Del instituto a Alemania

Gonzalo Remesal es un logroñés que vive en Wuppertal mientras realiza el proyecto de fin del grado superior de diseño en fabricación mecánica

M. MAYAYO
Gonzalo Remesal, en la ciudad alemana de Wuppertal./
Gonzalo Remesal, en la ciudad alemana de Wuppertal.

El nombre de Wuppertal resultará familiar a algunos paisanos de cierta edad; aquellos que entre los 50 y 60 atestaban rancios trenes hacia un destino incierto y desconocido. Mucho ha cambiado desde entonces esta densa ciudad alemana del estado federado de Renania del Norte-Westfalia; o tal vez no tanto, porque el viaje de ida se sigue haciendo. Españoles como el logroñés Gonzalo Remesal han encontrado una manera de vida y de formarse en esta área de gran desarrollo industrial, muy próxima a Dusseldorf, Colonia y Bonn.

Acaba de 'estrenarse' en los 21 años y una beca por sus excelentes notas y su alto nivel de inglés le han permitido poder realizar en Alemania el proyecto de fin del grado superior de diseño en fabricación mecánica que ha estudiado en el instituto Inventor Cosme García, de Logroño. Todo un privilegio que no va a desaprovechar: «Estoy estudiando, además, otro grado superior en programación para la fabricación. Los dos se complementan y espero con ellos, a pesar de la crisis, encontrar trabajo en España».

Ojalá tenga suerte. Ganas no le faltan. De momento, desempeña sus prácticas en la empresa 'Berger Group', una compañía de mediano tamaño pero de gran desarrollo tecnológico, que fabrica maquinaria para la industria. «Aparte de Alemania ahora los principales clientes están en China, EEUU y Brasil pero también fabrican para empresas españolas, como la riojana Bueno Hermanos, S.A., para la que han desarrollado tecnología para su proceso de fabricación de tijeras (Tres Claveles)», explica.

En la empresa pasa por las diferentes secciones -«lo que me permite aprender un poco de todo»- y es que en Alemania están acostumbrados a trabajar con estudiantes por lo que están muy pendientes de ti. Desde hace una semana estoy desarrollando un proyecto para los estudiantes de tercer año de la Universidad de Wuppertal, del cual me siento muy satisfecho, porque me han dado toda la responsabilidad». El inglés es su lengua para comunicarse («de momento, de alemán sólo sé unas palabras»).

Por la tarde, tres días a la semana, entrena a balonmano («he practicado desde pequeño en Escolapios») lo que me permite relacionarme con gente. Después, tomamos unas cervezas. «Unos prefieren la Kölsch, típica de Colonia, muy suave y de poco color y otros, la de Duseldorff, la Alt (Altbier), negra, muy potente y amarga de alta fermentación. Yo les enseño de vino y, de paso, hago publicidad del Rioja».

El nivel de vida es más o menos igual, «sólo la gasolina es más cara», dice, «pero los sueldos... Un compañero del balonmano que acaba este año ingeniería ya tiene contrato aquí para el día siguiente de terminar y empezará cobrando 3.500 euros al mes».

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