La Rioja

La almohada del corazón

Parece que es una almohada. Tiene la forma de un corazón. La primera que hicieron se la llevaron a mi mujer, cuando ese arquero ciego le clavó en el pecho una flecha en curare embebida. Yo creía que era una de esas cervicales, para mitigar ese duro jergón que ponen para el acompañante en el Hospital San Pedro. Pero no, me equivocaba. Es mágica. Sirve para todas. De talla única. A la medida de cualquier axila. Para cuando empieza la herida a respirar la escarcha del miedo. Es como aquella tirita que de niño se bebía la olita de sangre, el hervor de la rozadura. Ahora es la almohada suave para la cabeza de niebla del dolor. Y la cosen con hilos de penumbra de aquellas mismas lagrimas rotas y en García Morato tienen el taller. Allí después de todo el sufrimiento, se citan, se arropan, quizás van olvidando sus días de otra vida. Yo tengo una que se ha ganado ser la reina sobre la colcha, porque cuando mi sueño rozaba el sueño tembloroso de mi mujer, bajo su brazo, la veía como la muleta de su corazón.

Hasta hoy mismo, en la sala Ibercaja de la calle san Antón, lo que se recaude vendiendo manualidades, objetos donados. servirá exclusivamente para que cuando esa nueva muchacha caiga herida en el pecho, rauda, le lleven en mano hasta la misma cama del hospital, esa almohada, esa muleta viva.

Acércate.

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