El perro de Trevijano

Los vecinos de la localidad colaboran para cuidar a 'Haya', un animal abandonado que apareció este verano en el pueblo y para el que ahora buscan una nueva familia

'Haya', en el frontón de Trevijano con varios de los vecinos que cuidan de ella/Valentina Prida
'Haya', en el frontón de Trevijano con varios de los vecinos que cuidan de ella / Valentina Prida
PAZ MIGUEL | J.M.

Haya es una perrita de aproximadamente un año. El miércoles de la semana pasada apareció en Trevijano, la pedanía de Soto de Cameros, que tiene alrededor de 30 habitantes. Vagando sin rumbo y en busca de comida la encontraron los vecinos del pueblo, que confirman que presentaba síntomas de deshidratación y desnutrición.

No se sabe ni su edad (los vecinos creen que no supera el año, aunque es un perro grande) ni su raza: podría ser una mezcla entre mastín y pastor vasco. Todos en el pueblo tratan de averiguar qué ha podido sucederle, si la han abandonado o se ha perdido. «Como no tiene chip, todos apuntan a que ha sido abandonada», asegura Valentina Prida, vecina de Trevijano.

Cuando la gente del pueblo se percató de que Haya no estaba acompañada de su dueño, llamaron rápidamente a la protectora, que no pudo darles una solución. Tras la negativa, decidieron llevarla al veterinario, donde la desparasitaron y comprobaron que no tenía ninguna enfermedad. Según garantizan los ciudadanos, es un perro fuerte y se encuentra en buenas condiciones físicas.

Valentina asegura que todo el pueblo está cuidando a Haya, pero de momento no han encontrado un dueño que pueda proporcionarle un hogar. Aunque en Trevijano se están preocupando de ella como si fuera una más, «necesita un techo donde dormir y unos dueños a los que dar todo el cariño y felicidad que desprende».

Valentina, que es cuidadora canina y se ha volcado en encontrarle una casa, se ha prestado voluntaria para ayudar a la posible familia que la acoja en los cuidados que tengan que ver con su conducta, si es que en un futuro los necesitaran.

Ahora, en verano, Trevijano se llena de vida gracias a los veraneantes que llegan buscando la tranquilidad del medio rural. Aunque Haya pasea libre y feliz por el pueblo, después del verano todos regresan a sus casas para retomar la rutina, y el pueblo queda casi vacío. Por eso esperan que ella también pueda empezar una nueva vida en su nuevo hogar.

Mientras, Haya disfruta de toda una gran familia: es el perro de Trevijano.

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