Las apuestas, el juego que deja cicatrices en los barrios

Los salones de juego proliferan en las zonas azotadas por la crisis, hasta diez en un radio de 250 metros | «Hay menores que deben miles de euros», alertan las asociaciones de ludópatas

Varios salones de juego se concentran a escasos metros en el barrio de Ventas, en Madrid./Alberto Ferreras
Varios salones de juego se concentran a escasos metros en el barrio de Ventas, en Madrid. / Alberto Ferreras
Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

«¡Gana!, ¡gana!, ¡gana! ¡Apuesta!, ¡apuesta!, ¡apuesta!». Una voz en off repite frenéticamente las dos frases durante la pausa publicitaria de la emisión de un Barça-Real Madrid. En el siguiente 'spot' un conocido actor invita a unirse a «la casa de apuestas más grande del mundo». Cuando está a punto de echar a rodar el balón en la segunda parte del partido, el mismo locutor que narra el encuentro también informa a su audiencia de las cuotas -premios que se reciben por cada resultado acertado- bajo el rótulo de 'publicidad'. En España, los fumadores nunca verán un anuncio que les incite a fumar, porque el 'cowboy' de los cigarrillos fue desterrado en 2005, por ley, de las marquesinas de las pararadas de autobuses, al igual que las botellas de ron o de whisky, que ya no lucen en el mobiliario urbano. Pero el ludópata no tiene protección legal contra el bombardeo. «¡Apuesta!, ¡apuesta!, ¡apuesta!», vuelve a decir la voz del televisor.

Aunque estos son anuncios dirigidos al juego digital, las apuestas deportivas, que abandonaron los salones a principios del siglo XXI para triunfar en internet, han regresado con fuerza a las calles, una moda que recorre sobre todo con los barrios más azotados por la crisis. Actualmente existen 2.896 salones de juego operativos en España, 425 más que el año anterior. Andalucía es la comunindad donde más hay (746), mientras que Valencia fue la que experimentó un crecimiento más grande, de cero a 382 recintos nuevos en los dos últimos años, según recoge el informe anual de la Dirección General de Ordenación del Juego, organismo dependiente del Ministerio de Hacienda.

En estos locales, sin ventanas al exterior, hay tragaperras de las de toda la vida, pantallas que simulan mesas de póker virtual e incluso máquinas con gancho para atrapar relojes y peluches. En algunas zonas se sirven hamburguesas y cerveza -a veces de forma gratuita, para retener más tiempo a los clientes- pero la joya de la corona son las apuestas deportivas, todo a través de televisores que retransmiten en directo desde partidos de fútbol hasta carreras de caballos o galgos.

«Existen calles en las que llegan a coexistir una delante de otra en cada acera. Vas andando de casa de apuestas en casa de apuestas. Es una tentación muy grande para los jugadores rehabilitados, les ponen las cosas más fáciles. Un ludópata se rehabilita, pero nunca se cura. Cada vez se abren más y son mucho más peligrosas», explica Victoriano Dolada, presidente de la Asociación Prevención y Ayuda al Ludópata (Apal), quien reconoce que cada mes reciben más llamadas de jugadores y familiares de estos pidiendo ayuda: «Estamos recibiendo alrededor de unas cincuenta cada mes, sobre todo de familiares, y eso es muchísimo, más que nunca. Todas hablando de situaciones muy duras».

-¿Por qué dice que ahora son más peligrosas las casas de apuestas?

-Cada vez se hacen menos controles para jugar. Debería ser obligatorio que te pidieran el DNI, pero no siempre te lo piden. En la zona de Ciudad Lineal (Madrid) es habitual ver a menores entrar tranquilamente. A ellos no les piden el carnet.

Sin embargo, desde Cejuego, la asociación que agrupa a las principales empresas del sector (Cirsas, Codere, Conei, Díaz, Carbajosa, Egasa/Luckia, Orenes y Recreativos Franco) niegan categoricamente dichas acusaciones. «En España el juego de menores está prohibido, pero dependiendo de la regulación autonómica se controla de forma distinta. En Castilla-La Mancha, por ejemplo, a todo el mundo se le pide el DNI a la entrada, justo en la puerta. Luego hay otras que en casinos y bingos exigen el mismo control de entrada pero en las salas de apuestas no se exige, aunque se obliga a los propietarios a impedir que entren menores y gente autoprohibida en ellos. También la Policía tiene a su Brigada del Juego, que está constantemente haciendo inspecciones. El año pasado hubo más de 22.000 en Madrid y solo se pusieron 20 sanciones... Nos gustaría que fueran cero, pero es un número muy anécdotico», explica Alejandro Landaluce, su director general.

Los españoles jugaron 1.681 millones de euros en apuestas presenciales en 2017, un 14% más que el año anterior. Un dato que ya supera con creces a la cantidad total que se juega al cupón de la ONCE de toda la vida, que no superó los 1.352,81 euros, y que se sitúa cada vez más cerca del Bingo, que sigue reinando con 2.065 millones de euros jugados en cartones. Sin embargo, son cifras se encuentran lejos aún de los datos de las apuestas digitales a través de webs y aplicaciones, que supusieron 5.449 millones de euros. Unos datos que serán mayores en 2018, como demuestran todos los indicadores.

El juego en cifras

670.000
españoles apuestan como mínimo una vez al año.
1.681
millones de euros gastados en apuestas presenciales (no online) en 2017.
46.424
personas trabjan en casinos, bingos, casas de apuestas o manteniendo las máquinas de jugo en la hostelería.
250
metros cuadrados es el espacio en el que conviven 10 casas de apuestas en el madrileño barrio de Vallecas, uno de los más castigados por la crisis en la capital.

La Quiniela es el otro gran perjudicado. El 90% de las apuestas se dividen entre apuestas presenciales y digitales, correspondiéndose el 10% restante a las quinielas, en claro retroceso. «Esto se debe a que los principales encuentros deportivos europeos (Liga de Campeones, Liga Europa) encajan más en los nuevos formatos y porque las apuestas enriquecen considerablemente el atractivo de cara a los clientes con su amplia oferta de deportes. Además, se han visto impulsadas por motivos de gestión empresarial, como la ubicación de máquinas en distintas tipologías de salas, por las nuevas autorizaciones en Andalucía y Baleares –el último trimestre de 2017– y el crecimiento en otras regiones, entre otras», reconocen desde la empresa Codere en su Anuario del Juego de 2018. La industria emplea ya a 46.424 trabajadores en casinos, bingos, casas de apuestas y máquinas de hostelería.

«Desde el 2014 ha vuelto a crecer el negocio, pero desde el 2007 al 2018, lo que es el juego real, se juega un 30% menos en España. Lo que ha crecido son las apuestas y el 'online'. Estamos llegando al punto de madurez del negocio, en la pendiente de crecimiento. No quiero ser agorero, pero indudablemente dentro de no mucho tiempo empezaremos con el declive, como le pasó al bingo, los casinos o a las quinielas. Hace unos años parecía que las partidas de póker 'online' eran el no va más, que nunca iban a desaparecer, y fíjate lo que ha pasado. En el futuro saldrán otros juegos», añade Landaluce.

Un 'Eurovegas' de barrio

La fuerte presencia en los barrios humildes no es una cuestión de azar. Los salones de juego han sustituido al comercio tradicional. Bares, zapaterías, tiendas de colchones o de alimentación han sufrido las consecuencias del comercio digital y de la falta de relevo generacional entre muchos de sus dueños. Un hueco que ha sido ocupado por este tipo de negocios. El distrito madrileño de Vallecas, por ejemplo, se ha convertido en un caso simbólico que podría ilustrar el de cualquier zona similar del país. En menos de 250 metros hay 10 salones de juego entre la avenida de la Albufera y la calle Peña Gorbea. Ya lo conocen como el Eurovegas de Puente de Vallecas.

En todas las ciudades españolas se repite el mismo mantra, cuando la renta per cápita del barrio baja de los 25.000 euros al año, se dispara el número de locales de apuestas.

«Un rico juega porque se aburre pero una persona humilde lo hace porque necesita de verdad el dinero. Se piensa que en una casa de apuestas va a ganar dinero fácil y lo que hace es quedarse enganchado, arruinarse y acabar pidiendo un crédito para seguir jugando. Habría que prohibir las casas de minicréditos, están relacionadas completamente con el juego. Hemos visto muchos casos en la asociación de cómo se aprovechan de los jóvenes que intentan conseguir dinero rápido para seguir jugando», reitea Dolada.

Esquelas contra las casas de apuestas y el juego en Oviedo.
Esquelas contra las casas de apuestas y el juego en Oviedo. / Alex Piña

Los vecinos de estos barrios, por su parte, cada vez están mostrando más resistencia a la apertura de estos locales. La Tenderina, en Oviedo, amaneció el pasado 5 de octubre con 160 carteles en formato de esquela. En el espacio reservado habitualmente para el nombre del difunto se podía leer «Persona joven anónima»; en el texto, «Hace ya tiempo que las casas de apuesta inundan los barrios más humildes. El futuro de los barrios y de la juventud no puede depender de este tipo de negocios, de casinos, de casas de juegos, de salones de apuestas. La ludopatía no es solo un problema psicológico, es un grave problema social y familiar. Di 'no' a las casas de apuestas». Y en la capital, en los distritos de Mortalaz y Vallecas, cientos de vecinos salieron a las calles la semana pasada para protestar conra la llegada de nuevos salones de juegos.

Desde Cejuego insisten en que estas motivaciones no se fundamentan en criterios «maquiavélicos», sino que responden a las reglas del mercado. «Hay zonas donde no es conveniente montar un salón, ya sea porque tiene poco tránsito o el metro cuadrado es caro. Llevamos mucho tiempo en esto y ya sabemos que existe una especial sensibilidad en cierta parte de la sociedad, obviamente no es lo mismo ver tres cines juntos que tres salones de juego, pero tampoco es cierto que busquemos situarnos cerca de los colegios, es ridículo. Elegimos las calles que tienen más paso de gente, más valor comercial. No vamos a esquilmar los colegios, tampoco ciertos barrios como se dice, no pensamos en arruinar a nadie. Apoyamos las restricciones de metros en las comunidades autónomas en las que existen, no tenemos ningún tipo de problemas», reitera Landaluce a este medio.

Hombres solteros de entre 20 y 40 años

670.000 españoles apuestan como mínimo una vez al año. Según la memoria de 2017 de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), el perfil de las personas que llegan a sus asociaciones pidiendo ayuda tiene entre 20 y 40 años (el 48%), es hombre (92%), soltero y con estudios primarios.

«Pero también vemos cada vez vemos más casos de menores que se saltan el tiempo del recreo para ir a hacer apuestas. Ya ni siquiera hace falta que les pidan el carnet o no, fuera de estos locales hay adultos que les cobran una comisión por hacerles ellos mismos las apuestas en el interior de la sala», apunta Dolada.

Una de las medidas que se han propuesto en varias comunidades autónomas es la de impedir por ley que no se puedan abrir salones de juego a menos de 700 metros de los colegos. Una solución que al presidente de Apal le parece «simplemente un parche». «Los chavales si quieren ir van a ir. Habría que ser mucho más radical, poner más controles para apostar», añade.

«Todos llevamos dentro un jugador», el lema visible en multitud de casas de apuestas. / Alberto Ferreras

Entre los casos más sorprentes que han pasado por la asociación que preside Dolada están los de jóvenes de 14 años que deben acudir a rehabilitarse acompañados de sus padres, personas que roban y venden lo robado para poder apostar, que empeñan joyas de los padres, o el caso de un niño de 15 años que acumulaba deudas de juego por valor de 26.000 euros. «Me duele oír a personas que piensan que el juego no crea ludopatía. ¿A qué están jugando las casa de apuestas? ¡Son críos! ¡Menores de edad! ¿Por qué les dejan apostar en sus salones?», añade Dolada.

Desde Cejuego, la entidad que agrupa a las principales empresas del sector (R. Franco, Cirsa, Conei, Codere, Grupo DC, Orenes, Acrismatic y Egasa), se muestran dolidos por el estigma que recae sobre sus negocios y que, sin embargo, no sufren otros juegos de azar como la Lotería Nacional o la de la ONCE. «Nosotros defendemos que para una parte de la sociedad le produce satisfacción apostar una cantidad de dinero. No hay diferencia entre el juego público, como la quiniela, o el privado. Ahora las apuestas son las apuestas 2.0, son más divertidas y la esencia es la misma. Hay un poco de hipocresía a la hora de abordar esto, no tiene sentido decir que un juego es limpio y el otro deleznable».

Regulación de la publicidad

Hacienda trabaja en la elaboración de un decreto para impulsar una regulación estatal de la publicidad de los juegos de azar y las apuestas en línea, similar a la que rige a los productos del tabaco, tras el acuerdo suscrito entre el Gobierno y Unidos Podemos sobre los presupuestos.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya ha dicho que no se tratará de una prohibición «absoluta», pero sí de «una limitación estricta» para que no se difunda este tipo de publicidad en horarios infantiles o en acontecimientos deportivos o en entornos que sirvan de referencia para la configuración de la personalidad de los más pequeños.

Respecto a las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias en materia de locales de juego a pie de calle, se han propuesto separar los salones de juego a una distancia mínima de 500 metros entre ellos o poner en marcha principios de un juego responsable como revisar y agravar el régimen de infracciones y sanciones, que se destinarán a actividades de prevención y a la asistencia sobre juego patológico y ludopatías

«Yo no propongo cerrarlas. Habría que ser muy radical en los controles de entrada a los salones de juego, más control de la Policía. No es algo tan difícil, pero veo el futuro muy negro», asevera el presidente de Apal.

«Creo que desde hace 45 años se viene regulando el juego presencial. En 14 de las 17 Comunidades Autónomas ya están reguladas, incluida la distancia mínima que ha de existir entre dos salones. Si hay que poner más controles estamos de acuerdo. Pero la sensación de que no existe esa regulación pero no es así», apunta Landaluce.

 

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