un «gato», complicó su presencia en las alineaciones. Ojito derecho de Florentino Pérez y debilidad también de Zidane, que llegó a decir que «al que le guste el fútbol, le tiene que gustar Benzema», el marsellés le dejó en el banquillo frente al Atlético y la Juventus antes de recuperarle para la visita a Málaga, donde descargó sobre sus botas el peso del ataque en ausencia de Cristiano y Bale. Cumplió sólo a medias mientras siguen sonando nombres como los de Robert Lewandowski o Harry Kane para reforzar al equipo en verano en la necesaria remodelación de un tridente en el que la 'C' se agiganta mientras se empequeñecen cada vez más las dos 'B'.

 

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