Catástrofe en Torremontalbo

El exceso de velocidad, cuando el tren tomaba una pronunciada curva, fue el causante del descarrilamiento Se cumplen 110 años del accidente ferroviario de Cenicero, que dejó 43 muertos

MARCELINO IZQUIERDO MIZQUIERDO@DIARIOLARIOJA.COMLOGROÑO.
Guardia Civil, Ejército, sanitarios y ciudadanos colaboran en las tareas de rescate en el puente de Torremontalbo, el 27 de junio de 1903. ::
                         L.R./
Guardia Civil, Ejército, sanitarios y ciudadanos colaboran en las tareas de rescate en el puente de Torremontalbo, el 27 de junio de 1903. :: L.R.

El pasado 27 de junio se cumplieron 110 años del terrible accidente ferroviario ocurrido en 1903 en Torremontalbo, muy cerca de Cenicero. El tren correo de Francia número 160, que hacía el trayecto Bilbao-Castejón, trazaba, demasiado veloz, la curva del puente de hierro de Torremontalbo. Los raíles chirriaban hasta el estampido ante el bamboleo del convoy, pendiente abajo, empujado por la velocidad del vapor. Los maquinistas trataron de dominar el tren pero la vía zozobraba demasiado.

Las dos locomotoras que arrastraban el tren correo habían acelerado la marcha, debido al retraso acumulado. De repente, uno de los vagones perdió la verticalidad y se recostó sobre la barandilla izquierda del puente. Trataron los maquinistas de imprimir mayor velocidad, a fin de ganar tierra y evitar que los coches se despeñaran por el barranco.

El tren cayó al vacío

El tirón, sin embargo, no había hecho sino romper los enganches de la locomotora con el resto del convoy, que descarriló, ya fuera del puente. Los 17 vagones colisionaron unos contra otros, hasta que uno de ello cayó al vacío, arrastrando a los que tenía enganchados. Ni uno solo aguantó sobre el viaducto.

Los vagones quedaron hacinados en una dantesca colina de hierros retorcidos, astillas, restos humanos y equipajes teñidos de sangre. En apenas segundos, el estruendo causado por el accidente se fue apagando y dio paso a los lamentos de los heridos, a los gritos de socorro de las víctimas, a los gemidos de quienes habían visto morir a sus seres queridos.

En apenas dos suspiros, quedó consumada la mayor tragedia ferroviaria sufrida hasta entonces en España desde que el primer tren recorriera -décadas atrás- el tramo Barcelona-Mataró. El trágico balance se cobró 43 vidas y más de 80 heridos.

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