«Decir que algo no vale porque gusta a millones de personas me parece una barbaridad»

Ildefonso Falcones presenta hoy en el Aula de Cultura de Diario LA RIOJA-UNIR (Ibercaja-Portales, 20 horas) su novela 'La reina descalza' Ildefonso Falcones Escritor

NURIA ALONSOLOGROÑO.
Ildefonso Falcones, junto a una ventana enrejada de la céntrica plaza de la Cebada, en Madrid, que ilustra la cubierta de la novela.  ::  JOAN TOMÁS/
Ildefonso Falcones, junto a una ventana enrejada de la céntrica plaza de la Cebada, en Madrid, que ilustra la cubierta de la novela. :: JOAN TOMÁS

Escribe desde siempre aunque sus derroteros profesionales le llevaron primero a la abogacía. Pero son los libros los que le han dado a conocer internacionalmente. Sus tres novelas, -'La catedral del mar', 'La mano de Fátima' y 'La reina descalza'- se han convertido en 'best-sellers' casi desde su publicación. Esta tarde, Ildefonso Falcones protagonizará el Aula de Cultura de Diario LA RIOJA-UNIR en Ibercaja-Portales (20 horas) para presentar su última obra, 'La reina descalza' (Ed. Grijalbo), que retrata el nacimiento del flamenco en el siglo XVIII a partir de la fusión de la cultura gitana, encarnada en Milagros, y de la tradición de los esclavos de Cuba, personada en Caridad.

-¿Qué le llevó a centrar la novela en el siglo XVIII?

- Fue la época más dura para el pueblo gitano. Sucedieron dos hechos: la gran redada, donde los detuvieron a todos con el objetivo de aniquilarlos, y después -que eso ya no aparece en la novela- la equiparación jurídica de los gitanos con el resto de españoles. Además, para los esclavos también es una época difícil en la que en Cuba empieza la sacarocracia, la crueldad de los terratenientes azucareros, lo que interesaba por la trama de la esclava Caridad. Y aparece el contrabando de tabaco, se inventa el cigarrillo. Concurren una serie de circunstancias idóneas para desarrollar la novela.

- La gitana Milagros y la esclava cubana Caridad protagonizan la novela, ¿la ficción histórica se enriquece con vidas complicadas?

-Dan mucho juego. Funciona bien, porque son comunidades muy castigadas. El flamenco es el cante duro, el cante profundo de comunidades maltratadas que fusionan su música. Al estar en la calle, en el pueblo bajo, puedes tratar absolutamente todas las costumbres, cómo se desarrollaba la vida y, desde luego, la injusticia.

-¿Le ha resultado complicado encontrar documentación sobre el colectivo gitano, cuya cultura es bastante hermética?

-No es que sea hermética, es que carece de tradición escrita, por lo que es casi imposible encontrar alguna fuente propia de entonces. De la Ilustración hay mucha bibliografía sobre Madrid, sobre Sevilla, sobre la religión, sobre las costumbres... Sin embargo, sobre la vida de los gitanos, hay tres o cuatro tratados y alguno hay que tomarlo con bastantes reservas.

- ¿Partir de un hecho histórico restringe la creatividad?

-La limita bastante, no la creatividad en sí misma pero sí los argumentos o las tramas que puedes ficcionar. Porque si tú quieres retratar un momento como 1749, en el que van a detener a los gitanos, eso va a suceder, no puedes saltártelo. Ceñirse a unos datos históricos limita pero aun así yo creo que la ficción es infinita y siempre encuentras algún vericueto, alguna trama lo suficientemente interesante como para acoplarla a esos hechos históricos.

- Abogado de profesión, escritor 'best-seller', padre de familia numerosa... ¿cómo lo hace para ser exitoso en todo?

-Ya me gustaría ser exitoso en todo... De momento, no me puedo quejar pero es complicado. No hay otra cosa que trabajar muy duro, confiando en que al final llegue el reconocimiento más que el éxito.

-¿Pero duerme algo?

-Sí, sí, sí (ríe)... Seré sincero: he pasado épocas muy arduas y laboriosas; con 'La catedral del mar' me pegaba verdaderos madrugones para escribir, o prescindía de los días de fiesta o de los fines de semana. Pero he de reconocer que hoy puedo compaginar con más tranquilidad las dos tareas, la familia, los días de fiesta...

-'La catedral del mar' fue un bombazo, ¿cómo se vive un éxito semejante?

-Es como un sueño. Soñar es maravilloso y no se puede poner cortapisas a los sueños, pero incluso en los mejores sueños era francamente difícil imaginar que una novela vaya a triunfar como 'La catedral del mar'. Da mucha satisfacción y gran alegría pensar que has escrito algo que le gusta a la gente, que está ahí y que sigue gustando.

-¿Y de dónde le viene la afición por escribir?

-Siempre he escrito, desde que tengo uso de razón. Tengo amigos que pintan, otros tocan la guitarra. Por ejemplo, conozco a un notario que tiene un grupo de rock y actúa por ahí cuando no está en la notaría. Esas inquietudes culturales, intelectuales, creativas, yo las encaucé a través de la literatura. Fui y sigo siendo un lector empedernido y creo que eso me llevó a coger un bolígrafo y un papel.

-Tres novelas, tres éxitos. ¿Existe una receta?

-No, imagino que fortuna. Siempre digo que hay una condición necesaria, que es tener un buen libro, y una condición suficiente, que es tener la fortuna de estar ahí en un momento determinado, que guste y que encuentres por parte de la comercializadora empuje, promoción y la misma ilusión que tú has puesto en la escritura.

-Hay autores que menosprecian los 'best-sellers' por considerar que mercantilizan la literatura, ¿qué opina de eso? ¿Es una crítica justificada o mera envidia?

-No voy a entrar en si es envidia o mercantilización. No creo que haya ningún escritor que escriba un 'worst-seller', el 'peor vendido', ¿no? El escritor escribe en principio para atraer el mayor número de lectores hacia su obra, aunque sea para un nicho de mercado definido. Hay una serie de obras que son más populares que otras y a las cuales el público puede acceder en mayor medida. ¿Significa que no tienen calidad por eso? En primer lugar, habría que definir calidad porque siempre que lo pregunto nadie dice algo con acierto. No sé, por ejemplo, ¿el Prado es un mal museo porque van millones de personas? Esto de ir en contra de millones de personas... Yo no sería capaz. Cuando hay millones de personas a las que les gusta una cosa, decir que eso no vale porque precisamente les gusta a millones de personas me parece una barbaridad. Pero ciertamente hay quien lo dice y es una discusión que no me interesa. Prefiero jugar en otra categoría, en la de los 'best-sellers' por debajo de los que se consideran literarios, fueras de serie, maestros y profetas. Y estar tranquilo.

Fotos

Vídeos