Neoclasicismo riojano con acento galo

Olivier Rivière presentó para los aficionados de lomejordelvinoderioja su personal concepción del terruño en una refrescante y sorprendente cata. El enólogo francés sorprendió con su gama de vinos, divertidos en casos y complejos en otros, y expresó ante los aficionados su respeto por el terruño histórico y las señas de identidad de Rioja.

A.GIL

Nació en Coñac, se formó en Burdeos, trabajó en Borgoña y hace seis años recayó en Rioja. «Apenas conocía de la zona, pero era una oportunidad para trabajar con Telmo Rodríguez, uno de los enólogos punteros españoles, y no me lo pensé». Olivier Rivière aprendió dos años con Telmo, pero rápidamente se dio cuenta de que quedaban zonas casi por descubrir en Rioja, cepas viejas y terruños singulares sobre los que desarrollar su propio concepto vitivinícola. Así recayó en Cárdenas, comarca de claretes y donde aún quedan algunas garnachas viejas de limitadísima producción.

Sin bodega ni viñas propias algo habitual en Francia y extraño, al menos aún, en Rioja, pero con ideas y fe inquebrantable, supervisó, fanega por fanega, cepas difíciles que, por sus extremas condiciones de cultivo y su escaso rendimiento, no encuentran relevo generacional. Luego, se movió también por La Rioja Alavesa y la Baja para comprar uvas. Hoy en día, Oliviere Rivière tira, a su modo, de los conceptos más clásicos de Rioja para hacer «los vinos que puedo»: «Me gustaría elaborar grandes vinos de guarda, pero no puedo permitirme, al menos de momento, criar mis vinos durante cinco o seis años en bodega», confiesa.

La cata

La jequitibá es una planta brasileña que da nombre al blanco de Rivière. El Jequitibá 2008 ahonda en las virtudes de la viura, variedad con la que el enólogo confiesa sentirse muy a gusto: «Aún no está, ni mucho menos, explotado el potencial de la viura», dice. Defensor a ultranza de las uvas autóctonas y de los terruños «plantaría chardonnay en Borgoña, sauvignon blanc en Sancerre y viura en Rioja», afirma zanjando cualquier debate sobre las variedades foráneas, Oliviere profundiza con el Jequitibá en las raíces de los casi desaparecidos blancos históricos de Rioja: «Uso muy poca madera nueva y la clave es fermentar muy despacito para conseguir complejidad». En la copa, el Jequitiba evoluciona de la fruta blanca inicial hacia aromas y sabores tropicales con el paso de los minutos. La finura y la elegancia marcan este delicado blanco y, como característica personal en todos sus vinos, una alta acidez que asegura la frescura y la evolución en botella.

Fresco y divertido

El Rayos Uva 2009 lleva en su nombre toda una declaración de intenciones. Es joven, divertido y alegre: «Mi vino base», aclara el enólogo. «No tengo fincas, no soy marqués ni conde, así que el 80% de mi producción es este vino joven, que apuesta muy fuerte por el graciano». El Rayos Uva reúne frutos de La Rioja Alta, Alavesa y Baja (como los clásicos) y mezcla tempranillo, graciano y garnacha en porcentajes que varían cada añada: «El 2009 fue cálido y lleva hasta un 30% de graciano, que maduró muy bien».

En la cata, el Rayos Uva se muestra como pretende: viveza y frescura por encima de todo y, pese a no haber visto la madera, está muy trabajado en el depósito para eliminar cualquier tipo de aspereza.

Gabacho 2008 combina a partes iguales graciano, de Aldeanueva, con tempranillo, del entorno de Cárdenas. Rivière elabora y cría los vinos por separado para al final ensamblar Rioja Alta y Baja en armonía. El Gabacho, una buena prueba del sentido del humor del enólogo francés, vuelve a mostrar su acidez en la cata y la mayor estructura de su colección, muy característica del graciano: «Quería un vino alegre, no pensando tanto en las viñas viejas, sino en la chispa», explica el enólogo.

Ganko 2008 es el vino con el que más a gusto se siente Oliviere. Elaborado y criado parcela por parcela, incorpora las cuatro variedades tradicionales para un conjunto que «sabe a Rioja», en palabras del enólogo, aunque al Rioja de los antiguos vinos de pueblo y característico de zonas frías como Cárdenas, pese a que el Ganko incorpora uvas de las tres subzonas. Eso sí, con una elaboración extremadamente cuidada y delicada, que poco tiene que ver con la de antaño: «Yo no hago vinos de concurso, creo que es fácil de beber, pero a la vez tiene un buen potencial de envejecimiento». En la cata, el Ganko (cabezota en japonés) es todo delicadeza, con una madera fina de fondo (no nueva) que deja asomar la floralidad sutil de la garnacha de zonas frías.

Y es que Oliviere Rivière trabaja al límite tanto en Rioja como en Arlanza, donde desarrolla ahora otro proyecto personal con viñas a casi 1.000 metros de altura: «Los grandes vinos siempre están en zonas límite; no hay un año igual, aunque al consumidor le cuesta entender que una cosecha difícil da un vino difícil y, por ello, la posibilidad de trabajar en La Rioja Alta, Alavesa y Baja me permite superar esos obstáculos».

50 aficionados de www.lomejordelvinoderioja.com disfrutaron en directo el pasado miércoles de las ideas de este enólogo francés que descubrió Rioja por casualidad y que, hoy en día, se ha convertido curiosamente en uno de los mayores defensores del terruño autóctono.

Bodegas Lacus, graciano y garnacha de Aldeanueva de Ebro

Una mesa, con unos buenos vinos, cruzó a Olivier Rivière con Luis Arnedo, un viticultor aragonés afincado en Aldeanueva que hace dos años emprendió la aventura elaboradora con Bodegas Lacus. «Quería hacer vinos de mi zona, lo más típicos posibles, con las uvas tradicionales, que es precisamente lo contrario de lo que están haciendo la mayoría de bodegas de mi pueblo», sostiene Luis Arnedo. Una idea que comparte al 100% el enólogo francés, lo que les ha llevado a una estrecha colaboración: Rivière asesora a Lacus y aprovecha sus instalaciones para vinificar sus propios vinos. En el Inédito 2008, de Bodegas Lacus, domina el graciano (50%) por encima del tempranillo y la garnacha: «Tiene el carácter de La Rioja Baja, más caluroso, potente y alcohólico, pero ésa es la tipicidad de la zona y no pretendemos cambiarla». Desde luego, el Inédito se parece poco a los vinos de la Aldea en los que el tempranillo ha desplazado a la garnacha y el graciano. Su potencia, no sacrifica el equilibrio: «No nos pasamos con la maduración y jugamos cada año con los porcentajes de las variedades para que la acidez esté siempre presente, es decir, creamos la tipicidad dependiendo de cada cosecha», explica Rivière.

LOS VINOS DE LA CATA

Jequitibá 2008. Blanco de viura criado y fermentado en barrica. PVP:12 euros.

Rayos Uva 2009.. Joven de gran frescura de tempranillo, graciano y garnacha. PVP:7 euros

Inédito Selección 2008. Tinto con crianza de bodegas Lacus (Aldeanueva) con fuerte peso del graciano. PVP: 10,85 euros.

Gabacho 2008. Graciano (Rioja Baja) y tempranillo (Rioja Alta). PVP:12 euros.

Ganko 2008. Tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano de Cárdenas para el vino más sutil que, de momento, ha sacado Olivier. PVP: 18 euros.