Londres intenta asustar a Escocia con un bloqueo de Rajoy a su independencia

El Gobierno británico advierte a Edimburgo sobre el veto que algunos países pueden presentar a su acceso a la UE

ÍÑIGO GURRUCHAGA - CORRESPONSALLONDRES.
El primer ministro escocés, Alex Salmond, impulsor del referéndum de independencia. ::
                         AFP/
El primer ministro escocés, Alex Salmond, impulsor del referéndum de independencia. :: AFP

El ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, alentó ayer en Glasgow el espectro de un posible bloqueo por Mariano Rajoy al acceso de una Escocia independiente a la Unión Europea (UE), como parte de la campaña del Gobierno británico para convencer a los escoceses de que voten 'no' en el referéndum de setiembre.

El conservador Hague, que mantiene una relación tensa con el Gobierno de Madrid por varias disputas sobre Gibraltar, presentó 'La UE y asuntos internacionales', el noveno documento sobre el referéndum escocés que producen los ministerios británicos, coordinados por el de Hacienda, cuyo secretario, el liberal-demócrata escocés Danny Alexander, acompañó a Hague en su excursión doméstica.

«El presidente español, Rajoy, ha indicado que una región que decide la secesión requeriría el apoyo unánime para reincoporarse. Incluso el líder nacionalista catalán ha declarado que la secesión puede significar la exclusión de la UE», dijo Hague en su discurso, en el que también citó a José Manuel Durao Barroso y a Herman Van Rompuy para mostrar los obstáculos que encontraría una Escocia independiente.

Mariano Rajoy fue preguntado, el pasado noviembre, en una conferencia de prensa junto al presidente francés, François Hollande, sobre si vetaría la entrada de Escocia en la UE, y respondió que «una región que obtuviera la independencia de un Estado miembro quedaría fuera de la UE (...) y recuperar la pertenencia o la adhesión a la Unión Europea no es sencillo. Hay que ser un Estado europeo, hay que solicitar la entrada y ésta debe ser aceptada por unanimidad de los estados miembros».

El ministro británico de Exteriores evocó también la entrevista en diciembre del presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, en el diario italiano La Reppublica, en la que indicaba que las presiones sobre los estados miembros para evitar la independencia de Escocia y Cataluña serán grandes y que sería posible -«aunque un pecado», señalaba- que «inicialmente, tras el referéndum, quedemos fuera de la Unión». La amenaza de un bloqueo español a Escocia, si dice que sí a la independencia, ha sido utilizada en diversas ocasiones por el Gobierno británico y por la campaña unionista, como una dificultad añadida a la confirmación unánime por los expertos en derecho internacional de que será el resto de Reino Unido, si los escoceses se escinden, quien herede los tratados firmados por el Estado británico.

Pero, ayer mismo, diplomáticos británicos que habían participado en la elaboración del documento presentado en Glasgow afirmaban, con la condición del anonimato, que la salida de Escocia de la UE no es inevitable y que es posible una transición como la que propone el Gobierno escocés -desde dentro de la Unión- aunque es probablemente incompatible con el calendario deseado por Edimburgo. El Gobierno escocés quiere celebrar el día de la independencia el 24 de marzo del 2016 y cree que, como Noruega, país miembro del Espacio Económico Europeo antes de acceder a la Unión 14 meses después de solicitarlo, podría negociar en 18 las peculiaridades de su renovada pertenencia, en un acto que no tiene precedentes en la política o el derecho comunitarios.

Sincronización

El documento del Gobierno de Londres, presentado ayer, señala algunas de las dificultades de esa negociación. Estima que la Escocia independiente perdería en PAC, fondos estructurales o por no recibir su parte en la devolución del 'cheque británico' entre 2.200 y 4.300 millones de euros por desgajarse de Reino Unido.

También tendría que llegar a acuerdos sobre el euro y sobre Schengen, áreas en las que quiere mantener la exclusión británica, de tal modo que sea posible su unión monetaria en torno a la libra esterlina y una isla sin fronteras internas. Pero esas peculiaridades, así como los tratados y las políticas europeas, ya se aplican en Escocia, que pertenece a la UE desde hace cuarenta años.

Los diplomáticos del Foreign Office explicaban ayer que, tras un sí en el referéndum del 18 de setiembre, comenzarían tres negociaciones: la primera, entre Edimburgo y Londres sobre los términos de su separación; la segunda, entre Edimburgo y Bruselas, y una tercera, entre Londres y Bruselas sobre aspectos de la pertenencia británica a la UE que requerirían modificaciones.

Habría varias maneras de evitar una ruptura, según los especialistas de la diplomacia británica, pero la más obvia sería la sincronización de esas tres negociaciones para desembocar en un acuerdo trilateral. Sólo entonces Escocia sería un país independiente. Y la idea de que España exigiese en ese momento su expulsión de la UE para empezar de cero se debilita como una amenaza de campaña.