Memorias del 'Roma'

Menorca rinde homenaje a los náufragos del buque insignia de la Armada italiana que encontraron refugio en el puerto de Mahón tras ser hundido por los nazis hace ahora 75 años

Memorias del 'Roma'
José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

Dicen que los lamentos de dolor de los quemados atravesaban los muros del viejo hospital de la Isla del Rey, en Mahón, desgarrando las noches. Ni las dosis de morfina lograban aliviar el intenso sufrimiento de aquellos jóvenes soldados de la Marina italiana. El fuego les había arrasado la piel, abrasando tejidos y músculos y penetrando hasta los huesos. El torso, los brazos, las axilas, las ingles, la cara, todo lo tenían carbonizado. «En la isla olía desmesuradamente a carne quemada», recuerda Gustavo Bellazzini, camarada de aquellos hombres, que a sus 97 años es el único superviviente del 'Roma', el gran acorazado hundido en el mar Tirreno por las bombas de la aviación nazi pocas horas después de que Italia acordara rendirse a los aliados, rompiendo su alianza con Hitler. Fue la inmediata represalia alemana contra Italia por dejar el Eje Berlín-Roma-Tokio.

Los náufragos del 'Roma' y de los otros navíos que lo acompañaban hallaron refugio y cuidados médicos en un rincón de la España más oriental, en Mahón, en una islita metida en su puerto, la Isla del Rey. Primero fueron los cirujanos y las monjas enfermeras del hospital y después la población entera, todos se desvivieron por socorrer a aquellos italianos desconocidos llegados a Menorca en una flotilla de rescate, la misma que el día antes formaba parte de la impresionante fuerza naval atacada por los cazas alemanes. El 'Roma' era el buque insignia de una formidable escuadra de 22 barcos de guerra. Había otros acorazados, el 'Italia', el 'Vittorio Veneto'… pero el 'Roma', un coloso de 227 metros de eslora, 88 cañones y 45.000 toneladas, era el más emblemático, la joya de la Regia Marina. 1.395 hombres murieron en aquella carnicería, entre ellos el almirante Carlo Bergamini, comandante en jefe de la fuerza naval de combate. Fiel al sentido del deber y del sacrificio que inspiró su vida, Bergamini se hundió con su barco.

Aquel ataque feroz y sorpresivo de los Dornier de la Luftwaffe (que por primera vez utilizaron las temibles bombas radiodirigidas Fritz-X) ocurrió hace 75 años, el 9 de septiembre de 1943, en el Estrecho de Bonifacio, entre las islas de Córcega y Cerdeña. Fue una masacre en toda regla, un mar de fuego del que lograron salir con vida 600 marineros, muchos con profundas y extensas quemaduras. La urgencia de buscar un puerto seguro que les proporcionara el auxilio que no podían encontrar en las costas controladas por los nazis marcó el rumbo de la flotilla de salvamento hacia la seguridad de una dársena cercana y neutral, como las que España podía ofrecer en su litoral más oriental. Y Mahón, a 200 millas de distancia y no demasiadas horas de navegación, despuntaba como el lugar más seguro, teniendo en cuenta además que el mismo puerto abrigaba un sanatorio militar donde atender a los heridos.

Trece marineros murieron en la travesía y otros trece fallecieron en la Isla del Rey debido al alcance de sus quemaduras. Sus restos reposan en un mausoleo en el cementerio de Mahón. De los 500 marineros que llegaron con vida a la capital menorquina (otro centenar fue derivado a Pollensa, en Mallorca), la mitad ingresó en el hospital, para lo que hubo que desalojar a los pacientes españoles menos graves. Un gesto de solidaridad, otro más, que los italianos no olvidan. Por eso, hijos y nietos de aquellos soldados han viajado a Mahón para recordar a los supervivientes del 'Roma'. Los homenajes cobran especial relevancia por el 75 aniversario de aquella catástrofe, la mayor tragedia naval en la historia de Italia. «Cuando ven los partes médicos de sus abuelos se estremecen y lloran», cuenta el general en la reserva Luis Alejandre, que preside una fundación que lleva catorce años recuperando el vetusto hospital naval que atendió a los heridos.

El marino más veterano

En Mahón está hoy el nonagenario Gustavo Bellazzini, maquinista del 'Roma', última memoria viva del hundimiento e impulsor moral de los actos conmemorativos, pues de alguna forma el viejo marino encarna a todos sus compañeros caídos bajo las bombas nazis. Tampoco faltará a la cita Mario Cappa, un italiano de 84 años enamorado de Mahón y de la historia del 'Roma'. Llegó al puerto menorquín a principios de los 90 en un velero que convirtió en su hogar, y aún se conmueve hablando del espíritu solidario desplegado por la población local, desde el primero al más humilde de los mahonenses, que acogió con los brazos abiertos y sin preguntar a aquellos jóvenes italianos que desembarcaban con sus uniformes achicharrados y su cara de espanto.

Cappa, casado con la hija de una de las víctimas del navío, lleva años entregado a la causa de recopilar las fotografías de toda la tripulación del 'Roma', un total de 2.021 soldados y oficiales, entre la dotación (1.920 hombres) y el Estado Mayor que acompañaba al almirante Bergamini. Con paciencia ermitaña, visitando pueblos, escribiendo a familias y amigos y venciendo desconfianzas, el bueno de Mario ha reunido 284 retratos. Las fotos permanecen expuestas en la sala 'Roma' del hospital de la Isla del Rey a modo de fresco a blanco y negro que anhela reconstruir la memoria atrapada en el buque italiano. «Sólo tenemos el 10%, pero no nos rendimos, seguiremos buscando donde haga falta», dice con una convicción digna de elogio.

Gracias a su infatigable labor ha creado un centro de documentación, un archivo muy útil para empezar a rescatar las montañas de historias humanas que se hundieron con Bergamini. Nadie podrá saber, aunque lo podemos intuir, la carga de responsabilidad que soportó el almirante, la angustia que debió de sentir en el momento en que recibió la orden de rendirse a los aliados, precisamente a aquellos a los que se disponía a combatir para evitar su desembarco en el sur de Italia. Pasarse al 'enemigo', algo inconcebible para un patriota, un hombre de honor como Bergamini. En esas horas tumultuosas y confusas en que Italia cambió de bando, imaginamos a Bergamini abrumado por la incertidumbre y rodeado de su Estado Mayor en la torre de mando, unos diciéndole que se entregara a los aliados, otros instándole a morir matando antes de traicionar al Tercer Reich...

Lo cierto es que él se hundió con su barco en aquel infierno y se llevó al fondo del mar lo que pasó por su cabeza. Posiblemente no se esperaba un ataque tan inmediato de sus excompañeros de armas. Ni tan brutal. Porque tras la primera bomba que rompe el casco del 'Roma' y provoca la inundación de la sala de máquinas, el barco comienza a escorar y queda prácticamente fuera de juego. No hacía falta más ensañamiento.

Pero seis minutos después, la segunda Fritz-X explota en uno de los depósitos de municiones y un vendaval de aire incandescente arrasa la cubierta. La torre de mando, con Bergamini y sus oficiales dentro, se arruga sobre sí misma envuelta en un humo espeso gris y negro. Hombres horriblemente quemados y aterrorizados corren por todas partes. Los que no mueren abrasados, caen atravesados por la trayectoria enloquecida de las balas que se disparan descontroladamente tras estallar las reservas de munición. La popa del 'Roma' se llena de marineros que intentan botar lanchas salvavidas, otros se lanzan a un mar que, al reventar los depósitos de combustible, se convierte en un lago de fuego. «Poco después el acorazado se partía por la mitad, emergiendo hacia el cielo la proa y la popa, que mostró sus enormes hélices para desaparecer rápidamente envuelto en llamas». Así describía el final del 'Roma' Ciro Oreficce, uno de los supervivientes, ya fallecido.

«Ejemplo de solidaridad»

Y siendo estas escenas impresionantes, si hay algo que sigue conmoviendo a Mario Cappa es la impagable «lección de solidaridad» que Mahón enseñó a Europa hace 75 años, cuando España venía de una Guerra Civil que la había sumido en la pobreza, y el resto del continente se desangraba en plena Segunda Guerra Mundial.

Menorquines e italianos convivieron durante año y medio, pues los heridos tardaron meses en sanar, se forjaron amistades e incluso se formalizaron matrimonios. «La acogida de Mahón a los náufragos es una historia actualísima, un ejemplo de solidaridad. Ahora que vemos lo que está pasando en Europa con el drama de los refugiados que huyen de la miseria y las guerras, pero les cerramos las puertas, conviene rescatar este episodio tan enriquecedor entre dos pueblos europeos, italianos y españoles». Y añade con lucidez: «Cuando los padres de la moderna Europa imaginaron la Unión Europea como una forma de materializar el concepto de solidaridad y paz entre los pueblos, en Menorca, concretamente en la Isla del Rey, ya lo habían empezado a practicar». Por si fuera poco, muchos de los marineros del 'Roma' habían participado en la Guerra Civil española, unos enrolados en las Brigadas Internacionales y otros, en el bando de Franco. Y Mahón los abrazó a todos. «No hay otro ejemplo igual».

«Todo el puerto olía a carne quemada»

Gustavo Bellazzini ha conocido el infierno y ha visto a decenas de compañeros devorados por las llamas. Jamás lo olvidará. No puede ni quiere. Por respeto a la memoria de los 1.395 compatriotas que murieron en el hundimiento del 'Roma'. El estaba allí y 75 años después es el único superviviente de toda la tripulación de aquel colosal navío. Bellazzini fue uno de los quinientos náufragos que llegaron a Mahón en la flotilla de rescate. Milagrosamente resultó ileso en el ataque y no precisó de atención médica en el hospital de la Isla del Rey. Pero sí visitó a sus compañeros heridos y, como si fuera ayer, aún recuerda el olor a carne quemada en el puerto. «Unos dormían de pie apoyados en muletas y otros en aspa porque tenían las ingles y las axilas quemadas».

Bellazzini, que nació en 1921 en La Spezia, donde hay una base naval, participa este fin de semana en Mahón en los actos de homenaje a los tripulantes del 'Roma'. Acude acompañado de su nieta. «He venido otros años, pero éste sin duda es especial», dice por teléfono y recién aterrizado en Menorca tras 20 horas de viaje desde Génova por culpa de los condenados retrasos de los aviones. Gustavo, maquinista del 'Roma', recuerda perfectamente lo sucedido aquel 9 de septiembre de 1943. El día antes zarparon precisamente del puerto de La Spezia con el 'Roma' y el resto de la flota para rendirse a los aliados tras el armisticio de Italia. «Al día siguiente los alemanes nos atacaron. Nos lanzaron dos bombas, la primera atravesó el barco por el centro, y unos pocos minutos después impactó la segunda entre la torre de mando y la torre número dos. Yo estaba abajo y cuando salí a cubierta el agua ya lo alcanzaba todo... era como una piscina y empecé a nadar todo lo rápido que pude alejándome del fuego unos 30 metros. Nadé hasta el 'Mitragliere', un torpedero que había venido a socorrernos a los del 'Roma'. Fui muy afortunado, muchos otros murieron».- ¿Y en qué pensaba?- En mi mujer Dina y en mi hija Gabriela, que sólo tenía 52 días. ¿Sabe una cosa? He estado casado con Dina 68 años y desde que murió en 2008 voy todos los días, aunque truene o llueva como el diluvio universal, a hablar con ella un ratito al cementerio.

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