El 'supersubmarino' español hace aguas

Defensa reconoce que el S-80 tendrá un sobrecoste de 700 millones y que aún no hay fecha de entrega para la primera unidad

ANDER AZPIROZMADRID.
Construcción de uno de los submarinos S-80 en los astilleros de Cartagena. En el recuadro, recreación de uno de los sumergibles. ::
                         REUTERS/
Construcción de uno de los submarinos S-80 en los astilleros de Cartagena. En el recuadro, recreación de uno de los sumergibles. :: REUTERS

El Ministerio de Defensa confirmó los peores presagios para el submarino español S-80, llamado a ser uno de los más avanzados del mundo con propulsión no nuclear. En respuesta a una pregunta de Izquierda Unida en el Congreso, el departamento que dirige Pedro Morenés reconoció la pasada semana que el mayor proyecto en la historia de la industria militar nacional tendrá un sobrecoste para las arcas públicas de al menos 700 millones de euros sobre los 2.135 que se presupuestaron de inicio. No solo eso. También admitió que en este momento no puede fijar una fecha para la entrega a la Armada de la primera de las cuatro unidades encargadas a Navantia. A pesar de todo ello, el Ministerio considera que «continuar apoyando el desarrollo de este programa será beneficioso para todos».

Todo viene dado por un único problema. El submarino es demasiado 'gordo'. Esto se debe a un error en el diseño inicial que ha provocado que el sumergible pese 75 toneladas más de lo debido, lo que le impide emerger. La única solución viable, ofrecida por una firma de ingenieros estadounidense, pasa por alargarlo unos seis metros para compensarlo, lo que supondrá desembolsar esos 700 millones de más en un momento en que las Fuerzas Armadas pasan por enormes estrecheces económicas a causa de los recortes.

A pesar de producirse un fallo de semejantes consecuencias en el diseño, Defensa mantiene a capa y espada que «los problemas descubiertos por este Gobierno en el desarrollo del programa son habituales en proyectos de alto componente de I+D+i, tal y como ha ocurrido en otros países con proyectos semejantes». Frente a las exigencias de IU de que se asuman responsabilidades políticas por los problemas que presenta el S-80, el Ministerio defiende que la actual situación le ha llegado en forma de herencia de anteriores ejecutivos. En efecto, el proyecto de fabricar un submarino cien por cien español se empezó a gestar con José María Aznar en la Moncloa y se convirtió en realidad bajo el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero.

En cualquier caso la solución a este embrollo corresponde al actual Gobierno. Y, por el momento, esta pasa por dos únicas vías, aportar el dinero extra para la construcción de las cuatro unidades o bien reducir el número a solo tres de ellas. Sea cual sea la elegida el sobreprecio es inevitable.

La Armada, a la espera

El primero de los cuatro batiscafos S-80 comenzó a construirse en 2005 y, según las previsiones, debía entregarse a la Armada en 2015. Los restantes entrarían en servicio en 2016, 2018 y 2019.

Ahora, sin embargo, Defensa manifiesta que «es prematuro adelantar resultados de fechas o rendimiento definitivos, aunque la intención es finalizar este proceso tan pronto como sea posible». Esta incertidumbre supone un serio contratiempo para las Fuerzas Armadas que en la actualidad solo cuentan con tres submarinos en activo de la obsoleta clase S-70 -el Galerna, el Mistral y el Tramontana-, embarcaciones con 30 años de servicio a sus espaldas.

Además de nutrir a la Armada de un moderno sumergible, el S-80 tiene como objetivo su venta al mercado exterior, lo que aportaría importantes beneficios. Según expone el Ministerio, «el desarrollo del programa proporciona a la industria naval capacidades tecnológicas punteras que le permitirán competir en el mercado internacional con un producto propio».

La idea declarada de la empresa pública Navantia es convertir su sede en Cartagena en un astillero de referencia en el diseño y construcción de este tipo de submarinos, que ya ha presentado a Fuerzas Armadas de otros países como Australia, Noruega o India. No obstante, la posibilidad de comercialización también se está viendo muy perjudicada ante las dificultades para sacar adelante el proyecto en un sector en el que existe una enorme competencia a nivel mundial.