«Es maravilloso envejecer»

«Soy tan hiperactiva que hasta cuando tengo un rato libre me pongo a hacer punto» Belinda Washington Actriz y comunicadora

ARANTZA FURUNDARENA
«Soy un ama de casa». Belinda Washington, de paseo con su perro. ::
                         ÓSCAR CHAMORRO/
«Soy un ama de casa». Belinda Washington, de paseo con su perro. :: ÓSCAR CHAMORRO

Nació en Cheshire, como el gato que se le aparece a Alicia. Y como él, tiene la eterna sonrisa. Al borde de los 50, esta pelirroja de sangre escocesa ha hecho casi de todo. «He vendido desde mi pelo a enciclopedias, he sido azafata de vuelo, dependienta, modelo de zapatos...». Y actriz, y comunicadora. Pero ahora le ha dado por elaborar mermeladas.

- Creo que también ha despachado hamburguesas.

- Eso lo hago para colaborar con la Fundación Ronald MacDonald, que se encarga de construir y mantener casas en las que viven niños enfermos de cáncer y sus familias.

- ¿Qué clase de enciclopedias vendía?

- De Geografía. Y a puerta fría, sin avisar. Una vez, un abuelito me quería comprar todo el lote y a la hora de firmar dijo que no sabía escribir. Llamé a la empresa. Me dijeron: «Que ponga una cruz». Pero no me pareció ético. Le dije al señor que lo consultara con sus hijos. Poco después, me echaron.

- Ahora lo que vende es un potente quitagrasas.

- Es la segunda vez que me contratan para anunciar un producto de limpieza, debo de tener pinta de limpia, ja ja ja...

- O de maruja.

- ¿Y por qué no? Las marujas somos el epicentro de la familia. Aunque me gusta más el término ama de casa. Yo lo soy, aunque como trabajo tanto fuera, voy apagando fuegos. Tengo dos hijas de 16 y 11 años. Todavía me toca estudiar con ellas Historia. Las matemáticas las estudian con su padre.

- ¿También saca tiempo para los deberes de sus hijas?

- Y voy a clase de costura, me hago ropa, tomo clases de pintura, de canto, de interpretación... Soy tan hiperactiva que hasta cuando tengo un rato libre me pongo a hacer punto. Aunque, para no acabar en un psiquiátrico, también practico meditación y reiki.

- A las actrices les suele atormentar el paso del tiempo.

- Acabo de rodar para Telecinco 'Niños robados', con Blanca Portillo. Hago de mala y salgo mayor. Pero no me importa. Lo que me interesa es que sea creíble. Es maravilloso poder envejecer. Mire Lola Herrera, Carmen Maura...

- Por Youtube todavía circula su imitación de Gilda.

- Hice una versión de Gilda en plan ballena varada, ja ja ja...

- ¿Un matrimonio duradero es mérito o lotería?

- Es una lucha diaria. Una mezcla de complicidad, sentido del humor y ponerte en el lugar del otro en vez de estar pensando en tus propias expectativas. Luego pasas por etapas: regulares, peores, maravillosas... Pero yo me volvería a casar con mi marido. Con otro más posesivo no habría funcionado.

- ¿Sigue teniendo una mansión en Escocia?

- Bueno, es una casa victoriana.

- ¿Está por la independencia?

- No, ni de Escocia ni de Cataluña. Yo creo que la unión suma.

- ¿Cómo le dio por hacer mermelada?

- Hago muchos viajes con la fundación Juan Bonal. Y el año que viene me voy con la doctora Elena Barraquer a operar cataratas a Bangladesh en un barco. Yo me meto en el quirófano, como hablo inglés y francés, estoy para lo que haga falta.

- Ya, pero las mermeladas...

- En uno de estos viajes, estando en Nicaragua, hace dos años, las monjitas de allí andaban mal de recursos. Un día les hice tortilla de patata y tres tipos de mermelada, como las que hago en casa. Les di la receta para que pudieran venderlas. Les funcionó. Y decidí hacer yo lo mismo. He empezado con una producción de sabores que son para maridar: kiwi con anís, mango con jengibre... Las he llamado Das Fadas, que en gallego significa De las Hadas. Tengo casa en Lugo. Galicia me recuerda a Escocia.

- ¿Algún consejo para estar espléndida a los casi 50?

- Tomar mucho aceite de onagra y muchas nueces. Y un tratamiento como los que yo me hago con plasma. Suena estrambótico pero es muy efectivo. Te sacan sangre, la centrifugan, extraen las plaquetas y te las pinchan en la cara con una aguja superfina. Tu propio colágeno te da como un chute de vitaminas en el rostro. Lo bueno de esta edad es que hay más aceptación que rechazo. No pretendes ser lo que no eres. Además, no hay que ser demasiado esclava del físico porque, total, se lo van a comer los gusanos.