La Fuente de las Ilustres

Lo que podría haber sido (y quizá pueda ser) un reconocimiento a las riojanas ilustres que la historia ha dejado

La Fuente de las Ilustres
CARMEN NEVOT y DAVID FERNÁNDEZ LUCASLogroño

Si en 1999 Dalmati y Narvaiza hubieran centrado sus esfuerzos en inmortalizar en bronce a ilustres féminas riojanas en vez de ensalzar las virtudes de los hombres que de un modo u otro han influido en la historia, Quintiliano podría ser hoy Teresa León; a Gonzalo de Berceo le sustituiría la Duquesa de la Victoria, por ejemplo; la peana sobre la que se asienta Pedro del Castillo estaría ocupada por La Guillerma; en la placa que identifica a Juan Fernández de Navarrete pondría Carmen Medrano o el agua que moja la espalda de Fausto Elhuyar se deslizaría ahora por la de María de la O Lejárraga.

Así hasta completar las ocho esculturas que cierran una de las fuentes más emblemáticas de la ciudad, la de los ilustres, con Lucrecia Arana, Santa Áurea y Raquel Meller.

Aquí dejamos un repaso a esa «Fuente de las Ilustres» que La Rioja no tiene... y debería

1
María Teresa León

La gran olvidada de la generación del 27 que vivió a la sombra de Alberti

María Teresa León (Logroño 1903-Madrid, 1988). Fue una gigante de la literatura de la generación del 27 que siempre vivió a la sombra de su marido, Rafael Alberti. Su historia es la de muchas mujeres eclipsadas por hombres en tiempos de hombres. Su tío, Ramón Menéndez Pidal, siendo ella niña le abrió la ventana al mundo de las letras y ella, como una esponja, absorbió cada una de esos momentos que disfrutaba en la biblioteca. De naturaleza rebelde, se desbocó y su familia decidió que debía llevarla a Burgos. No ocurrió el milagro que sus padres esperaban y empezó a escribir en diarios de la época. No tenía 20 años y hablaba de la mujer y de política, un cóctel molotov para la época. Conoció a Rafael Alberti y se enamoró profundamente y la inviable conciliación le convirtió en una escritora enterrada en el olvido. Ella misma dio un paso atrás en favor de su marido, aceptó con cierta resignación que viviría en un segundo plano, pero aún así no paró de escribir y además de sus ensayos, firmó más de veinte libros, como Memoria de la melancolía, Rosa Fría-patinadora de la luna…

2
Carmen Medrano

La voz del movimiento autonómico riojano

Carmen Medrano (Logroño 1950-1979), es parte de la historia musical riojana que tuvo un final trágico y prematuro. Con 20 años, junto a Jesús Vicente Aguirre, su marido, empezó a cantar bajo el nombre de 'Carmen y Jesús'. Ambos recorrieron Europa ofreciendo conciertos, sobre todo, entre grupos de emigrantes y exiliados de la dictadura franquista. Compañeros de escenario de Joaquín Sabina, Imanol y Amancio Prada, durante su gira europea, en concreto en Nuremberg, sumaron a Iñaki, un hijo de emigrantes, al grupo que desde entonces se llamaría 'Carmen, Iñaki y Jesús'. En 1976 regresaron a España, la dictadura había pasado a formar parte de la historia y sus actuaciones aumentaron vertiginosamente, no sólo en La Rioja, sino en todo el país e incluso en Francia, Inglaterra y Alemania. Un año después grabaron su primer disco y sin saberlo acabarían convirtiéndose en la voz del movimiento autonómico riojano con canciones como La Rioja existe, mi pueblo dormido, La balada de San Asensio o De lunes a sábado. Una tragedia inesperada puso un punto y final a la historia del grupo. Carmen fallecía con 29 años víctima de una peritonitis.

3
María de la O Lejárraga

La escritora que no firmaba sus obras

María de la O Lejárraga (San Millán de la Cogolla, 1874-Buenos Aires, 1974) fue una de las grandes mujeres de la literatura, de esas con mayúsculas, pero escribía entre cuatro paredes y en soledad. En la portada de sus textos no aparecía su firma, sino la de su marido para quien hilaba brillantes obras. Gregorio Martínez Sierra fue el destinatario de sus elogios por El amor brujo o Canción de cuna, entre otros muchos trabajos. En su longeva vida tuvo un momento especialmente dramático, cuando su marido se enamoró de una famosa actriz del momento. Era Catalina Bárcena. Pese a que el matrimonio se rompió, ella siguió colaborando con quien había sido su esposo, una colaboración que pasaba por seguir escribiendo los libros con los que él se llevaba la gloria. En 1947, Gregorio fallece y la hija que tuvo con Catalina Bárcena exigió los derechos de autor de los libros de su padre. María, que apenas tenía recursos para vivir en el exilio, se rebeló contra aquella situación y empezó a escribir sus propias obras, entre ellas una biografía de su vida con quien había sido su marido. Ahí destapó toda la verdad. Salía del silencio, aunque no con tanta fuerza como para que entonces, como ocurría a todas las mujeres, fuera considerada en toda la su dimensión.

4
Lucrecia Arana

De Haro a la cima de la zarzuela

Lucrecia López de Arana y Elorza (Haro, 1867-Madrid, 1927) conocida por Lucrecia Arana, fue una de las grandes de la zarzuela. Con la temprana muerte de su padre durante la III guerra carlista, ella sólo tenía un año, vivió una infancia marcada por la melancolía. Siendo muy joven se trasladó a Madrid para trabajar en una sucursal de la bodega que tenía el bodeguero López Heredia. Una labor que compaginó con clases de canto. Con 19 años debutó con un papel secundario en la obra La mascota, pero a partir de ahí su carrera en los escenarios inició un ascenso meteórico. El 29 de noviembre de 1898 se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid Gigantes y Cabezudos, una obra especialmente escrita para Lucrecia en el papel de protagonista de Pilar. La pieza se convertiría en una de las más representativas de este género lírico. En 1908 abandonó los escenarios y se casó con el escultor valenciano Mariano Benlliure. Ella tenía 41 años. Con 60 años fallecía en su casa víctima de una embolia cerebral.

5
Santa Oria

La santa que se recluyó entre los muros de Suso

Santa Áurea (ó Oria) (Villavelayo, 1043-1070) es una de las pocas mujeres riojanas que forman parte del santoral. Su vida hubiera pasado de forma anónima de no aparecer en la obra de Gonzalo de Berceo. De hecho, por su libro Poema o vida de santa Oria se sabe que nació en Villavelayo y que sus padres se llamaron Amuña y García. Un día se puso en romería y llegó al monasterio de San Millán de la Cogolla. El prior se llamaba Domingo, Áurea cayó a sus pies y le pidió consejo para vivir separada del mundo y entregada a Dios. Él le recomendó que se lo pensara mucho, ella insistió y los albañiles abrieron un hueco en el muro de la iglesia de Suso, en San Millán de la Cogolla, y frente al altar mayor fue encerrada. Tenía diez años. A los 27 años y después de vivir emparedada cayó enferma, acudió a atenderla Don Munio, «alzó las manos, juntólas en igual, como quien rinde gracias al buen rey celestial, cerró ojos e boca la reclusa leal, e rindió a Dios la alma: nunca más sintió mal».

6
Guillerma Ubis

La Guillerma, pionera en llevar la luz a Logroño

En los años 20 era impensable que una mujer pudiera dirigir una empresa, pero Guillerma Ubis Medrano rompió moldes. En 1890 enviudó de Hipólito Arza y se hizo cargo de las tres tiendas de alimentación que regentaba su marido en la ciudad. 'Viuda de H. Arza' se anunciaba como almacén de ultramarinos, fábrica de harinas y 'casa de confianza'. Inauguró por su cuenta la fábrica de harinas La Modelo en 1910, a la orilla del Ebro, en el molino de La Isla. Después, la fábrica derivó en la central hidroeléctrica Nueva Electra. Y tal fue su importancia y popularidad que a aquel meandro que describe el Ebro al llegar de El Cortijo se denominó 'la Curva de la Guillerma'. Hoy Logroño recuerda a esta mujer empresaria otorgando su nombre al paseo de La Guillerma, en la margen izquierda de la ribera del Ebro.

7
Jacinta Martínez de Sicilia

La Duquesa de la Victoria, clave en la vida de Espartero

María Jacinta Guadalupe Martínez de Sicilia y Santa Cruz (Logroño 1811-1878) fue una de las grandes damas españolas. Pertenecía a dos de las familias más adineradas del Logroño, aunque tanto su padre como su madre murieron cuando ella era aún muy niña. El 13 de septiembre de 1827, cuando sólo tenía 16 años, se casó con el entonces brigadier Baldomero Espartero. Tras cuatro meses de luna de miel en París, fijaron su residencia en su Casa-Palacio, actual Museo de La Rioja. Aunque nunca desempeñó oficialmente un cargo, tuvo gran influencia en su marido. De hecho, según las cartas que le envió Espartero, su esposo le informaba de todos los detalles bélicos e incluso le pedía consejo. Un buen ejemplo de la confianza tenía en ella lo ilustra el papel que desempeñó en evitar el alzamiento carlista de San Carlos de la Rápita en 1860. Con la Revolución Gloriosa hubo varias intentonas para que la pareja aceptase la corona de España pero Espartero las rechazó. La muerte sorprendió a la duquesa de la Victoria el 3 de junio de 1878. La causa de la misma fue una congestión cerebral apoplégica.

8
Raquel Meller

El mito riojano de frágil voz

Raquel Meller (1888- 1962) fue la intérprete española de origen riojano más reconocida en todo el mundo desde el primer tercio del siglo XX. Artista de primera magnitud, atesoraba una voz frágil pero nítida, de dicción perfecta y una naturalidad expresiva que hipnotizaba al público. Convertida en mito, Raquel Meller imponía su personalidad arrebatadora. Obtuvo grandes triunfos en los escenarios de Madrid, Barcelona o Buenos Aires, y luego en los de París y Nueva York. Fue una de las grandes estrellas del período de entreguerras. Pero pasó a formar parte del baúl de los recuerdos a partir de 1939. Tuvo que sobrevivir rodeada de amargura y soledad, sin apenas amigos y con apariciones públicas contadas. Caía en el olvido y condenada al ostracismo.