'Memoria última' de Roberto Iglesias

Familiares y amigos del poeta astur-riojano le rinden homenaje al presentar en el Café Bretón el libro de poemas editado por Mangolele y Ángeles Sancha, «el texto final de una devastadora realidad»

Roberto Iglesias, en la Casa de los Periodistas en 2014./Fernando Díaz
Roberto Iglesias, en la Casa de los Periodistas en 2014. / Fernando Díaz
Jonás Sainz
JONÁS SAINZLogroño

'Y no acudiré nunca a la cita feroz de la nostalgia'. Un viejo verso de Roberto Iglesias a la entrada del Bretón advierte contra cualquier intento melodramático. En el café que ha sido durante años refugio literario para la llamada Escuela de Logroño, de la que fue maestro, la presentación del último libro de poemas del poeta astur-riojano, se convirtió ayer en homenaje. Sencillo pero sentido. Familiares, amigos y admiradores se reunieron a mediodía para brindar por el que ha sido y es una de las referencias de la generación literaria riojana más relevante.

Con un estado de salud muy débil, Roberto Iglesias permanecía en su casa acompañado de su esposa Chu García mientras era su poemario quien hablaba por él:

'Cansado de la vida retirada, salí al mundo/ de gas y decibelios para escapar de mí, libre/ de dios, ser joven escéptico y no llegar a viejo:/ ahora se extingue sombra a sombra la memoria mía,/ ha sido inútil todo para morirse mejor,/ yo sigo siendo lo que fui vuelto del revés'.

'Memoria última', editado por Mangolele Entreprisas y Ángeles Sancha Libros, «el texto final de una devastadora realidad», como queda descrito en la nota editorial, reúne poemas escritos entre 2003 y 2005 y en sus páginas late el irrenunciable pulso poético con que el autor combatía una enfermedad muy presente también en sus versos.

'Mi sombra está cansada de seguirme:/ la garantía de la depresión que la desgarra,/ y el caos de la edad, la brillantez de un tragaluz'.

Llegado a Logroño a principios de los setenta, Roberto Iglesias Hevia (Mieres, Asturias, 1946) fue periodista de Diario LA RIOJA durante casi treinta años y, entre 2000 y 2004, dirigió la revista cultural El Péndulo del Milenio, que él mismo fundó.

Desde, 'Hojas de un noviembre funerario' (1973), su primer libro de poemas, ha publicado 'Odiario' (1976), 'Epitafio a Logroño' (1977), 'El velo de Isis' (1980), 'Revelación de la noche' (1995), 'Oppidum' (1977) y 'Quincetos' (2006). Con su novela 'Estatua de una tarde de lluvia' (1982) obtuvo el ya desaparecido Premio Ciudad de Logroño de Novela 1981.

Así mismo, poemas suyos han sido recogidos en la emblemática 'Antología de Poesía de La Rioja (1960- 1986)' y 'Catorce poetas riojanos en las Jornadas de Poesía en Español', en cuya segunda edición, en el año 2000, participó, siendo presentado por Manuel de la Rivas. Ambos fueron las figuras principales de un grupo literario fundamental en esta ciudad.

Homenaje a Roberto Iglesias, ayer en el Café Bretón, con Rafa Amilburu, José Ignacio Foronda, Alfonso Martínez Galilea y Pedro Santana al fondo, recitando sus poemas.
Homenaje a Roberto Iglesias, ayer en el Café Bretón, con Rafa Amilburu, José Ignacio Foronda, Alfonso Martínez Galilea y Pedro Santana al fondo, recitando sus poemas. / Miguel Herreros

En 'Memoria última', un libro de lectura cruda y emotiva, sin apenas verbos, sin más acción que la mental, hablan sus poemas, cortos y certeros, de la enfermedad, del dolor, la insensibilización, el delirio, la sensación de derrota y, pese a todo, la batalla... En ellos está Roberto Iglesias con más rabia que angustia haciendo frente a los embates del olvido.

'Otro ciclo terrible del dolor/ de la existencia, no queda estima, la razón huye'.

«Fe en la Poesía»

«Es un libro doloroso, pero lleno de belleza poética que Roberto merecía ver publicado», añadió Rafa Amilburu, uno de los responsables de su cuidada edición. El otro, Alfonso Martínez Galilea, destacó «su generosidad, su lucidez, inteligencia y amor que dio a sus muchos amigos y que está también en su poesía».

Poetas provincianos

Somos poetas de provincia, de ciénaga y penitencia, nosotros somos provincianos empapeladores nativos de una brutal desgarradura; ajusticiamos los crepúsculos y la opacidad de la noche; sangramos el amanecer de nuestro espanto paraíso y el turbio grito del silencio. Somos poetas provincianos, de escalofrío y de intemperie; provincianitos españoles mínimamente compasivos mínimamente enamorados de recordatorios de fulgores; vivimos en la cruz de España; inquilinos atenazados; tan extranjeros familiares.

Somos poetas sin jardín, nocturnamente acomplejados, alucinados permanentes de una caricia disponible; lloramos la vida recóndita en medio de estos infernales y la cisura paulatina del corazón y su estallido. Somos los locos bendecidos, los tontos locos educados en olores de sociedad, los mirlos negros de provincias, peones de la poesía, no ingenieros, no arquitectos, no maestros de versos eternos, poetas provincianos sólo como curas de aspecto humano.

Somos poetas imperfectos, cicatrizados amadores, huérfanos de músicas lunas, de agonizantes floripondios, pero puros éticamente, históricamente veraces, escribiendo a nadie poemas con la misma melancolía de los cautivos de la muerte. Nosotros somos los malditos provincianitos españoles, apolitizados poetas de misericordias pupilas, con abrigados lutos dentro y musa cruel ensimismada. No volverán las golondrinas, aquella espantosa dulzura, ni volverá la primavera; somos poetas de provincia, de telaraña y de derrota, ciertamente irreconocibles en la sima de los olvidos.

[Publicado en 'Ático de poesía riojana', 1977, publicación del Aula de Poesía del Insituto de Estudios Riojanos]

De «su inquebrantable fe en la Poesía con mayúsculas» habló además José Ignacio Foronda, «de un poeta esencial». Y también de su ejemplo humano y de su magisterio: «Una cosa es escribir y otra cosa es redactar -fue la lección que recordó de él-; la diferencia está en la emoción».

Con emoción intervino también Pedro Santana, que invitó a volver a leer a Roberto Iglesias y volver a descubrir a «un poeta que nos supera». Ayer lo hizo su amigo y discípulo Francis Quintana, que recitó en público algunos de los poemas de esta 'Memoria última', «un libro del que Roberto se siente muy orgulloso».

Sin acudir a la nostalgia.

'Alguna vez será aceptable esperar lo imposible:/ se pudre el tiempo roto, la obligación de morir'.

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