La caída del consumo de vino en España

El enólogo lamenta la falta de medidas colectivas del sector para intentar invertir una «gravísima» tendencia José Hidalgo analiza por qué hoy se bebe mucho menos vino

JOSÉ HIDALGO CONSULTOR EN VITIVINICULTURA Y ENOLOGÍALOGROÑO.
Un hombre comprueba el color y el cuerpo de un vino tinto. / REUTERS/
Un hombre comprueba el color y el cuerpo de un vino tinto. / REUTERS

Quizás el aspecto que en estos momentos más preocupa al sector vitivinícola español es el bajo nivel de consumo interior de vino, que ahora se encuentra por debajo de los 20 litros por habitante y año, y lo que es más grave, con una tendencia a seguir descendiendo en los próximos años.

En la década de los años ochenta, el consumo de vino en nuestro país superaba los 45 litros por habitante y año, y desde entonces la caída de consumo ha sido constante e imparable, con un ligero repunte en la segunda mitad de la década de los noventa, estimándose en un descenso medio anual cercano al 2% durante los últimos 25 años.

Si comparamos el nivel de consumo de vino con países de nuestro entorno, también de tradición vitivinícola como el nuestro, observamos que ocupamos el puesto número 20 a nivel mundial, a pesar que somos el país que tiene más superficie de viñedo, superándonos países como Francia con cerca de los 50 litros por habitante y año, Portugal con 42 litros por habitante y año, e Italia con 40 litros por habitante y año.

¿Qué ha sucedido para que nos encontremos en esta delicada situación? La explicación no es sencilla, pues obedece a la conjunción de un buen número de factores, entre los que destacan los que citamos a continuación.

Por una parte, podemos decir que el vino ha dejado de formar parte de nuestra dieta alimenticia, motivado por un cambio de costumbres y forma de vida, pues si segmentamos el consumo de vino en España se observa que en estos últimos 25 años, los vinos con Indicación Geográfica Protegida, entre los que se encuentran los de Denominación de Origen, no han sufrido decremento alguno e incluso suben ligeramente hasta alcanzar en la actualidad los 10 litros por habitante y año. El resto de los vinos, fundamentalmente los de mesa, son lo que han sufrido un notable descenso desde los 37 litros por habitante y año de los años ochenta, hasta los actuales 10 litros por habitante y año, y precisamente éstos vinos son los que históricamente formaban parte de nuestra dieta habitual. ¿Quién no recuerda la imagen de un hogar o de un restaurante de carretera con una mesa y una botella vino a veces acompañada de una gaseosa?

Otro importante factor que ha influido decisivamente en esta caída de consumo, son las campañas antialcohólicas indiscriminadas, donde se ha incluido al vino dentro de un conjunto de bebidas alcohólicas, excluyendo sus propiedades saludables cuando se consume con moderación. Campañas, donde especialmente podemos destacar, la casi tolerancia cero al consumo de alcohol por parte de la Dirección General de Tráfico.

Por otra parte, la presencia en nuestro país de un importante colectivo de personas procedentes de otros países, donde no existe ninguna tradición de consumo de vino, también ha influido en la vertiginosa caída de consumo en la primera década del presente siglo.

También la actual crisis económica ha influido de manera muy importante en el descenso de consumo de vino, pues bajo estas circunstancias, la población nunca adquiere bienes o alimentos que considera prescindibles, y por desgracia entre ellos se encuentra el vino.

Para terminar y como factor no menos importante a los anteriores, está la preocupante desafección al vino por parte de nuestros jóvenes, que hacen peligrar el relevo generacional de los consumidores de vino en España y que en consecuencia, se prevea una mayor caída de consumo para los próximos años. La mayor parte de los jóvenes ven al vino como una bebida de personas mayores, prefiriendo otro tipo de bebidas con o sin alcohol, entre las que se encuentra la cerveza, que por su volumen y menor precio les causa mayor satisfacción, además de considerar el mundo del vino como algo muy complejo de entender, y de esto último, todos tenemos parte de culpa por hacerlo demasiado sofisticado y elitista.

Ante esta peligrosa situación, el sector vitivinícola español permanece anestesiado, y sin tomar medida colectiva alguna, que sea capaz de invertir esta gravísima tendencia. Debiendo realizar acciones que fomenten el consumo saludable del vino entre la población y sobre todo entre los jóvenes como futuros consumidores y relevo de los actuales.

También algún esfuerzo se debería exigir a nuestras autoridades, sobre todo a aquellos organismos públicos que tutelan nuestro sector vitivinícola, fundamentalmente el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, así como también las correspondientes consejerías de Agricultura de las diferentes comunidades autónomas. Aunque se entiende que este tipo de promociones pueden ser cuestionadas, pues socialmente resulta muy delicado promover el consumo de alcohol, aunque proceda de una bebida saludable como es el vino.