Montserrat Caballé, la gran diva que no quería serlo

Montserrat Caballé, la  gran diva que no quería serlo

La legendaria soprano, que abordó con su técnica impecable más de cien grandes papeles, muere a los 85 años

MIGUEL LORENCI MADRID.

Jamás quiso ser una diva, pero para todos 'La Superba' (La Suprema). Su voz portentosa y su impecable técnica convirtieron a Montserrat Caballé en una de las grandes sopranos de la historia. Su nombre quedará inscrito en letras de oro en los anales del bel canto junto a los de María Callas -que la designó como digna sucesora-, su admirada Renata Tebaldi, Joan Sutherland o Marilyn Horne. Su voz se apagó ayer y la lloró todo el mundo. Con 85 años fallecía en el Hospital Sant Pau de su Barcelona natal, donde una chiquita de origen humildísimo se convirtió en una leyenda, pasando de una oscura fábrica de pañuelos a brillar con luz propia y reinar en los mejores escenarios del mundo con Mozart, Wagner, Puccini o Bellini.

Su muerte saltó a las portadas y aperturas de todos los grandes medios del mundo y se dolieron por su pérdida sus colegas y todos los grandes teatros. Su funeral reunirá hoy en el Tanatorio de Les Corts a las grandes personalidades de la vida cultural, social y política. Su salud se había deteriorado considerablemente desde que en 2012 se fracturara de húmero en Rusia tras sufrir un leve ictus.

SU LEGADO

uPionera
Desde su debut en 1955 hasta su retirada con 80 años cantó en unas 4.000 representaciones en los grandes teatros
uPremios
Su Grammy de 1969 brilla en su palmarés junto al Príncipe de Asturias de las Artes
uHimno Olímpico
La canción 'Barcelona' que grabó con el líder de Queen, Freddie Mercury, acabó siendo el himno oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92

Debutó en 1955 y se retiró hace un lustro. En una carrera de seis décadas sin apenas altibajos se mantuvo en la cima durante casi cuarenta años, abordó un centenar de papeles en más de 4.000 actuaciones en los grandes templos de la ópera y a las órdenes de las mejores batutas. Hizo grande a 'su' Liceo, el teatro en el que se formó y donde cantó doscientas veces.

«Quería ser cantante para pasar menos hambre, tener una vida mejor y ayudar a los míos»HEREDERA DE LA CALLASMontserrat Caballé Soprano'La Suprema' (superba, en italiano) sucedió a 'La Divina', María Callas

Rechazó siempre el apelativo de diva. «Cada época tiene sus divos y yo sólo he hecho bien mi trabajo, cantar lo mejor posible y al más alto nivel. Nunca soñé con llegar a una meta», decía la artista, que compartió escenario con míticos colegas como Luciano Pavarotti, Alfredo Krauss, Plácido Domingo y José Carreras. «Si no eres consciente de que eres un servidor del compositor serás un falso divo», repetía.

Pobreza y hambre

María de Montserrat Viviana Concepción Caballé i Folch nació en el barrio de Gràcia el 12 de abril de 1933 en un familia sin recursos. Un desahucio en la posguerra la llevó a pasar de niña con su familia dos noches y tres días al raso en la plaza de Cataluña, pero un golpe de suerte cambió su vida. Durante doce años se formó en el Liceo gracias a la generosidad de la familia Bertrand, que le facilitó una radio y un piano y pagó sus estudios con Eugenia Kemeny, Conchita Badía y Napoleone Annovazzi como que culminó con veinte año y la medalla de oro. «Quería ser cantante para pasar menos hambre, tener una vida mejor y ayudar a los míos», confesaría.

Su impecable técnica respiratoria le hizo destacar desde la primera vez que pisó un escenario, el del Teatro Fortuny de Reus, como protagonista de 'La serva padrona' de Pergolesi en 1955. Un año después, y tras algún traspiés en Roma y Florencia, triunfaba en Basilea en la Mimí de 'La Bohème' y se curtía con la 'Tosca' de Puccini, la 'Aida' de Verdi, y la 'Salomé' y la 'Arabella' de Strauss, con la que se presentaría en el Liceo el 7 de enero de 1962.

La mocita de una voz portentosa y estremecedores 'pianissimos' que alternaba sus clases de canto con su trabajo en una menesterosa fábrica de pañuelos del Raval triunfó con 'Arabella' y forjó su sueño tras cinco años encadenando éxitos fuera de casa.

Sobre la tablas conoció la soprano al tenor Bernabé Martí cuando cantaban 'Madama Butterfly'. Él era Pinkerton y su uniforme de marino atrajo a Caballé. Pero no tanto como la túnica egipcia que lució cuando coincidieron en 'Aida'. El flechazo fructificó y contrajeron matrimonio en 1964. Martí sería el padre de sus dos hijos, Bernabé y Montse, y agente de su esposa. «Bernabé es el gran éxito de mi vida», aseguraba.

Medio siglo después, en 2012, aquella 'chiqueta' regresaba al mítico escenario de la Rambla al que había cantado en 1994 con el alma rota cuando un incendio lo redujo a cenizas. Era una leyenda viva, la gran dama de la ópera y abrochaba una brillante carrera en la que encarno cai cien personajes: Isolda, Madama Butterfly, Norma, Salomé, Violeta, Semiramide, Maria Stuarda, Lucrezia Borgia o Aida. Un vasto y exigente repertorio con el del que nos dejó grabaciones memorables y alguna espinita, como no catrar 'Elektra'.

'Callas + Tebaldi = Caballé'

Su catapulta internacional fue la Lucrezia Borgia de Donizetti que cantó en el Carnegie Hall de Nueva York el 15 de abril de 1965 supliendo a una enferma Marilyn Horne que elogió su voz como «la más hermosa del mundo». «De joven me miraba en Victoria de los Ángeles, hasta que descubrí la voz de Renata Tebaldi», confesaba plena de admiración por la soprano italiana.

'Callas + Tebaldi = Caballé' fue el elogioso y concentrado titular con el que un diario neoyorquino saludó el inesperado debut de la soprano catalana en Estados Unidos. De vuelta a Europa se consagró con la Marguerite del 'Fausto' de Gounod, la Norma de Bellini en La Scala en 1972, y la Violetta en la Royal Opera House de Londres. La Callas la designó como sucesora tras la histórica de Norma que cantó en el Théâtre Antique d'Orange. Rendida por la dulzura de su voz Callas le envió sus pendientes en prueba de admiración.

Su popularidad se hizo global al interpretar junto al líder de Queen, Freddie Mercury, el memorable tema 'Barcelona', fogoso himno de los Juegos Olímpicos de 1992. El episodio más oscuro de su carrera llegó 2015, cuando aceptó la pena de seis meses de cárcel por defraudar a Hacienda en 2010. Alcanzó un pacto con la justicia y pagó una multa 240.000 euros. Caballé admitió que en 2010 figuró como residente en Andorra para pagar menos impuestos a pesar de que vivir siempre en Barcelona.

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